• Mar. 10, 2008, 3:46 p.m.
Recientemente un grupo de artistas de la Costa Caribe asistimos a una reunión en la Alcaldía de Managua para afinar los últimos detalles de la participación de la comparsa Bluefields Caribbean Stars en el Carnaval por la Vida, fui acompañado por Kali Boom, un reconocido artista del Dance Hall bluefileño y Leonel “Chico sin Huesos” Pérez, promotor y coreógrafo de la comparsa.
 
Al concluir la reunión Chico sin Huesos nos presentó a DJ Latin de la Radio Ya, a quien sólo conocíamos de nombre por su apoyo a todas las manifestaciones culturales, especialmente las auténticas e interesantes, como minutos después pudimos apreciar.

En la parada de buses del Zumen frente al Banpro, DJ Latin nos presentó a Kali y a mí con el niño Miller del Mar, que en ese momento estaba detrás de una canasta con dulces y rosquetes a la venta. Miller confirma que él y sus hermanos más chicos son músicos. Al lado izquierdo de la parada metálica empolvada, estaba apoyado una guitarra con cuerdas nylon, la tomó el pequeño Miller, y a la Hendrix requinteaba la Mora Limpia.

DJ Latin y él empiezan a narrarnos sobre cuando ellos abrieron para el grupo venezolano Guaraguao la vez que tocaron en Nicaragua.

Mientras Miller seguía con su guitarra deslizando diestramente sus dedos en el tablero entre los trastes, Latin y yo le rogamos a Gilma Selena, hermanita menor de Miller, que cantara una canción. Cuando de repente, irrumpe un chillido de angelito con estilo ranchero-testimonial. Aquello era increíble, en una tarde soleada arrolla desde el movimiento de los buses, de los vendedores de lotería, del alto parlante del Gallo más Gallo y entre el paso de trabajadores que van y vienen de hacer mandados: los adorables hermanitos dejaron fluir el talento musical con que han nacido.

Me impresionaron los niños. “Buay, dem good” comentó Kali. “Lloraron toditos los de Guaraguao y hasta sus representantes cuando los escucharon cantar”, nos dijo entonces don Vicente Palacios, padre de Miller del Mar, Gilma Selena, Lillieth Alondra y Haniel Bismarck.

Don Vicente, un señor de unos 35 a 40 años delgado con su camisa por dentro y una gorra del poder ciudadano. “Gracias a la doctora Telma y profesor Reynaldo, ellos saben nuestra historia”, dijo Miller con un poco de tristeza.

Don Vicente continúa: “Nosotros somos de Yasica Sur de Cora por San Ramón en Matagalpa, de alláaaa en la montaña, ellos (Guaraguao) nos dijeron que tenemos la misma historia los dos. Ahora estamos en Malpaisillo y pagamos 700 córdobas para un cuarto al mes y nos ayudamos vendiendo y haciéndole de todo. Si yo pudiera tener un terrenito estaríamos mucho mejor”.

La música llena restaurantes, bares, plazoletas y parques; conmueve a las personas y crea un diálogo entre clases a partir de la belleza y el sentimiento. Creo que como país debemos tener visión, ser pragmáticos y darnos cuenta que todas las cosas no están inventadas, lo que hay, no es lo único posible: un programa social de apoyo a los músicos como estos admirables niños es en realidad una inversión cuyos frutos se maximizarían en la industria turística.

Sugiero que el gobierno en conjunto con las cámaras turísticas aprovechen lo que a los nicaragüenses nos viene por naturaleza y lo pongamos al servicio de nuestro propio bienestar. Es posible que no seas fan de Guaraguao, pero sí es bastante obvio que estos niños son algo especial.
 
La marginalidad entre clases es un problema especialmente difícil en la costa del Pacifico y en la ciudad. Es realmente valurde que salvo raras ocasiones, nosotros mismos no nos damos oportunidades los unos a los otros, así… tranquilos, sin que nadie nos obligue. El arte es algo que habla de forma franca y directa al corazón de las personas y de estos niños lo que sale es arte.

Si alguien tiene interés en conocer y compartir con esta familia, y quiere ayudarles a preservar y cultivar este don natural puede escribir al correo bluefields.soundsystem@gmail.com o a DJ Latin en latinwilliam@yahoo.es

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