• Ene. 7, 2011, 4:09 p.m.
A lo largo de la historia de la humanidad,  las relaciones sociales entre los  hombres y las mujeres; se han configurado con base a dos elementos fundamentales del comportamiento humano, tanto psíquico como social: Poder y dominación. Estas han construido una cantidad de estrategias y de entramados de funcionamiento, que hoy por hoy influyen en el pensamiento y en la acción.

El primer objeto de dominio para el hombre, y entiéndase por este término lo que es, el sexo masculino y para la mujer; en niveles distintos de experimentación; fue el medio natural, la naturaleza, las plantas, los animales, el suelo, las semillas.

Fue a través de convertir al medio en objeto, a través de la enajenación, como un sujeto aparte del todo, que la humanidad logró desarrollar técnicas, hoy por hoy conocidas a través de la historia: la caza, la pesca, la recolección de frutos, la agricultura (que ameritaba experimentación con semillas), la cerámica, la fundición del hierro hasta llegar a los grandes avances tecnológicos de nuestro presente.

Al convertir algo en objeto para uso, manipulación, beneficio y placer personal, humano; el objeto queda reducido a la voluntad de la persona, al deseo, sometido bajo el poder de decisión y de acción que tiene el sujeto protagónico sobre el “objeto material”. En esta lógica de pensamiento y de acción la dominación es parte de la dinámica empleada en una relación desigual entre sujeto/objeto, entre el Yo/lo otro.

Un segundo objeto que el sexo masculino define bajo su lógica de pensamiento y de acción es al otro sexo, al sexo femenino, denominado sexo débil, el segundo sexo. Este segundo sexo - ya bíblicamente demostrado como extraído de una costilla del hombre -  surge entonces como una consecuencia del primero, para beneficio de este.

El hombre al posicionar a la mujer como objeto, la construye en base a sus expectativas, a sus deseos, a sus necesidades, a sus gustos, a sus ideas, a sus imaginarios. La mujer entonces pasa a ser un objeto/producto en servicio del hombre y de la sociedad, en pos de hacer de la vida del sexo dominante una vida placentera, amena y tranquila.

Cuando la mujer es convertida en objeto debido a su condición biológica de reproductora pasando 9 o 10 meses de embarazo con un cuerpo enajenado, pariendo con dolor a como la condena un Dios misericordioso y gastando su vida en servicio de los hijos, del esposo, de la familia y de la sociedad;  deja de ser protagonista y se convierte en cosa.

La conexión efectuada entre mujer/naturaleza para el ecofeminismo contiene la lógica de ser dominada, poseída, explotada, sembrada, penetrada, tal como si el cuerpo de la mujer se tratase de un hectárea de tierra disponible para el uso del hombre.

El desarrollo de la economía llevó a las sociedad a practicar modelos desiguales e injustos de producción y de distribución; procesos que en su marcha también convirtieron en objeto a grupos de gente que terminaron posicionados junto a la naturaleza y a la mujer, en un nivel óptimo para la explotación, la dominación y el abuso.

Los grupos que ocupan las líneas de pobreza en las sociedades, los grupos discriminados y excluidos, son producto de una  lógica de pensamiento que ubica en una escala superior a los hombres mayores, poderosos, a aquellos que usan uniforme, a los religiosos, a los empresarios, a los políticos. Al mismo tiempo ubica al resto de personas, en una sola masa lista para ser explotada: a los pobres, a los indígenas, a los afroamericanos, a las mujeres,  a los obreros, a los campesinos y claro inalienables de las mujeres  los niños y niñas.

Esta lógica es la que ha dado origen a muchas leyes que aprueban la desigualdad en las sociedades creando marcos jurídicos y morales permisivos para la dominación. Para el siglo XIII  en la legislación española que a su vez era la ley que se aplicaba en la Nicaragua de esa época, y que convive con nosotros hasta la fecha, las doctrinas invistieron de autoridad a padres y esposos para dominar a las mujeres y varones menores de sus hogares.

Elizabeth Dore en su libro “Mitos de Modernidad: Tierra, Peonaje y Patriarcado  en Granada, Nicaragua”, plantea: “el privilegio patriarcal, contenido en los principios de la patria potestad, otorgaba a los hombres de mayor edad una amplia gama de prerrogativas para controlar el trabajo, los cuerpos y la propiedad de sus subalternos”  y… “el patriarca ejercía el poder, controlaba el trabajo y exigía obediencia”. En esta secuencia de ideas, patriarca (hombre) y Estado/Iglesia se han arropado con la autoridad y el poder de dominar al resto de subalternos (hombres de menor valor), mujeres y niños.

Esto da lugar a la manipulación y abuso por parte del estado, a la expropiación de las tierras indígenas que sufrieron las comunidad originarias de nuestro país y que construyó la riqueza de los actuales hacendados y propietarios, a la imposición de una institución machista como la del matrimonio en un territorio indígena en el cual esas normas morales y sociales no existían, y a la constante lista de feminicidios, abusos sexuales y violaciones cometidos por hombres de familia, de Estado y de religión

Toda praxis es construida en base a dos partes o más, habrá que revisar el pensamiento, imaginario y acción de pobres, obreros, mujeres, niños/niñas e  indígenas, todos en conjunto con el planeta para identificar que elementos hay que transformar para poder subvertir estas realidades desiguales que tienen su origen en el pensamiento y paralelamente en la acción cotidiana. Es necesario redefinir entonces que realidad se quiere vivir y en cual se decide posicionar cada uno de estos grupos: en la realidad de un sujeto activo o de un objeto pasivo.

http://gabrielakame.blogspot.com/

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