• Nov. 2, 2010, 10:08 a.m.
A los escritores cada vez que publicamos un libro nuevo, las editoriales nos mandan a viajar. Son viajes cansados donde apenas ve uno las calles de la ciudad que visita porque de lo que se trata es de dar entrevistas a los medios, a veces hasta diez en un día, lo cual es cansado y repetitivo. Pero bueno, si los libros que uno escribe no se leen, de poco sirve el esfuerzo que se hace, de manera que ya uno asume estos viajes como parte del trabajo que implica esta profesión.

Uno escribe en la más absoluta soledad, pero luego debe salir al mundo a contar por qué hizo lo que hizo, la historia del libro. Lo mejor del ejercicio son, sin duda, los encuentros con los lectores, enterarse de lo que piensan sobre el trabajo que uno ha hecho y ver los rostros de esas personas para quien uno escribe pues la escritura es, a fin de cuentas, un acto de comunicación.

He andado por Argentina, Chile, Perú, Colombia, México y España, hablando de mi novela El País de las Mujeres y pregonando la posibilidad de que las mujeres formemos el primer partido global femenino: el Partido de la Izquierda Erótica o PIE,  usando el sitio web: www.partidoizquierdaerotica.com  como un salón de reuniones para compartir ideas que después cada quien ponga en práctica adaptándolos a sus circunstancias particulares. Mientras tanto, en Nicaragua, el diferendo con Costa Rica por el Río San Juan ha vuelto a encenderse como tantas veces en nuestra historia.

Creo que el problema reside, como suele suceder en conflictos limítrofes, en las diferencias económicas entre un país y otro porque resulta que la gente que vive en las fronteras no tiene la conciencia de éstas que tienen los leguleyos. Ellos utilizan la geografía como mejor le cabe a sus necesidades de comercio y sobrevivencia. El problema, por ejemplo, usando un caso conocido como es el de los Estados Unidos con México, es que durante mucho tiempo los trabajadores mexicanos cruzaban la frontera en tiempos de cosecha para ser braceros en Estados Unidos. Los agricultores norteamericanos aceptaban ese estado de cosas porque les convenía y no argumentaban que estos trabajadores eran “ilegales” o nada parecido. Pero claro, cuando las circunstancias económicas se pusieron duras y la agricultura sufrió, los braceros ya no sólo iban a las cosechas. Entonces, de manera que resulta hipócrita, considerando la historia de esas relaciones fronterizas, se armó la grita en EEUU sobre la “ilegalidad” de esta migración y el asunto de la frontera y la soberanía pasó a discutirse como un problema.

Costa Rica es, sin duda, un país más próspero que Nicaragua. Un país con altos niveles de educación y productividad, resultado de una política y una administración gubernamental que, nos guste o no, ha sido más eficiente que la nuestra y ha permitido que su población tenga mejor nivel de vida. Es ésta la razón por la que tantos nicaragüenses han migrado hacia allá. En la frontera, la industriosidad tica ha querido usufructuar el Río San Juan, usándolo para el comercio y el turismo, pues es un recurso natural precioso que, a quienes viven en sus riberas, ofrece posibilidades de ganarse la vida. Nicaragüenses y costarricenses ribereños coexisten allí y hacen transacciones comerciales y navegan el río desde hace siglos, haciendo caso omiso de estos problemas de soberanía. Está visto que la única y desafortunada manera de delimitar fronteras es con muros pues nadie anda, cuando vive en ellas, fijándose en mojones o límites que están solamente bien trazados en los mapas.

Conociendo esta realidad concreta, nuestro país podría haber tenido más tacto y tino en el dragado del río, no porque no nos asista el derecho que sí nos asiste, sino llevando a cabo una política de buen vecino con un país que, además, ha dado trabajo a tantos de los nuestros y con el cual han existido relaciones muy importantes desde siempre. No olvidemos que durante la lucha contra la dictadura somocista, el pueblo y gobierno de Costa Rica nos abrió sus puertas y hasta violentó a menudo sus propias leyes para brindarnos refugio y amparo. Daniel Ortega y el Frente Sandinista bien harían en recordar esos tiempos para enfrentar con madurez y de manera constructiva la realidad de la presencia tica en el borde de nuestro río.

Lo cierto es que mientras Nicaragua siga tan rezagada económicamente en relación a Costa Rica, los habitantes de las fronteras seguirán comerciando y usando del río. Nosotros tenemos que atender el río, a sus habitantes, a los habitantes del otro lado que comercian con nosotros y crear una frontera que sea beneficiosa para todos y no seguir como niños peleándonos por algo cuya realidad ha demostrado, a través de la historia, ser más testaruda que los mapas. El río es nuestro, pero también puede ser un área de convivencia, de paz, de tranquilidad para los vecinos de ambos países. Pensemos en ellos y no dejemos que la testosterona guerrerista deje a Nicaragua y a los nicaragüenses, sobre todo, en peores condiciones de las que ya deben sobrellevar.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus