• Sept. 3, 2010, 4:30 p.m.
(Se dice) que Yajob necesita 83 días para hacer una acción rápida, segura y que no deje pérdidas humanas, porque (dicen) es cristiano. Necesita un secuestro y su objetivo es El Hombre. Su comunicación ha sido muy pra-pra-pra… adquirir un móvil prepago, hacer una llamada, dar declaraciones y tirarlo a la basura.

Para todos, nos es imposible considerar un secuestro del Presidente. Sería de película (y de las más hollywoodenses). Esta acción, tomando en cuenta la balanza de inteligencia, experiencia (de los entes constitucionales) y el cerco de miedo que la sofisticada autoridad ha hecho sobre sus súbditos, es imposible de darle ningún crédito, y aunque precisamente es lo que pretenden sus captores, los agentes de seguridad deben por “darma” prender la luz roja aunque sea por no dejar.

Me interesó la historia de Yajob y hace algunos días quise explorar en Facebook con una frase de estado que formulé: “Sandino y Yajob, ambos delincuentes, bandoleros, enmontañados y minimizados por las autoridades de sus épocas, ¿xq se parecen tanto?” Los comentarios no se hicieron esperar: “Wow, broder. Sandino no era un ángel, pero hacer esa comparación es de lo peor que he leído en tu wall…” (Pedro Shlimazl Vuskovic ). Otra persona dijo: “Estoy realmente sorprendida porque tu comparación resulta totalmente insostenible. Los principios del General nunca podrían compararse a las locuras de este señor…” (Niquirana Ferreti Méndez).

Carlos Daniel Sequeira López, comentó algo interesante. Inició preguntando: “¿En qué se parecen? –y expresó– …Sandino surgió en un contexto de ocupación militar extranjera, Yajob surge de la mente de un Obispo. Sandino inicia su movimiento en un contexto de guerra entre liberales y conservadores, Yahob en plena paz. Sandino tenía una finalidad militarmente hablando, Yajob si existiera, sería una guerrilla empantanada”. “Sandino financió su campaña –continua– tomando pueblos con ahorros de una vida de trabajo; Yajob lo más probable, controlando el contrabando de gente, drogas y mercadería en la frontera norte. Sandino creó nacionalidad; Yajob, sí acaso existe colombizaría Nicaragua.”

Pero las palabras de “Escambray Nicaragua” contrapuntan esta parte: “La comparación entre Sandino y Yahob está algo arriesgada. Aún no sabemos mucho de este señor. No tenemos Estado de Derecho, lo estamos perdiendo, es cierto, pero hay que ver qué se puede hacer sin la presión armada”. “A mí me resulta repulsivo que a “Tirofijo” le hayan entregado la Orden Sandino de manos de Ortega. Creo que las acciones de vandalismo de las FARC no deben ser premiadas con la comparación de la gesta del General del Pequeño Ejército Loco”. “Ver la imagen de Sandino en una fotografía de un campamento de las FARC me da tristeza, ver cómo tratan de asociar la imagen de Sandino con unos bandoleros del Siglo XXI”.

Volviendo, en ese sentido, mi frase partió de algo sencillo: Página 110, subtítulo “La Guerrilla como movimiento campesino” del libro “Sandino, una biografía política” (Wunderich, Volker. Nueva Nicaragua, 1995), y quien lo ha leído sabe que no es ningún “gato”. En este sub-capítulo, su autor, citando a Macaulay Neill, pone en el tapete un tabú del cual nunca se ha querido decir mucho al respecto: La cercanía de Sandino a la rebeldía social espontánea y al bandolerismo. Dice Wunderich: “En las biografías escritas hasta la fecha, esta pregunta es un tabú que no se puede plantear, debido a que los autores defienden la legitimidad de la guerra y rechazan por anticipado cualquier acusación de “bandolerismo”. No obstante, no podemos pasar por alto que en la lucha armada se acogieron formas “pre-políticas” de protesta, afectadas por la irrupción del capitalismo moderno.

No era en balde que las Segovias tuvieran una fama legendaria por haber contribuido a propagar el contrabando y la anarquía”. “Muchas características –continúa Wunderich – del general más conocido de Sandino, Pedro Altamirano, conocido como “Pedrón, corresponden a las de un bandido social. Operaba en la zona fronteriza con Honduras y compartía la situación de vivir fuera de la ley con muchos segovianos dedicados al contrabando, y en consecuencia, en conflicto con la autoridad estatal.” “(…) No obstante (pp. 113), si algunos “bandoleros sociales” individuales ingresaban al EDSN (Ejército Defensor de la Soberanía Nacional) tenían que adaptarse a la disciplina de la lucha guerrillera y subordinarse a la autoridad de Sandino.

También, en la relación entre Sandino y Pedrón era claro que el primero ejercía la autoridad y el otro le era su fiel servidor.” “(Pero) naturalmente que uno se pregunta, con qué medios el Sandino fino y pensativo, pudo haberse asegurado la obediencia de una naturaleza tan fuerte y violenta como la de Pedrón. Es probable que haya sido precisamente el horizonte político el que haya aplacado el anarquismo natural y haya podido hacer que desapareciera la codicia como motivación para las expropiaciones”. Sandino estaba en condiciones de poder adjudicarle a la lucha metas “elevadas”, aún cuando los cafetaleros de Jinotega continuaran considerando que la columna de Pedrón era una columna de bandidos.”

Yo partí de esos referentes para crear mi analogía, en base a un capítulo que hacía ver el lado gris de Sandino avalando a su lugarteniente Pedrón, para considerar en otro tiempo pero bajo una atmósfera similar, que entré él y Yajob habían muchas similitudes, y no tanto desde la posición de Yajob, sino desde el discurso de las autoridades actuales como bien lo hicieron en los tiempos las autoridades contra Sandino, y peor aún, fue la impresión general que caló en el sector urbano.

No sería hasta la biografía de Gregorio Selser en los 50 que Sandino empieza a ser reivindicado y finalmente, “El Verdadero Sandino o bandolero de Las Segovias”, de Somoza García, empieza a ser desmitificado por los grupos insurgentes. Por tanto, en esta época, como las autoridades actuales hacen de manera automática la afirmación de que Yajob es un delincuente, un bandolero y un contrabandista que opera con unos cuantos hombres (Sandino lo hizo igualmente con 30, reza la canción), uno tiene el deber de preguntarse, ¿Yajob es un figurín o es un personaje a la altura de sus demandas? En todo caso, si reivindica alguna causa social y política, una inconformidad como la manifestó el mismo General Sandino con sus armas y su gesta en pro del campesinado, por qué adelantarnos a la reacción de minimizar a Yajob como un gánster del abigeato, campesino vulgar y delincuentazo si hasta el momento como muchas veces intento Sandino, pretende dar declaraciones y encender una luz de alarma.

Esa es mi pregunta de base, dislocando la historia, ¿por qué Sandino y Yajob, con sus inconformidades se parecen tanto?
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