• Oct. 23, 2010, 3:14 p.m.
En una entrevista le preguntaron al célebre escritor Gabriel García Márquez que qué es lo que se necesita para ser un buen escritor, sin mayor preámbulo respondió: "antes de ser un buen escritor hay que ser un buen lector". Estableciendo esto como principio esencial, partimos hacia la premisa de que para ser un mejor exponente de tu arte tienes que aprender a disfrutar de lo que te precede en tu disciplina y a valorar lo que hacen tus colegas músicos. Parecería un principio lógico, de sentido común, ciertamente lo es, pero es algo que muchos de nosotros como músicos e incontables veces dentro del pragmatismo empresarial de la industria de la música, se pasa por alto.

Pero centrándonos en las palabras de García Márquez y enfocándolas exclusivamente a los músicos, ¿cómo llegaremos a tener calidad artística y hacerle evidente en nuestras obras sino tenemos la sensibilidad de apreciar todo tipo de música? La melomanía no se encerraría, según mi punto de vista, al género que uno le llama más la atención, sino abarcaría, la casi totalidad de éstos. Es muy importante tanto tener un bagaje musical muy extenso, para así a la hora de tomar decisiones, tanto de composición, arreglo y melodía, e incluso de estrategia de mercado, producción y distribución, se tomen las decisiones más certeras para que el artista tenga toda la credibilidad posible para poder trascender en su país e internacionalmente por un largo período de tiempo.

Me baso claramente en la premisa de que cuanto más se conozca el tema de la música y sus diferentes géneros y manifestaciones, más grande será el goce al escucharla y por ende se trabajará en pos del desarrollo artístico de ésta. Partiendo de esto podríamos poner como requisito lo que manifiestaba William Schuman en toda su obra; que es algo tan obvio que casi parece ridículo mencionarlo, y sin embargo, a menudo es el único elemento que está ausente: prestar atención y dar a la música el esfuerzo concentrado de un oyente activo.

No sólo es importante querer y tener la mente abierta a escuchar todo tipo de música, sino también entrenar el oído para que éste sea lo suficientemente capaz de percibir todos los recovecos musicales que se entretejen en una obra de calidad. Sin querer llegar a la abstracción, es muy importante dejar muy en claro la importancia de ser un buen oyente, en todos los aspectos, sobre todo para los músicos profesionales y claro está, para los melómanos de todas las edades y estratos.

Muchas veces cuando los estudiantes de música pasan años perfeccionando la técnica de su instrumento, pasan por alto que lo más importante en una obra es lo que se escucha, y si esta tiene la suficiente carga para generar un cortocircuito de emociones en el oyente. Yéndome del lado pragmático del tema, hay algunos que abusan de su avanzada técnica instrumental, para crear obras inteligibles que al presentarlas al público o a algún promotor, estos son incapaces de entenderla porque prácticamente carece de algún mensaje o discurso musical y/o artístico sólido, claro y concreto. Se sienten incomprendidos, invalidados y frustrados cuando el público no reacciona como éste esperaba a años de esfuerzo en estudio y práctica. Por lo general éste tipo de músico desprecia lo sencillo, lo básico y el discurso entendible que la gente digiere con facilidad, en pocas palabras lo POP; contrario al empresario que por lo general es lo que busca.

Si usamos una analogía alimentaria, las bases de nuestro alimento no invalidan la “guarnición” que las rodea. Honrar todas las clases de música sin falsas pretensiones de comparaciones ilógicas es gozar conforme nuestra naturaleza dicta los diferentes atractivos de diversos esfuerzos. Encontramos placer e inspiración leyendo novelas, poesía y viendo cine del carácter más profundo, mientras al mismo tiempo encontramos placer relajándonos con una revista o viendo caricaturas. De la misma manera con la música. Lo anterior no implica que el equivalente musical de unos malos alimentos es malo para la salud, si no que una dieta restringida a una sola especie de arte resulta limitadora.
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