• Nov. 3, 2010, 5:17 p.m.
Todas las evidencias, imágenes incluidas, estaban servidas para darle el nombre correcto, sin retorcer el diccionario ni las buenas costumbres, a este desgarro histórico en nuestra América: un presidente es sacado de su alcoba en pijamas, llevado por militares, bajo el traqueteo de armas de asalto, hacia el aeropuerto de Tegucigalpa para enviarlo de madrugada a San José, Costa Rica, como un mensaje de carne y hueso de lo que aún puede sucederle a las democracias.

Fue un Golpe de Estado. No había lugar para disfrazarlo con ridículos eufemismos de los que hicieron gala en junio del 2009, “experimentados analistas”, hombres “sobrios”, “demócratas de pies a cabeza” en Nicaragua. No hacía falta leer hoy los cables de Wikileaks para ponerle el único pie de foto que le cabía a esas imágenes tristes de una época por lo visto no tan sepultada como quisiéramos: infame.

Daba pena cómo estas personas defendían el vergonzoso acto de desalojar a un presidente constitucionalmente electo en una nación tan cercana como Honduras. De los políticos responsables en Nicaragua, desde la oposición, fueron pocos los que se atrevieron a condenar el cuartelazo del Congreso, uno de ellos Edmundo Jarquín, cuando señaló que no hay golpes buenos ni malos: golpe es golpe. El prestigioso analista, Julio López Campo, fue otro de los que condenó el acto.

Sí hubo fiesta para los gorilas de saco y corbata. Hasta ese junio, cualquiera podía pensar que los gorilas sólo se adiestraban en los cuarteles, pero de esa equivocación nos sacó Micheletti. Además, nos advierte que en ciertos partidos y organismos que aparentemente apuestan por la democracia pueden estar entrenándose especímenes pocos animados a permitir lo que hoy predican.   

Los Estados Unidos, en esos cables develados por Wikileaks, precisan: "Sean cuales sean los méritos de un caso contra Zelaya, su remoción forzada por los militares fue claramente ilegal y la asunción de Micheletti como 'presidente interino' fue totalmente ilegítima". El cable es de fecha 24 de julio de 2009. Lo publicó The New York Times.

Un héroe ilegítimo
A tono con la CNN, que se parcializó fanáticamente a favor de Micheletti, tapando el golpe como “Sucesión forzada”, en Managua la reacción sobre el desafortunado suceso exhibió a muchos que se comportaron más como unos comediantes de la democracia, que en verdaderos demócratas. Se olvidaron de las formas, del protocolo, y no pudieron esconder su entusiasmo de salir a bailar con el gorila más mimado de América.

No contento con expresar su alegría por el derrocamiento de Zelaya, que llegó a la silla presidencial por la fuerza de los votos, políticos que hasta ese momento se presentaban como “líderes de la oposición democrática” de Nicaragua, rindieron culto a la personalidad de Micheletti.

Tegucigalpa llegó a convertirse para ellos en la Meca de la democracia. La romería la integraron desde candidatos hasta diputados y otros políticos que se ofertan como “demócratas”. Todos querían aparecer en la foto con este “héroe” que Washington, tras bastidores, calificó de ilegítimo, inconstitucional y golpista. Micheletti al contrario de Zelaya, arrebató el poder no por la fuerza de la democracia que lo dan los votos, sino amparado por la mentira y la persistencia de perversas falsedades.

En el cable, enviado a menos de un mes del derrocamiento de Zelaya, el embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens, sintetiza los hechos: "No hay duda de que los militares, la Corte Suprema y el Congreso conspiraron el 28 de junio en lo que constituyó un golpe inconstitucional e ilegal". "De igual forma, -continúa Llorens- no hay duda desde nuestra perspectiva de que fue ilegítima la asunción de Roberto Micheletti".

Llorens afirmó que Zelaya "pudo haber cometido hechos ilegales e inclusive pudo haber violado la Constitución", pero precisó “que esto no es claro” y que las acusaciones contra el presidente para justificar el golpe fueron "suposiciones" o incluso algunas fueron "abiertamente falsas".

Si el embajador Llorens elaboró un identikit del gobernante de facto como “falso, mentiroso e ilegítimo”, el golpista hondureño fue vendido en Nicaragua como “el hombre que tiene los que las gallinas ponen”. Políticos de León llegaron a colocar mantas reivindicando el “heroísmo” de Micheletti. ¡Qué tan bajo cayó un sector de la oposición entonces!  

El terrible suceso en Honduras puso al desnudo una realidad que debe ser removida: los valores de la democracia en Nicaragua sólo se asumen, en una considerable parte de la oposición, con un sentido utilitario, superficial, tan durable en la Historia como una caja de cereales.

Un demócrata y un golpista nada tienen en común, a menos que el primero sea un comediante de la democracia. Si se cuestiona la forma de gobernar del Presidente Daniel Ortega,  también es hora de darnos cuenta de que Nicaragua quedará a la zaga de la modernidad, en la periferia del desarrollo, mientras las organizaciones políticas dependan de  los Mínimos y Máximos Líderes.  

Al final del día, no sólo el FSLN tiene cuentas pendientes con la Democracia. 
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