• Ago. 27, 2010, 4:18 p.m.
La cocina no es mi fuerte...nunca lo ha sido y temo por el día que tenga que verme en la penosa necesidad de preparar mis alimentos por mi propia cuenta porque sé que seré víctima de mis propias atrocidades culinarias.

Sin embargo, y muy a pesar de esto, se me ha vuelto una adicción el ver programas de cocina. Contrario a lo que muchos y muchas puedan pensar, no lo hago para aprender a preparar exquisitos platillos con los que pueda impresionar a mi novia en una cena romántica...simple y sencillamente he encontrado que los reality shows no son todos unos engendros maquiavélicos de la producción televisiva que juegan con los sentimientos, la emociones y la dignidad de los concursantes. Yo casualmente lo descubrí una noche viendo el canal 29 de cable que se especializa en este tipo de formatos.

Le he tomado mucho cariño a un personaje despeinado, rockero, de apenas 33 años que tiene una franquicia de $15 millones de dólares en restaurantes de su propiedad, es un chef, un tipo que cocina, casado con una súper modelo y que nos enseña que la cocina y la televisión son una mezcla perfecta si se les condimenta con CREATVIDAD.

Hablo del chef británico Jamie Oliver, quien con su programa “Jamie´s Kitchen”, “Jamie´s Great Scape” o “Jamie Oliver”, presenta un formato dinámico, ameno, sencillo pero divertido de cómo preparar una buena comida mientras conversa con invitados en un set casero en donde cada grupo de comensales se sienten de lo más a gusto.

Y es que de la cocina están saliendo los mejores reality shows que he visto. Otro tipo al que he empezado a tenerle aprecio es  al chef Gordon Ramsay, ganador de 12 estrellas Michelin (el mayor honor para un maestro de la cocina), tiene un programa que nos muestra cómo él y su experiencia que le ha llevado a levantar una franquicia de $12 millones, llega al rescate de los dueños de restaurantes que tienen problemas económicos, gerenciales, culinarios y emocionales.

Dos programas de cocina que no se limitan al típico set de ollas y cazuelas, sino que exploran la interacción humana y los aspectos divertidos de la cocina. Pero la lista no termina ahí, también me divierto viendo a los mejores chefs de distintios países competir para demostrar ser verdaderos maestros de la cocina en Top Chef Masters. Y pensar que todo este gusto por los realities de cocina comenzó viendo a un rudo chinito en el Iron Chef.

En conclusión... no he ido a ninguna academia de cocina, no he aprendido a cocinar nada, ni siquiera he tomado nota de las recetas, pero sí he estado muy atento a la calidad de la producción de estos reality shows que sin lugar a dudas me han dejado un buen sabor de boca.
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