• Oct. 23, 2010, 2:14 p.m.
A Jorge Eliécer Rothschuh Villanueva

Las palabras nacen de la imaginación y del placer
Carlos Fuentes

Welcome, le garantizamos privacidad. Se abre la primera puerta pintada de verde pálido; luego la segunda, la tercera, hasta contar cinco puertas en menos de quince minutos; la mayoría de los rostros salen rejuvenecidos, llenos de vida, risueños, miradas brillantes; otros se retiran escudados en sus camionetonas polarizadas. ¿Por qué será que le tienen miedo al sol del día? Veo estacionado un taxi con placa de Masaya. Me aclara el anfitrión escolta que se trata de un cliente más. Pero igual, cuando desee le podemos conseguir un taxi, replica amablemente.
 
Afuera todo es silencio pero adentro es el lugar sin límites de José Donoso. El bullicio y el desvelo provocado por cada pareja húmeda se apodera de los cuatro rincones de las habitaciones. A diario, centenares de amantes tomando como pluma la obediencia a la libre pasión y sobre sus pieles desnudas escriben sus historias; los amantes mudan de la pasión al reposo, de la tranquilidad al incendio. Los amantes se olvidan de que afuera llueve; de que en cada lugar de la capital la inseguridad ciudadana campea en las avenidas, barrios y mercados; que los políticos se reparten el poder en el Chile y en Montoya; para los amantes ¡nada importa!, como advierte Carlos Fuentes, la pasión no se cronometra.

Al instante, una joven de piel blanca con atuendo exótico sale de la habitación 12, tira la puerta como si pretendiera arrancarla, la prisa hace que se resbale de la penúltima grada al descender del segundo piso, es tan grande su ira que no presta importancia al desprendimiento del tacón de sus sandalias negras. La luz de la tarde muerde su piel de nieve, provoca que su herida en la rodilla izquierda resalte aun más. ¿Qué pudo haber provocado esa mirada desencantada?
 
Una Toyota hilux gris en la entrada pita como si llegara tarde a la cita. El anfitrión corpulento, suspende su actividad en el baño para ir a levantar la aguja de peaje. El conductor de gafas oscuras apenas alcanza a saludarlo en tono familiar: “primo, como siempre, después hablamos”. La prisa de su ingreso obliga al conserje a replegarse a un pequeño jardín, quien, con una tabla orienta: habitación 19. Se estaciona al margen de las propias normas del parqueo.

La activación de la alarma del vehículo lo desespera aún más, mientras ella continúa desplazándose con su traje ejecutivo oscuro, sube cada grada de la escalera como si se tratara de una pasarela. Los presentes desde la entrada, seguimos cada movimiento de su silueta. ¡En verdad! es una diosa difícil de no reverenciar. El silencio es interrumpido por la voz de locutor del conserje: “ese brother siempre trae novedades. ¡Bueno! es que esa máquina que anda hace maravilla, comenta con una sonrisa de complicidad”.

Decido ambientarme. El espacio es cómodo. Los anfitriones la llaman sweet ejecutiva. Se esfuerza el conserje por echar la mayor cantidad de ambientador con el afán de desaparecer el olor de los amantes. A pesar de haber ensayado varias veces las erupciones de placer provocadas por novios primerizos, parejas revoltosas, matrimonios infieles, amantes veraneros, permanece ese almizcle en las paredes celeste, retratos de divas, cama acolchonadas, espejos -que parecieran big brother-, mesa de noche, ducha, y sobre todo en el sillón forrado con cuero de gacela.

En estos lugares las paredes a veces no pueden competir con los murmullos desenfrenados. Al lado izquierdo de la pared escucho “no te detengas…” Su rumor se escucha tan claro que da la impresión de que las paredes fueran de cartón…Soy interrumpido por el amo de llave advirtiéndome si en breve no decido, les darán la estancia a otros candidatos. No respondo. ¡De ningún modo, yo vine primero! Sí, pero todas están ocupadas y hay gente en espera ¡Pues, páguese, garantíceme la habitación. ¿Le traigo las sábanas? Ahora hay que ganar tiempo, no debe tardar. Usted manda contesta con una sonrisa sarcástica y se retira. ¿Por qué se reirá este jodido?

El sol comienza a ocultarse. De forma simultánea vuelven a llenarse casi todas las piezas. Víctimas de sus pasiones desenfrenadas es probable que los nuevos huéspedes den crédito de salubridad a las recámaras intactas y duchas blanqueadas a base de cloro a granel. Quizás el único testigo de los olores y sabores frescos impregnadas en sábanas y almohadas, sea Gasparín; el cual, si encarnara, nada lograría detener ese alud de pasiones emprendido por los nuevos amantes. Para evitar que el breve espacio sea interrumpido las compañías telefónicas son desactivadas mientras dure la vertiente del Río San Juan.

Tomados de la mano tal vez más preocupados por garantizar la presa mutua que por una muestra de afecto marital, una pareja 50/30 ingresa en un Yaris azul. Sus rostros denotan culto a Pellas. Está claro quién conducirá el encuentro. La Madame de aspecto granadina, quien no oculta su sortija matrimonial, con caderas de ballet, jeans ajustados y mirada agresiva desafía a cualquier generación. El candidato con rasgos de boxeador se acerca con rubor al administrador de Eros, quien revisa la libreta de los amantes haciendo un ademán negativo de que no hay habitaciones disponibles. Los amagados de la dama por retirarse inquietan al tigre hambriento quien en una mezcla de gesto de damnificado y romance, suplica paciencia.
 
En medio del acto bovariano, recibo un mensaje de texto, su contenido me desinfla por completo. No me queda más que retirarme del lugar sin límites, y solidarizarme con la pareja 50/30. Me resigno a perder la reservación. ¿Está seguro?… ¡Sí! … No aceptamos reclamos, advierte… Le doy una palmadita… no se preocupe, no hay nada que reclamar… ¿Verdad Lesbia? 
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus