• Ene. 6, 2011, 2:55 p.m.
El apóstol Pablo habla del poder del Evangelio, pero uno se pregunta, ¿ese poder no incluye a todo el liderazgo de la Iglesia Evangélica de Nicaragua, sino a unos cuantos? ¿O hay temor de demostrar un poder que pueda competir con otro, por demás temporal?

Como organización, con sus diversos matices denominacionales, no se sabe lo que la Iglesia Evangélica quiere para Nicaragua. Se supone que desean el bien, pero su voz profética no se oye con la contundencia que se esperaría de aquellos que afirman trabajar para el Reino de Dios.

Terminó un año, 2010, sin mucha novedad en el comportamiento del liderazgo protestante, profilácticamente bien alejado de la realidad --- o del “mundo”, como prefieren llamarle con su lenguaje tradicional-- .  Es todo lo contrario al liderazgo de la Iglesia Católica, cuyos obispos dieron voces sobre las anomalías ocurridas en los poderes del Estado, y sobre todo, por el comportamiento del titular del Consejo Supremo Electoral que choca, de frente, contra uno de los mandamientos éticos más pisoteados en los noviembres electorales: “No robarás”.  

El culto al poder
Es penoso ver a ciertos “líderes” que quieren “incidir”, pidiendo ser tomados en cuenta por el poder de turno, incapaces de acordarse de Elías o de Juan el Bautista que nunca demandaron ser parte de un reino sin principios.  ¿Será por falta de fe en el Dios que dicen creer? ¿No será mejor decir que hay una disfrazada reverencia al poder?

Hay predicadores que se ufanan con el estribillo de “Dios me dijo” y alzan toda su furia celeste contra el picadito de la esquina,  el brujo del Mercado Oriental, la prostituta, hasta terminar lanzando todas las plagas bíblicas sólo contra un tipo de adulterio, el que lea entienda.

Pero cuando se trata del poder, de los señores de cuello blanco, lo primero que esgrimen es la burda manipulación de textos como:  “Por causa del Señor someteos a toda institución humana ya sea al rey, como a superior,  y a los gobernadores .” Y cortan, ocultan, se “olvidan” del resto: “como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien”.  (1) Aquí, es común escuchar a algún predicador bendiciendo al mismo don Roberto Rivas, y a los magistrados de facto de los poderes del Estado, sin cuestionar para nada la usurpación ilegal de cargos y el constante prevaricato de los administradores de justicia.   

Sentirse a gusto con el poder, no importe si éste atropella las normas más elementales de la justicia, es parte de esa tradición de “no meterse en las cosas del mundo”. Es el telón de fondo con que armaron el escenario los misioneros norteamericanos que influiría decisivamente en el futuro comportamiento evangélico nicaragüense, de cerrar los ojos ante las tiranías y las ambiciones de los poderosos, y abrirlos desmedidamente, rasgándose las vestiduras, al enterarse de que algún cristiano toma vino sin que eso signifique una “santa” borrachera. ¡Cuelan el mosquito y se tragan el camello!

Los patrocinadores de este culto colonial del avestruz eran miembros de iglesias en Estados Unidos donde sí se cuidaron de mantener un intenso activismo al punto que muchos candidatos presidenciales llegaron a la Casa Blanca de la mano  del Cinturón Bíblico o Bible Belt de los Estados Unidos.  

Dejar la conciencia en el país de origen
Sin duda, hay pastores que gracias a Dios, ya no son parte de ese colonialismo religioso, que bien puede ser graficada con este texto de la última novela de Mario Vargas Llosa: --- Cuando vine al Congo tomé la precaución de dejar mi conciencia en mi país--- dijo el teniente Francqui, a Roger Casement. (2)Tales misioneros dejaron su conciencia en la Unión Americana, y prohibieron la participación de los evangélicos en “las cosas del mundo”,  para proteger ciertos intereses nada celestiales. 

 El antropólogo David Stoll afirma, en una de sus obras, que incluso, muchos sintieron “la necesidad de revelarles la unidad mística existente entre los movimientos de protesta y el demonio”. (3)

Cuando pastores como Augusto César Marenco cumplen el riesgoso oficio de Elías, con todo lo que ello implica, no faltan aquellos que hablen de que “tiene aspiraciones políticas”.

Así como el pastor Marenco, hay otros muy importantes que asumen su misión como cristianos totales, digamos los pastores Carlos Villagra y Eduardo Gutiérrez, en un país invadido de muchos falsos profetas, tanto locales como importados. El profesor Gilberto Aguirre no hay día en el mundo que no recuerde a José Martí, de que la patria es ara, altar, no pedestal. ¡Todavía hay profetas que no le rinden tributo a los baales!

De acuerdo a la instrucción de Pablo, Salomón y los salmistas, se identifica una autoridad proveniente de Dios cuando ejercen el gobierno para el bienestar de los gobernados, a fin de que los ciudadanos “vivan quieta y reposadamente”. Sería una mala decisión contrariar a un gobierno cuyos líderes respetan las leyes, el Estado de Derecho, los límites del poder, promueven la independencia del Judicial, Legislativo y Electoral, y no interfieren en la correcta aplicación de la justicia. En resumen, se subordinan a la Constitución de la República.

Por supuesto, es de insensatos cuestionar a un gobierno que auspicie como colofón, el concurso de toda la nación, la alternancia en el poder y la libertad de expresión. ¿Quién se opondría a este tipo de administración pública ---no partidaria ni mucho menos personalista--- que generara las condiciones básicas para crear un país solvente moral y económicamente?

Cuando alguien asume la labor profética es porque el país está enfermo y es deber de todo creyente, merced al exhorto del Altísimo, sanear la nación, y no ser parte de la enfermedad a como gustan algunos. Vivir la Palabra es distinto a vivir de ella.

esanchez@elnuevodiario.com.ni
(*)Premio Nacional Rubén Darío 2000.

Notas. 1) Primera de Pedro 2: 13. 2) Los sueños del celta. 3)¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio.

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