• Nov. 2, 2010, 3:51 p.m.
Del Río San Juan sabemos que además del agua, por ahí corre la historia y se exhiben no sólo los límites de nuestra geografía, sino los de muchos gobiernos. Lo primero que se ve es que en esos territorios hace falta tanta Nicaragua.

La última vez que viajé con el doctor William Martínez y el ingeniero Dionisio Rodríguez, director del CIGEO-UNAN, me pareció que Nicaragua llegaba hasta Acoyapa. Era el año 2006. Después de ahí, aquella tormentosa insinuación de carretera nos decía a polvo, gritos y cárcavas que el resto del sureste sólo aparecía en el mapa, nada más.

El entusiasmo cíclico de “El Río san Juan es Nica”, ensordecedor a ratos en el Pacífico, expuesto en mantas, pintas y pegatinas, cintillos patrióticos en los canales nacionales y en las declaraciones entusiastas de diputados, políticos y gobernantes,  no se oye, mucho menos se aprecia, en ese sur de Paraíso desperdiciado. 

¿Qué es el San Juan?  Un extenso caudal de problemas acumulados por gobiernos insolventes. Una región que ha sufrido también la inercia del empresariado nacional que, igual que aquéllos, nunca han incluido en su agenda el Río. ¿Qué no hicieran Costa Rica, Taiwán o Israel con ese abandonado departamento?

Río San Juan se conoce más por lo que ahí pasó, que por lo que no ha podido ser. Porque sabemos la historia de Rafaela Herrera y el inicio de la fortuna del comodoro Cornelius Vanderbilt. El viaje de Mark Twain y del escritor y diplomático Efraín Squier. Por la literatura de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal. Y por supuesto, por la falta de empuje de tantos jefes de Estado y diputados que no lograron sacar del terreno de las quimeras, las posibilidades reales de trazar el canal interoceánico.

La soberanía sobre el territorio y sus aguas, que si bien no está en discusión, no es completa. Pareciera que desde Squier no se aprecian mayores cambios. Y lo mismo ocurre en Cárdenas.

En esa línea fronteriza, Nicaragua como tal no llega. Nuestro país no sólo son los soldados y sus abnegadas patrullas, acribilladas de mosquitos en los suampos. Ante la falta de presencia real de Nicaragua, es decir de lo que constituye un Estado moderno, con sus planes de desarrollo e infraestructura, los nicaragüenses se ven obligados a “usar” un país ajeno cuyos políticos y gobiernos no les han dado la espalda para comerciar, ocupar el colón,  escuchar emisoras y ver televisión ticas. En algunos casos más dramáticos, niños y jóvenes de Nicaragua, terminan siendo educados por Costa Rica.

El Río San Juan y la laguna de Harbour Head son nicaragüenses, no hay discusión. Lo que sí es discutible es la falta de sentido patriótico de las distintas administraciones que han reducido el Estado sólo al Pacífico, porque también la Costa Caribe sufre de la ausencia de salud, educación y  desarrollo a niveles aceptables.

El patrioterismo de los últimos gobiernos no ha movido para nada los mojones del desarrollo más allá de la carretera a Masaya: todavía los enfermos más graves de San Carlos son salvados en el hospital costarricense  de Los Chiles, a sólo 15 minutos. Y ese centro es mejor que cualquiera de Managua. ¿Acaso un hospital regional para Río San Juan no sería otra forma, saludable además, de hacer presencia soberana, en vez de quedarse gritando el “Río San Juan es Nica”?
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