• Sept. 3, 2010, 5:10 p.m.
La reciente polémica en relación a la ley que permite adoptar a las parejas homosexuales en México, es una oportunidad de análisis social y de debate sobre qué tan arraigado y entendido está todo el discurso de los derechos humanos.

La denominada naturaleza humana es diversa por “naturaleza”, la especie humana no ha sido la que hoy conocemos, todo el tiempo el hombre y la mujer han evolucionado, así como el planeta, las estructuras sociales y culturales han experimentado a lo largo del tiempo transformaciones dialécticas.

Elementos como la sexualidad, el género, la espiritualidad, la alimentación, la vestimenta, la organización social, son aspectos que junto con la humanidad han estado en un constante acomodo y reacomodo, pues la vida, la cultura y la realidad no son estáticas, ni mucho menos lineales o uniformes.

El periodo de la humanidad denominado por Morgan y luego sostenido por Engel como civilización, responde a un contexto particular, un sistema económico propio y necesidades específicas. Dentro de la construcción de mentalidad e inconsciente social que se fue construyendo en las primeras ciudades con desarrollo económico y civilizadas por esa complejidad en la estructura social y en el pensamiento, es que inicia todo el movimiento de homogenización cultural y humana.

Los conflictos sociales, de ideas y de posiciones distintas, han formado parte de la historia de la humanidad desde el paleolítico, hasta el modelo capitalista actual. Con el advenimiento de la civilización y la construcción de las ciudades-estado, junto con la religión, como instrumento de orden social, la lógica de uniformar la población, a los nuevos llamados ciudadanos, promovió la existencia binaria de la sociedad: bueno-malo, correcto-incorrecto, normal-anormal, natural-contranatural.

Si se mide la realidad fuera del observador como una realidad lineal, donde una forma es la correcta y las demás son incorrectas, malas, abominables, se justifica de esta forma el juicio, la discriminación, la intolerancia y agresión hacia y sobre esas otras formas de ver el mundo, de entender la vida y las cosas  del ser humano.

La humanidad en su evolución no ha estado ni cerca de ser una masa igual y uniforme, por lo contrario, en cada país, cada ciudad, cada pueblo, cada familia, cada individuo, aún cuando todos los humanos y las humanas compartan significados comunes por la herencia biológica y cultural de la que son portadores; no son iguales, no pueden ser iguales, no quieren ser iguales y todo lo que se incline a lo contrario es producto de esa visión homogenizadora del mundo que tiene como objetivo controlar, dominar y excluir.

Tipos de familias y de estructuras de parentesco hay en variedades a lo largo del continente, en la Nicaragua misma, la lógica familiar varía en relación con la experiencia de los individuos, de su cultura y de sus decisiones personales.

La cuestión del género se ha pensado desde la visión homogenizante, una construcción binaria, pero existen diversas construcciones, si nos basáramos en el simplismo de femenino-masculino se estaría descartando a todas las culturas de Indonesia, México, la misma Colombia, Europa y Nicaragua, ejemplos de lugares en que el género y sus diversas expresiones se pueden observar en las calles, en lugares públicos o privados, y eso no significa que sean degeneraciones de lo humano, sólo por no seguir una norma establecida desde una ideología homogenizante y excluyente.

El hecho de dejar en manos de instituciones sociales: entiéndase religiosa, política o educativa, que sean las que dicten lo que es aceptado y lo que no deja en gran peligro, riesgo y vulnerabilidad la libertad de expresión, el anhelado concepto de democracia y la libertad de ser.

La homosexualidad siguiendo este contexto, es tildada de una conducta desviada por los religiosos, conservadores y moralistas, es señalada como un fenómeno de gran peligrosidad para la humanidad. Tan positivo que sería que con este mismo ímpetu estos mismos moralistas y conservadores que los hay en todas las estructuras sociales y en todos los espacios, opinaran sobre temas como la guerra, la violencia, la misoginia, la corrupción o la desigualdad.

Lamentablemente en muchas ocasiones la moral pesa más que la lógica o que la realidad, y es aquí donde el peligro de la incoherencia y de la irracionalidad entra en juego y se hace presente.

Se cuestiona que al tener derecho a adoptar las parejas homosexuales, no se prioriza el interés del niño y que en cambio se instrumentaliza al niño en función de un capricho o mero deseo. Cito una parte de un artículo: “…los niños no pueden ser utilizados como medios de reinvindicación de derechos de unas personas o de un grupo con determinadas inclinaciones”. Y sigue con: “Además se les discrimina (a los niños) causándoles graves daños, ya que perfectamente pueden ser adoptados por padres naturales”.

¿Padres naturales?, si a lo que se refiere con padres naturales es un hombre y una mujer, se pueden citar miles de casos en los que un hombre y una mujer han matado a sus hijos, los han abandonado, han abusado o permitido abusos físicos y sexuales a sus hijos y les han marcado negativamente la vida. No se trata de eso, es de libertad y de derechos, éstos no se acomodan a la vista, si no ya pierden su esencia.

El problema de todo esto es que más allá del tema que sea tratado con intolerancia y exclusión, es saber que pensamientos como éste son los que sostienen la situación política que se experimenta en Nicaragua en la actualidad, creer que una posición es la correcta y las otras no, creer que lo bueno es agredir a los que se oponen porque lo que demandan es negativo, o el que la sociedad solo visibilice rojinegro o rojo “sin mancha”; el discurso de la democracia se pierde en discursos como la moral, de lo que debe o no debe ser.

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