• Ene. 17, 2011, 8:05 a.m.
En nuestra cultura occidental, predominantemente cristiana, toda persona que ande en búsqueda del Dios Absoluto (Padre, Hijo, Espíritu Santo) y trate de vivir una vida moralmente correcta, estará en la mejor disposición para esperar la Gloria del Segundo Retorno del Señor. Sin temor alguno. Con renovadas esperanzas.
   
Aun los adoradores no-trinitarios, como Testigos de Jehová, Judíos Piadosos de Israel, Musulmanes Pacíficos, y otros similares, que no creen en Cristo como Señor y Salvador, o solo le consideran un Profeta, serán también justificados allí donde están.
 
Los judíos, por ejemplo, adoran al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob con enorme reverencia en sus sinagogas, pero han considerado a su compatriota Jesús, como un “rabino rebelde” que anduvo por caminos equivocados. Pero esa no aceptación de Cristo, no quita su fidelidad a aquel que los eligio para ser la patria terrenal de su bienamado hijo.

Por que es la verdad, que el que cree en el Padre, implícitamente cree en el Hijo y en el Espíritu Santo, por su indivisible unidad. Y Dios premia con su gracia a sus fieles devotos, vengan por el camino que vengan. Y no todos los caminos necesariamente conducen a Roma.
 
Pero Dios, en su justicia, salvara también a gente piadosa de otras culturas y creencias que hayan desarrollado un Sentido de Trascendencia. O mejor dicho, otros conceptos de su divinidad.  Por que ellos son, justamente, parte de esos “otros rebaños” de que nos hablaba Jesús y que no conocíamos.

Pero en occidente, pese a que adoramos a un mismo Dios, los creyentes cristianos, hemos estado en un pleito ancestral acerca de cual es la verdadera iglesia de Cristo; la que mejor representa su santa voluntad. Y si usted asiste a una iglesia determinada, su Pastor, Sacerdote, Superintendente o Apóstol, le dirá invariablemente que la suya es la mejor, basada en las Santas Escrituras. Y la otra, la de enfrente, por supuesto es la falsa, religión de hombres, o la gran ramera, etc, etc.
 
Pero cual será realmente la verdadera iglesia cristiana, ¿la suya? ¿La mía? o ¿La de su vecino? ¿Cual será la escogida por él, si alguna?

Y la respuesta: Verdaderas son todas y cada una, la Bautista o la Iglesia de Dios. La católica o la Menonita. Iglesia del Nazareno o Santos de los Últimos Días. Y nadie, absolutamente nadie, asiste a un templo equivocado. Yo pienso que la pregunta más valida seria: ¿cuales han sido las Iglesias más completas? Las que llenan más requisitos de santidad.
 
Y la segunda respuesta: Son las Iglesias que tienen dentro de su culto o celebración a Dios, los dos elementos fundamentales y necesarios para darle una adoración mas completa: A saber, las Liturgias de la Palabra y la Eucarística! ¡Ambas! Es decir, las iglesias, que además de nutrir al pueblo con su mensaje evangelistico (la palabra), les dan a comer un pan físico palpable (su cuerpo) y a tomar el vino (su sangre) tal como lo dispuso Jesús en la ultima cena. Con pan y vino, o en defecto de este ultimo, jugo de uvas sin alcohol.
 
Y no creo que a nadie sorprenda saber que esta correcta practica la han estado haciendo por siglos, la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, pero también las Iglesias protestantes históricas: Luterana, Anglicana, Episcopal, Metodista, Presbiteriana y la Iglesia de los Santos de los Últimos Días (Mormones, con pan y agua). De modo que no hay excusas. Es un mandato del Señor.
 
Sabiendo esto, cualquier creyente de una iglesia Pentecostal puede pedir a su Pastor (o exigir incluso) que le incluya en su culto de adoración, La Santa Cena, aunque sea una vez por semana. Para tener una adoración plena. Y si el Pastor se lo negara, yo le aconsejo: hermano, cámbiese de iglesia y busque una que si lo haga. Usted tiene que escoger entre la enemistad de su Pastor con otras Iglesias y la correcta obediencia a Dios y lo que más convenga a su alma. ¡Es su alma, no la de el! Desde ahora procure y busque tener un alimento espiritual completo: oír la palabra que edifique y recibir en su boca ese pan vivo bajado del cielo, al mismísimo Cristo.
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