• Nov. 4, 2010, 3:33 p.m.
Puse stop a mis dedos para no teclear más artículos de opinión, pero al ver las negruzcas nubes que tapizan nuestro cielo salí de mi letargo, indignada por muchas cosas que nos están envolviendo en un halo de dolor y hasta con visos de conflictos internacionales.

La madre naturaleza nos embate, las casas de muchos connacionales flotaron y se perdieron en el horizonte, la Leptospirosis nos aterra, el narcotráfico penetra en las entrañas de nuestro país, el gallopinto escasea porque los frijoles valen oro y  por si fuera poco, la política sigue su curso nefasto.

Recientemente, el Ministerio Público celebró sus diez años de existencia gritando a los cuatro vientos que acompañan a las víctimas. No obstante, unos días después del aniversario, un fiscal se convirtió en victimario de la víctima a la que supuestamente defendía. Hace algunos meses esgrimió argumentos que no dejaron lugar a dudas sobre la culpabilidad de Farinton Reyes en el caso de violación en perjuicio de Fátima Hernández.

Ante el veredicto de culpabilidad, el condenado interpuso un recurso de apelación y se suponía que el abogado defensor demostraría que Reyes es inocente. Lo curioso del caso es que “don fiscal” se robó el protagonismo y contra-alegó sus propios argumentos, al extremo de decir que no había elementos de prueba que fueran contundentes para estimar que Farinton es responsable.

¿Qué pasa en este país? Yo no soy juez para determinar si Reyes es culpable o inocente, lo que no me parece sensato es que la Fiscalía admita que después de hacer “un estudio muy a conciencia y con seriedad”, palabras textuales del fiscal, llegó a la conclusión de que “la prueba arroja que el joven no es responsable”.

¿Acaso lo anterior se traduce en que los fiscales asisten a los juicios después de hacer estudios superficiales del expediente? ¿Acusan sin fundamento? ¿Condenan a inocentes por sus estudios someros? ¿Hay que apelar en todos los procesos para que puedan hacer “estudios a conciencia” y con seriedad? Por favor, no pueden darnos atole con el dedo.

Como dije anteriormente no soy nadie para decir si es o no culpable el imputado, no obstante, como mujer no puedo negar que me llama sobremanera la atención el hecho que esta joven esté exponiendo su vida en una huelga de hambre cuyo desenlace espero no sea fatal, porque eso no lo puede estar haciendo porque sí, por capricho, como muchos creen.

Otro apéndice que me sacó de mi receso es el acoso que están cometiendo contra nuestro país el trío inescrupuloso integrado por Colombia, Honduras y Costa Rica, naciones que se han empecinado en usurpar nuestro territorio a lo largo de la historia.

No obstante, si algo me indigna es ver cómo Costa Rica aprovecha las obras de dragado en el Río San Juan para echarle más leña al fuego, pues con esta acción pretende evidenciar ante la Corte Interamericana de Justicia que somos un país conflictivo y esa mala imagen obviamente pesará a la hora de que se tome una decisión en el litigio que sostenemos con Colombia.

Costa Rica, lobo con piel de cordero
No puedo, no debo ni quiero negar que Costa Rica me resulta una nación que lo único que ha hecho siempre es inmiscuirse en los asuntos internos de nuestro país y actuar como lobo con piel de cordero. Se vende como una nación pacifista y a costa de nuestra guerra hasta un premio Nobel cuenta en sus exhibidores de cristal.

Ahora resulta que la nación sin ejército desplegó a sus agentes policiales en la frontera y se atrevió a criticar el hecho de que Edén Pastora estuviera al frente del dragado. Si es o no la persona idónea no es asunto de ellos sino de nosotros. Y no defiendo a Pastora ni la decisión del gobierno de designarlo para esta misión porque no dudo que existen profesionales entendidos en la materia que dirigirían mejor el proceso de dragado, pero en realidad a ellos no les debe importar quién hace qué en nuestro país. Simple y sencillamente están haciendo un “chacuatol” para hacer grande el barullo.

La verdad es que el pobre Río San Juan se ha convertido en las aguas de la discordia, no obstante, la triste realidad es que todos los agentes inmiscuidos en la revuelta tratan de sacar provecho de la situación. En el caso particular de Costa Rica, en la palestra pública estaba el criticado proyecto de minería a cielo abierto Crucitas, el que desató controversias por el negativo impacto ambiental que causaría en las aguas del Río San Juan. Y es tan grave el asunto que ambientalistas costarricenses protestaron contra el mentado Crucitas y llegaron al extremo de hacer huelga de hambre para abogar por el recurso hídrico.

Entonces, al venir a hacer la pantomima de protestar contra el dragado del afluente y acusar a Nicaragua de un sinnúmero de abusos echaron una cortina de humo que les ha funcionado, porque el tema de Crucitas ha sido relegado no a un segundo sino a un último plano, lo que conviene sobremanera a nuestros vecinos. Por otro lado, el gobierno de Nicaragua tiene su cuota de beneficio, pues con este conflicto que viene a despertar el nacionalismo de muchos a los que nos molesta ver que quieran despojarnos de territorio que legítimamente nos pertenece,  el polémico proyecto hidroeléctrico Brito ha sido cubierto con el velo del olvido.

En su momento se aplaudió la decisión del presidente Daniel Ortega de frenar el proyecto y pedir que se hagan estudios de factibilidad y de impacto ambiental porque muchos estudiosos han coincidido en un probable grave daño ambiental al Río San Juan, Lago Cocibolca y  San Juan del Sur. No niego que me pareció sensato de su parte, sin embargo, días después vino un representante de la empresa encargada de ejecutarlo diciendo que no hay tal suspensión. Lo más seguro en esta situación es que efectivamente se estén realizando estudios, no obstante, independientemente de la verdad, los resultados dirán que Brito sólo traerá beneficios y al final se ejecutará, porque alrededor de él hay muchos intereses creados y beneficios para personajes connotados de la farándula nacional.

Así que este Río San Juan revuelto está trayendo ganancias a los pescadores de Crucitas y Brito, sin olvidarnos de la dichosa reelección a la que aspira el comandante Daniel Ortega, que ha desbordado patriotismo en su discurso pro soberanía, adjudicándose la simpatía de los más radicales y reacios.

Ojalá que la OEA y la Corte Interamericana de Justicia no sucumban ante los chantajes baratos de Costa Rica y sus socios en este juego, y que los nicaragüenses no nos olvidemos de que Brito amenaza más el Río San Juan que las pretensiones costarricenses. También espero que la naturaleza deje de acrecentar nuestros problemas y que no haya más fiscales “concienzudos y serios” que revictimicen a las víctimas. Creo que pido mucho en nuestro país de corruptos.
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