• Ago. 20, 2010, 8:30 a.m.
Me muevo entre ellos como un tiburón con mandíbulas sin filo. Pero con una hipersensibilidad para reconocer cuándo usarlos, con quiénes y porqué. Es el problema de ser un pinche cabrón sin chicha ni limonada en una sociedad altamente polarizada que le para bola a la semanticidad de las palabras –como debe de serlo.

En mi país los términos loco, broder, compañero y hermano, hay que saberlos usar, porque no todos son los mismos ni son iguales, y como en más de una ocasión me han parado en seco los ofendidos, me tomo ahora el tiempo para hacer un repaso vago de la semanticidad de estos cuatro términos que dividen a toda la juventud de Nicaragua.

El loco es un término ochenteno (quizás viene de más allá), en lo personal yo casi nunca lo uso, aunque lo escucho con mucho auge ahora entre las mujeres que se tienen alta confianza, se manejan complicidades de aventuras adolescentes o bacanales memorables. Evidentemente proviene de un lenguaje de “gárgolas”, pero su uso ha sabido escalar en estatus y clases sociales. Ofende a los demás centroamericanos y es objeto de bromas de ellos a los nicas, puesto que en realidad les raya el significado plano del término. Es quizás aún el más general y el que menos te compromete.

El broder es también medio ochenteno, pero cogió más auge en los noventa. También es un anglicismo desfigurado de las “gárgolas”, pero hoy en Nicaragua todos podemos ser broderes a distancias periféricas. –¿Ese mae es broder tuyo?, podría preguntarte alguien, con lo que refiere si tenés algún tipo de trato, no necesariamente especial; una o dos veces que hayas tenido contacto con alguien y tuvieron alguna afinidad, califica entonces la implementación del término. Si el individuo es de derecha, dale prioridad a esta palabra. Se da duro con el término “maje” o “mae”, que aseguran muchos es una importación tica.

Por su parte, el término compañero, es el más sensible de todos, porque si bien lo aprendimos desde niño cuando la profesora va con ese dele que “compañeritos de clases”, uno se queda con esa asociación que el compañero es aquel con quien se ha compartido en algún momento etapas educativas; pero su uso a partir del segundo gobierno sandinista en 2006, empezó a estigmatizarse nuevamente, sobre todo entre esos que les encanta el apelativo de “piricuacos” para referirse con despecho a esos que alguna vez lo expropiaron. Como yo estudio en la UNAN-Managua, lo aprendí a usar con la connotación que tiene en la actualidad, como referencia de militancia, solidaridad y apego a alguna causa social. Pero desde luego, lo saco de mi vocabulario si hago alguna incursión en la UCA o si platico con alguien de otra universidad privada. Si querés caer bien a un izquierdazo, no olvides después de cada intercambio de palabras, cerrar con ese término (como cuando hablas en un woki-toki, y tenes que decir “cambio” para ceder la palabra.

Por ultimo, el hermano es altamente sagrado. Por él metes la jeta en una pelea, sos capaz de hacerle prestamos y soportar que nunca te lleguen los rembolsos. Con el hermano te has tirado tres galones de guaro en una sentada y por más paja que hablen siempre gozan la compañía. Es distinto a todos los demás términos, puesto que en verdad tiene esa denotación plana de fraternidad y consaguinidad simbólica. Es el hermano que siempre quisiste tener o con el que querés compartir reprimidamente un eterno romance; que esté con vos en los 15 años, en las bodas, los hípicos, los días feriados y entierros. Sin embargo, el hermano es un término que carga con profunda dosis de machismo, tan alta, que lo único que no soporta es que se la pegues con su mujer.

http://emilapersola.blogspot.com/
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