• Feb. 16, 2011, media noche

En Nicaragua no hay condiciones para hacer lo que ocurre en el mundo árabe, donde Alá, no Twitter, bajó antes que Cristo a pasar inventario. A corto plazo, a diferencia de algunos entusiastas que opinan lo contrario, en Nicaragua no hay condiciones para un ciberactivismo porque los usuarios aún no son conscientes del alcance y la utilidad que se les puede dar a las redes sociales más allá del principio para el que fueron concebidas. Por ahora, sólo nos maravillamos ante los encantos de la tecnología  y más allá de convocar para eventos de diversión, chismes y compartir fotos y videos, aún no hay un campo ni siquiera sembrado.

Hay algunos jóvenes inquietos, eso sí, pero no encuentran la plataforma ni el empuje. Y su euforia en las redes, al trasladarse a las calles se encuentra con el miedo establecido por las turbas oficialistas. Es decir, haciendo una analogía con las historia de Nicaragua, en Internet hacemos más el papel de “cuartelazos” como los de finales de los 50 o inicios de los 60 que se tradujeron en fracasos.

En el país aún hace falta esperar que mejoren los ritmos de conectividad, el abaratamiento de la utilización de celulares y que todas esas células de jóvenes inquietos logren concensuar en el mundo virtual para marcar incidencias en las calles. Internet es un medio, pero no el fin y los cambios deben hacerse en las calles no en las redes, aunque apropiarse de estas herramientas como armas de activismo político y social, por supuesto que pueden ayudar en muchos aspectos a generar debates y dar la posibilidad de compartir información con la que la gente se irá alfabetizando en muchas formas y niveles.

Pero en medio de esto, no nos entusiasmemos, a no ser que pase algo absolutamente asombroso (Léase: la caída del dictador de Libia, broderazo de Hugo y Daniel); sin embargo, por el momento, Nicaragua hace sólo unas décadas salió de un dictador y ya vivimos una revolución traicionada. En el país no hay una oposición que de coraje ni confianza a la población y aunque vea amenazada su democracia, sus derechos civiles y jurídicos, los nicaragüenses nos encontramos aún agotados como para hacer una nueva rebelión contra el autoritarismo político.

Apenas estamos entrando en una etapa en el que la gente, como lo hizo en su momento Ben Ali en Túnez, está sujeta a recibir beneficios sociales y aceptar la falta de democracia. Sólo buscan mejorar sus situaciones económicas y están dispuestos que la sofisticada dictadura de Ortega nos avasalle. Hay que esperar un período más de Ortega para que la gente valore su bienestar económico. Y si no ve progresos, ni mejoría en sus vidas, entonces seguro el autoritarismo sí se volverá el único blanco de todos los dardos.

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