13 de noviembre de 2010

La razón del arte

Por DON | Blog-Ciudadano


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La música es parte esencial de las bellas artes. Expresa sentimientos, busca la belleza, el equilibrio, la búsqueda de la perfección, la armonía. Y como arte tiene que ser tratada. La parte de los negocios no tiene por qué necesariamente estar peleada con la integridad artística del músico, todo lo contrario, puede estar ligada a nuevas formas de difusión y usar la creatividad que nos da la música para poder ser cada día más productivo, sobre todo en esta acelerada era de desarrollo tecnológico.

Muchas personas afirman que actualmente vivimos en una especie de oscurantismo artístico-musical, esto debido al mal manejo que se le ha dado a la industria en los últimos veinte años por parte de las disqueras tradicionales. Se percibe en el medio una falta de innovación, ya que aparentemente no existen músicos pioneros de géneros como en décadas pasadas. Es evidente que lo presentado actualmente por las disqueras tradicionales, en su gran mayoría, carece de virtud artística basándose en conceptos de estética y calidad musical. Podemos ver que es lanzado un grupo que tiene éxito comercial y detrás de él lo siguen cuatro o cinco grupos más que tienen el mismo concepto y muchas veces expuesto de una manera muy pobre. No les importa el mensaje, ni ningún concepto musical y/o artístico que estos puedan transmitir. Lo importante son los números. Esto ha generado que muchas personas que anteriormente consumían discos, busquen satisfacer sus necesidades lejos de los terrenos de las disqueras, optando en muchas ocasiones por la descarga legal o ilegal de canciones por internet en búsqueda de música interesante que sí existe, y que generalmente están haciendo bandas que se mantienen en la independencia alrededor del mundo.

Debido a la falta de gran inversión en publicidad en el medio musical vemos que a diferencia de décadas pasadas, actualmente no existe un foco de atracción donde un género sea más popular que otro, o al menos no como existía antes. En los 70’s tenías el rock psicodélico y la música disco, en los 80’s estaba el Heavy Metal y el Pop, en los 90’s estaba el Grunge, Alternativo y Pop, a principios de los 2000 reinaba el Teen Pop; pero ahora vemos que en vez de existir un género de moda, hay diversidad de focos, donde cada quién escucha la música que quiere escuchar y no es obligado por ninguna disquera que controla la radio y MTV a escuchar lo que no quiere. Esto gracias al internet que ha creado un sinnúmero de pequeños nichos ampliamente descuidados por las disqueras tradicionales.

Decir que la piratería es la causante del descalabro de la industria de la música en la era digital, es una ilusión. Es lo que quieren pensar y que pensemos los ejecutivos de las disqueras, en vez de aceptar la enorme responsabilidad que tienen al llenar el medio de mucha música carente de cualquier ética y calidad artística; y la incapacidad de ajustarse a los nuevos cambios tecnológicos que trajo consigo el internet.

Pero entonces, ¿en qué época vivimos con respecto a la industria de la música? La respuesta está ante nuestros ojos. La era digital no es el futuro, es el presente. Internet no es el futuro de la música, es el ahora. Cuestión que nos abre un sin fin de posibilidades de comercializar y difundir nuestra música, e incluso en nuevas formas de la creación y propuesta. Un gran porcentaje de álbumes que son lanzados por Itunes no llegan a las tiendas de discos por falta de presupuesto o porque realmente no significan un ingreso real para los artistas, optando preferiblemente en venderlos en sus conciertos y a través de internet.

Independientemente de que nosotros estemos trabajando con una major, o dedicándonos a la autogestión, el móvil de nuestra motivación artística siempre seguirá siendo el mismo que motivó a los grandes músicos que nos precedieron en épocas pasadas: la necesidad de crear para poder comunicar algo que consideremos importante. Ese siempre ha sido el móvil de cualquier disciplina artística. La música se diferencia de otras manifestaciones artísticas (literatura, pintura, escultura, arquitectura, danza, cine, teatro, etc.) en la forma y en los elementos de expresión que cada una emplea; aunque todas tienen el mismo fin en común: comunicación y expresión de los seres humanos para hacer más agradable y fácil la convivencia entre las personas.

Los profesionales con los que vayamos a trabajar, ya sea ejecutivos del medio u otros músicos, tienen que entender muy bien estos conceptos de necesidad artística, cosa muy particular en cada uno. Así pasaba en los 60s y 70s, y surgieron bandas tremendamente interesantes, en los años posteriores hubieron buenos lanzamientos, pero muchos fueron eclipsados por la gran industria que se enfoco en la música de moda y desechable que no marcaba de la misma forma a la generación que la consumía. Ahora con el avance del internet, el abaratamiento de la tecnología y la caída del poderío de las transnacionales discográficas, podemos decir que se le devolvió gran parte del poder usurpado a las personas que realmente quieren hacer música honesta.

El por qué nos dedicamos a manipular notas y tratar de venderlas al mejor precio, probablemente radique en una cuestión más espiritual que cualquier otra cosa, ya que cuando realizamos de que podemos ganar dinero y vivir decentemente como músicos, nos llena de una enorme satisfacción que difícilmente otro trabajo llenaría. Es difícil hablar con objetividad de algo tan subjetivo; pero es evidente que la música no terminará nunca de expandirse y desarrollarse, ni faltará nunca gente que quiera consagrar sus vidas a esta hermosa carrera. Simplemente tenemos que estar más informados de lo que pasa tanto en el terreno artístico, como tecnológico y de negocios, para saber hacia dónde conviene dirigirnos.
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