• Ago. 13, 2010, 8:10 a.m.
El tiempo pasa para Alberto Boschi, el misionero católico ilegalmente despojado de su nacionalidad nicaragüense por el gobierno de Daniel Ortega, en represalia por su participación en una actividad política.

Tras retirarle su nacionalidad, con el argumento de que usó un pasaporte italiano para viajar (él es italiano de origen) Alberto Boschi fue informado de que sólo se le concedía una visa para permanecer en el país por tres meses. Boschi usó su pasaporte italiano para viajar porque no le extendieron el nicaragüense (a pesar de que consta que pagó por él) con el pretexto de que no había libretas disponibles y que debía esperar.

Alberto Boschi ha vivido durante dieciséis años en Ciudad Sandino. Por la labor que ha desarrollado entre la gente, es tan querido y popular que hasta fue a candidato a Alcalde por el MRS. En una de las trifulcas callejeras a raíz de las elecciones municipales, Boschi fue culpado (al perro más flaco se le pegan las pulgas) de causarle daño a un periodista. Hay pruebas de que esta es una acusación infundada, pero las pruebas de nada han servido. Hay una voluntad de arriba que quiere expulsarlo de nuestro país y poco ha valido que él presente pruebas que respaldan su inocencia. Lo mismo ha sucedido con los argumentos que aluden a la falta de mérito del cargo que se le achaca como causal para retirarle su estatus como ciudadano nicaragüense.

Boschi ya es un hombre de edad madura. En Nicaragua ha hecho una familia. Está casado con nicaragüense y tiene una hija nicaragüense. En su calidad de misionero católico, y como bien lo atestiguan numerosos pobladores en Ciudad Sandino, no ha hecho más que servir a la comunidad. Niñas, niños y adultos han aparecido en radio y TV dando testimonio de cómo la solidaridad y trabajo de Alberto Boschi ha enriquecido sus vidas y les ha ayudado a superarse.

Como ciudadano nicaragüense, Boschi estaba en perfecto derecho de participar en política y postularse para alcalde. Boschi no es ningún delincuente. No representa un peligro para la seguridad del país, ni para su comunidad.

¿Por qué entonces echarlo? ¿Por qué enviarlo al lugar de donde vino ahora que ya no tiene edad para conseguir un empleo? ¿Por qué condenarle de hecho a la indigencia y condenar a su mujer y a su hija a perder el marido y el padre con el que han conformado un hogar, cuya existencia a nadie perjudica?

Es hipócrita criticar políticas crueles contra inmigrantes en Costa Rica y Estados Unidos y luego ser tan cruel y duro para tratar a alguien que no ha hecho más que querer servir a este país que ha adoptado como suyo.

Es también un precedente nefasto en lo que toca a los derechos de las personas que optan por asumir la nacionalidad nicaragüense. Se supone que nacionalizarse les da derechos políticos iguales a los de todos los nacidos aquí; entonces ¿de dónde viene esta vendetta política? ¿Será que los nacionalizados sólo podrán ser danielistas o arriesgarse a perder su arraigo en nuestro país?

El tiempo corre para Alberto Boschi, su esposa y su hija. Pongámonos en su lugar y no permitamos esta injusticia.

Yo hago un llamado a las autoridades de migración, al Presidente Ortega y al Vice-Presidente Morales Carazo para que reflexionen sobre el serio daño que causarán a esta familia.

Si tanto rótulo aduciendo que este gobierno es cristiano, socialista y solidario sirve para algo, que sirva para permitir que Alberto Boschi permanezca en nuestro país y recupere su nacionalidad.

La solidaridad no debe quedar sólo pintada en la pared.
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