• Oct. 21, 2010, 9:23 a.m.
Llegó a mi correo un forward remitido a muchísmas personas por alguien identificado como F. Pessoa. Por ciertos rasgos identificables en el estilo del texto, no creo que se trate de nuestro famoso blogero, Emila Persola, aunque a lo mejor es un pariente lejano. En fin, me pareció tan interesante que yo también lo forwardié a todos mis contactos. Pero no contento con eso lo reproduzco en este blog para que puedan leerlo más personas (valga la redundancia):

No duermo, ni espero dormir. Ni en la muerte espero dormir. Me aguarda un insomnio en la amplitud de los astros y un bostezo inútil, extenso como el mundo. No duermo. No puedo leer cuando me despierto de noche. No puedo escribir cuando me despierto de noche.

No puedo pensar cuando me despierto de noche. ¡Dios mío, no puedo ni soñar cuando me despierto de noche!

¡Ah, el opio de ser cualquiera otra persona! No duermo; yazgo, cadáver despierto, sintiendo. Y mi sentir es un pensamiento vacío.

Pasan por mí, trastornadas, cosas que me sucedieron; todas aquellas de las que me arrepiento y me culpo. Pasan por mí, trastornadas, cosas que no me sucedieron: todas aquellas de las que me arrepiento y me culpo; pasan por mí, trastornadas, cosas que no son nada, y hasta de esas me arrepiento, me culpo, y no duermo.

Carezco de fuerza para tener la energía de encender un cigarrillo. Contemplo la pared de enfrente de mi cuarto como si fuera el universo. Afuera está el silencio de esa cosa total. Gran silencio aterrador en otra ocasión cualquiera. En otra ocasión cualquiera en la que pudiera sentir.

Estoy escribiendo unos versos realmente simpáticos, unos versos que dicen que nada tengo que decir, unos versos que insisten en decirlo. Versos, versos, versos, versos, versos... Tantos versos... Y la verdad entera y la vida entera, ¡fuera de los versos y de mí!

Tengo sueño y no duermo, siento y no sé qué sentir. Soy una sensación sin la correspondiente persona, una abstracción de autoconciencia sin de qué, salvo de lo necesario para sentir conciencia; salvo… yo qué sé salvo qué...

No duermo. No duermo. No duermo. ¡Qué sueño tan grande en toda la cabeza, y sobre los ojos, y en el alma! ¡Qué sueño tan grande en todo, salvo en poder dormir!

Oh amanecer, tardas tanto... ven... Ven inútilmente a traerme otro día igual a éste, seguido de otra noche igual a ésta... Ven a traerme la alegría de esta esperanza triste, porque siempre eres alegre y siempre traes la esperanza, según la vieja literatura de las sensaciones. Ven, trae la esperanza, ven, trae la esperanza.

Mi cansancio penetra hasta el fondo del colchón. Me duele la espalda por no estar acostado de lado. Si estuviera acostado de lado,  me dolería la espalda por estar acostado de lado. Ven, amanecer, ¡llega!

¿Qué hora es? No lo sé. No tengo energía para tender la mano hasta el reloj, no tengo energía para nada, para nada de nada... Sólo para estos versos, escritos el día siguiente. Sí, escritos el día siguiente. Todos los versos se escriben siempre el día siguiente.

Afuera, la noche absoluta, el sosiego absoluto. Paz en toda la naturaleza. La humanidad reposa y olvida sus amarguras. Exactamente. La humanidad olvida sus alegrías y sus amarguras. Es lo que suele decirse. La humanidad olvida, sí, la humanidad olvida. Y es que, incluso despierta, la humanidad olvida. Exactamente.

Pero yo no duermo. No quiero nada. Ya dije que no quiero nada. ¡No me vengan con conclusiones! La única conclusión es morir.
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