• Sept. 20, 2010, 2:53 p.m.
“Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.
Un soplo milenario trae amagos de peste.
Se asesinan los hombres en el extremo Este”. Rubén Darío

Aún recuerdo a uno de mis profesores en la universidad, traer el tema  a colación en una clase de ética periodística y quizás ello haya repercutido en una de las rupturas más catárticas de mi cosmovisión. Desde entonces quizás también me he sentido un poquito más solo en toda esta pantomima.

Aún lo recuerdo diciendo: “En una guerra, no es que los líderes de una nación manden a uno a que muera por su Patria, en realidad, la idea general es que el otro hijo de puta muera por la suya”, y citó el filme de “Full Metal Jacket” de Stanley Kubrick para dar en el blanco.

Así introdujo la tesis del patriotismo y los nacionalismos. Esos conceptos enlatados en letras doradas, papel maché,  dacron, piedra y sacrificada pólvora que a último momento ha procreado a un personaje (o prócer) para eternizarlo como buen salvador de la Patria y año con año nuestros hermanos e hijos deben reproducirlo  en sus colegios para darle color a un inocuo acto de lealtad, ante los inmorales controladores del sistema.

Estuve en Diriamba este pasado 14 de septiembre frente a una tarima llena de chimbombas de color azul y blanco, donde decenas de colegios desfilaron rindiendo honor a un concepto  (Patria) que ambiguamente interpretan como un día familiar para tomarle fotos a su hijo/a en traje erótico-marcial mientras marchan para sus padres biológicos. (No ante otra cosa. Y seamos francos, nadie sabe por qué marchan nuestros hijos y antes de que aparecieran las cámaras digitales nadie sabía ni para qué. Pero ahora todo está resuelto).

El nacionalismo y el patriotismo son conceptos que en nuestra historia han dejado muerte, exclusión y han sido para los políticos de turno el mejor menú de sus cortinas de humo. Mientas ellos deshacen, es decir, no hay evidencia que lo contradiga, al menor error hay siempre posibilidad de tirar la atención a otra parte: eructar un grito al cielo, apelar por la unidad al colectivo ante la amenaza foránea, solicitar advertencia a la masa inmediata de lo que le expropia no su pueblo pero otro. Traer al tapete manipulaciones semánticas como “injerencismo”, “soberanía” y “libertad”...ayyy, todo esto me parece ridículo.

En un mundo donde hay preocupaciones por el cambio climático, por la guerra de civilizaciones, por las depresiones económicas globales y sus efectos de dominó trasnacionalizado; en una región donde los mareros tienen mayor unidad que sus propios ciudadanos, mayor control y “son” los comité de barrios; que sus ciudadanos se identifican más con su equipo de béisbol o de fútbol (europeo) que con su propia bandera;  en un país donde la independencia se celebra con una mano limosnera y dependiente de la comunidad internacional,  ese nefasto término llamado “patriotismo”, me suena a algo tan arcaico, sucio y visceral como decir “cucaracha”, un concepto relegado siempre a las alcantarillas, a soportarlo todo, las más letales enfermedades, pero es tan fuerte y tan vacío que siempre apela a estar vivo y regresa anualmente cuando todo parece estar perdido, aunque en verdad lo esté y potencialmente desde su origen, lo estuvo.  

Me repugna, me agota  y me da náuseas el mes de la Patria, sobre todo porque veo de las alcantarillas salir a columnas enteras de chovinistas, con antenistas en sus frentes y sus patas embarradas de… (Un azul celeste).
 
http://emilapersola.blogspot.com/

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