• Nov. 17, 2010, 2:57 p.m.
“El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar”. Sun Tzu

Recientemente, durante la 66va. Asamblea Anual de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), tuve la oportunidad de escuchar dos interesantes exposiciones, una del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y otra del Presidente de los Estados Unidos de México, Felipe Calderón.

En diferentes discursos, en días diferentes, hicieron alusión a un tema que nos debería llevar a la reflexión, como nicaragüenses y centroamericanos. Ambos afirmaron que ante los golpes que recibe el narcotráfico en sus respectivos países, estos grupos tenían la tendencia de trasladarse a países vecinos, como cucarachas, con todos los problemas de violencia y corrupción que conlleva.

Por ejemplo el presidente Santos informó que debido al accionar de las fuerzas armadas colombianas, el cultivo de coca se había trasladado de territorio colombiano hacia el Perú, por su parte Calderón afirmó que los vuelos clandestinos de drogas que antes aterrizaban en la península de Yucatán en México, rumbo a los Estados Unidos, después lo hicieron desde el Petén guatemalteco y últimamente desde nuestro vecino del norte, Honduras.

La tendencia, según ambos mandatarios, es que los cárteles de la droga, al ser golpeados en una región, tienden a movilizarse a Estados que no están preparados para enfrentar los problemas que conlleva la introducción del narcotráfico en esos países, donde la institucionalidad es precaria, sobre todo en las fuerzas armadas y el poder judicial. A esto, el presidente Calderón llamó el “efecto cucaracha” y mencionó a Guatemala, Honduras y El Salvador como los países donde se producía este efecto.

O sea, estamos prácticamente a las puertas de enfrentar a estos grupos desplazados por las guerras liberadas contra los cárteles tanto en el norte (México), como en el sur (Colombia). Por supuesto que el hecho de que ya tengan una presencia en nuestros vecinos del triángulo del norte, como se conoce a los países de Guatemala, Honduras y El Salvador, nos debe de llevar a tomar medidas desde ya para, en la medida de lo posible, evitar todos los males que trae consigo esta lacra.

El presidente Santos declaró que el gobierno no debe ser el enemigo de los medios de comunicación, que es el narcotráfico el enemigo principal de nuestros países, sin embargo, no dejó claro cuál debe ser el papel de los medios de comunicación frente a las autoridades que se han vendido al crimen organizado, ¿qué hacer cuándo un juez o jueza deja en libertad a un narco de una forma dudosa? ¿qué hacer cuándo diputados introducen dentro de la lista de personas para ser indultadas por la Asamblea Nacional y que fueron puestos en prisión por sus actividades ligadas al lavado de dinero o al crimen organizado? Creo que la única respuesta responsable es denunciarlo, ya que con esto estaremos contribuyendo en esta lucha que no es sólo de las fuerzas armadas y de los medios de comunicación, sino de toda la sociedad.

Estoy seguro que el presidente Calderón sabía a qué se enfrentaba cuando inició su lucha contra el crimen organizado; no estoy tan seguro si sabía con qué fuerzas contaba para enfrentarla. Como resultado de esto, ha llevado a cabo una guerra en dos frentes, uno interno contra la enorme corrupción acumulada en la sociedad mexicana durante años y otra batalla, externa por decirlo así, contra el crimen organizado en su país.

Creo que nosotros los nicaragüenses contamos con ciertas ventajas sobre México y el resto del triángulo del norte. Nuestras fuerzas armadas, el Ejército y la Policía se han mantenido por lo general libres de señalamientos serios de corrupción. Tal vez nuestra mayor debilidad esté en el sistema judicial, donde, como ya lo señalé anteriormente, es frecuente la liberación de personas acusadas de actividades ligadas al crimen organizado, con argumentos inverosímiles.

Evitar que lleguemos a los niveles de violencia que han soportado países como Colombia y México en los últimos años, donde no sólo decenas de periodistas han sido asesinados por cumplir con el deber de informar sobre las actividades de estos grupos, sino miles de ciudadanos de bien que han perdido la vida por no dejarse chantajear o simplemente por encontrarse en el lugar equivocado a la hora equivocada.

Los especialistas en seguridad posiblemente tendrán algunas ideas, como mayor rotación de oficiales del Ejército y de la Policía,  y otras autoridades gubernamentales y judiciales en zonas de alto riesgo de involucrarse con el crimen organizado. Empero, la tarea es tan inmensa que se necesita de toda la sociedad nicaragüense para evitar que este mal se instale entre nosotros y nos perjudique a todos, porque debemos estar claros: una vez introducidos  nos tocará a todos, y desenraizarlos será una tarea titánica.

Únicamente con un consenso nacional parecido al que genera el tema de la soberanía del Río San Juan evitaremos que el crimen organizado entre al país, sobre todo, y como lo remarcó el presidente Calderón, al ámbito de la política nacional y de los partidos políticos.
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