• Mar. 14, 2008, 1:47 p.m.

No desdeño de mi profesión, me apasiona ser periodista, y cuando converso con periodistas con algunas décadas a cuestas ejerciendo este oficio, que vivieron y viven esta misma pasión, aunque quizás ya no con los arrebatos del primer amor, me encuentro con seres humanos plenos interiormente por la labor cumplida, pero desengañados por este amor al que dieron la vida y ahora no los conforta.

En este primero de marzo Día Nacional del Periodista, es importante una reflexión interior, más allá de los tragos, los abrazos de felicitación y las reuniones que son convocadas a la misma hora en diferentes lugares.
 
Considero que debemos renovar fuerzas y unirnos por el bien de todos los ancianos y ancianas periodistas a quienes debemos ese sello de “Periodismo aguerrido” que nos caracteriza, porque el tiempo pasa volando, no nos vayamos a quedar cantando la canción de la llorona que dice “Ayer maravilla fui, Llorona Y ahora ni sombra soy”.

Es increíble que tengamos cuatro organizaciones UPN, APN, Sindicato y Colegio de Periodistas y las glorias del periodismo tengan que humillarse- y disculpen la palabra, pero para mi es una humillación tener que ir ante un grupo de diputados, a solicitar una pensión vitalicia y justificar las veces que expuse mi vida en defensa del maravilloso derecho de la Libertad de Expresión, algo que sin duda muchos diputados desconocen porque no llegaron a su curul por derecho sino por dedazo, pero ese es otro tema.

Tampoco me parece correcto- si tan bien representados estamos- que cientos de periodistas en el país tengamos que pagar alquiler, cuando hay supuestamente terrenos para la construcción de la segunda etapa de la Colonia de Periodistas, donde dicho sea de paso la mayoría de quienes habitan no son periodistas.
 
No concibo que en las radios, los periodistas independientes tengan que andar buscando la noticia y el anuncio, y muchas veces definir entre pagar el alquiler de la casa, la comida o educación de sus hijos y el espacio en la radio, mientras en las instituciones estatales y privadas- que atiborran los faxes y correos electrónicos con felicitaciones-  sean contratados para las áreas de comunicación personas que no son comunicadores o periodistas.

Conozco a un director de comunicación de un ministerio que es “casi médico”  y a otros que son “ingenieros”, “diseñadores”, todo menos periodistas.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez describió al periodismo como “el mejor oficio del mundo” y no lo dudo, pero en la realidad nicaragüense habría que agregársele también “el más ingrato”.

Somos los defensores de todo el mundo, pero nadie nos defiende, de forma que en este día tan especial comencemos a dejar de ser “candiles de la calle y oscuridad de la casa” y hagamos algo por nosotros mismos.

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