• Sept. 3, 2010, 10 a.m.
Debe ser increíble regresar de la muerte. Fidel lo hizo. Una hazaña más para su libro de combates innumerables. Yo tengo una amiga periodista californiana, experta en asuntos cubanos, que se ha pasado cuatro años esperando que se muera Fidel, sólo para desesperarse.

El hombre no se muere. Morirá, no hay duda, pero quién sabe cuando. Mientras tanto, sigue pontificando. Mejor dicho, regresa al pontificio abandonado y lo retoma con bríos. Opina sobre lo que le da la gana y sus opiniones son noticia en los principales diarios del mundo. Feliz debe de estar el comandante pensando en cómo el mundo sigue tomándole la temperatura, sigue pendiente de lo que dice. Piense lo que se piense de Fidel, hay que admitir que es un fenómeno. No sólo un dictador, como dice la derecha, sino uno de esos líderes natos, alguien cuyas palabras, sean tontas o brillantes, pesan. No es cualquiera en estos tiempos el que puede reclamar ese privilegio. Las palabras de los líderes son estos días cada vez más baratas y vacuas. Fidel tendrá sus culpas que lavar pero su marca en la historia es ya indeleble y muy suya.

Yo encuentro conmovedor lo que ha dicho Fidel a los medios: que creyó que jamás volvería a los podios, que dio su vida por terminada. Hay, sin duda, una sabiduría especial en su status, pues quien lo ha perdido todo y ha conocido la pequeñez a que se reduce la existencia enfrentada con la muerte o la enfermedad, no regresa a la vida con la misma arrogancia. Que haya llamado a Ahmedinayad a dejar de hablar estupideces es signo de lucidez. A mí, Ahmedinayad y todos esos Aya tollas iraníes me dan escalofríos como mujer pues representan el demonio machista en todo su maniático esplendor. Son el regreso a la Inquisición más cruel y estúpida. Yo no puedo ver las mujeres tapadas con el hijab sin que me invada la rabia pues me parece un sometimiento de la dignidad al atraso más terrible. Y que estos señores, por sus pistolas, a estas alturas, no sólo nieguen el derecho de existir de Israel, sino que cuestionen la verdad del Holocausto judío a manos de los nazis, es infantil y miope. Y eso a pesar de que detesto lo que hacen los israelitas a los Palestinos. Pero bueno, el asunto es que Fidel no teme llamar al pan, pan y al vino, vino.Y por eso, que afirme que el modelo de la isla no funciona ni para la isla misma, es una afirmación valiente, revolucionaria. Porque quienes hemos estado en Cuba o conocido a cubanos, lo sabíamos desde hace mucho.

La gente en Cuba es admirable, formidable realmente. Y se merecen más crédito del que su gobierno les da, porque si en algún lugar yo he sentido que ha habido una revolución de la conciencia, es en Cuba. La gente es increíble. Maravillosa. Y sin embargo, su gobierno, los sigue tratando con miedo, con reservas, como si fueran niños incapaces de decidir por sí mismos, de ver las cosas por sí mismos. Y les siguen pasando esas dosis de estupidez de los medios oficiales, los siguen sacando empujados a protestar por tonterías -en masa-, como si ellos mismos no supieran por qué se van los balseros y por qué es difícil sobrevivir y vivir dignamente en ese sistema “socialista” del que se jactan los dirigentes.  No sé cuán lejos habrá llegado Fidel en su examen de conciencia, no sé qué tan cerca de la sabiduría estará, pero espero que su legado final sea esclarecedor, que ayude a su pueblo a confiar en sí mismo, en lo aprendido, que lo ayude a liberar esas energías extraordinarias que ha demostrado sobreviviendo tantas penurias, tantas restricciones. Si lo hace, se irá a la eternidad como el líder que regresó iluminado de la muerte; si no, la historia lo juzgará.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus