• Feb. 21, 2011, media noche

Ante un evento traumático se desarrollan una serie de estrategias y patrones de sobrevivencia tanto concientes como inconscientes, y esto a su vez sucede tanto a nivel individual como colectivo; para lograr hacer frente a experiencias límites.

En situaciones extremas tanto el individuo como el colectivo enfrenta una difícil situación en la que debe decidir que camino tomar: si el camino de  desmoronarse o el camino de sobrevivir. En muchos casos, esta decisión debe darse en cuestión de segundos, en otros es parte de un proceso. En cualquier caso, al momento de tomarla, exige de la persona un quiebre en la psique, debido a que irrumpe la estabilidad emocional y la seguridad personal, exhibiendo a la persona, ubicándola en una posición vulnerable, extrema y al borde de cualquier racionalización.

Esto lo podemos identificar en casos individuales como la violencia física, intentos de homicidio, secuestros, abusos sexuales, violaciones y torturas; las cuales son experiencias extremas que ubican al individuo en una situación limite y que se salen de la esfera de la conciencia, sobre todo cuando a partir del miedo que congela cualquier reacción, cualquier lógica, cualquier razonamiento. La víctima se ve a sí misma desdoblada ante la experiencia traumática que experimenta.

Una de las estrategias mas utilizadas tanto a nivel individual como colectivo es la disociación. Esta estrategia consiste en separar la emoción de la experiencia. Si es un abuso sexual consiste en no sentir o cerrar los ojos, esperando a que simplemente ocurra. Algunos testimonios de prostitución de menores de edad, dan cuenta de que para soportar el tiempo que dura la relación sexual -sostenida con un cliente con el cual no se quiere estar- la o el menor de edad tararea una canción en su mente; tratando de construir un mundo mental que le aísle (disocie) del mundo real en el cual está siendo violentado/a.

En los casos de abuso sexual muchas estrategias son inducidas por el agresor, como es el caso del silencio. El silencio como estrategia de sobrevivencia es de vieja data, más en el caso de las experiencias traumáticas se vincula con el olvido, que sería la tercer estrategia mas utilizada; con ambas se busca “hacer como que no pasó nada” aunque el cuerpo manifieste el dolor, el trauma y el estrés experimentado.

No es de extrañar que víctimas de abuso sexual, que aún no han tratado el trauma o lo mantienen bajo llave en su inconsciente debido a las estrategias de silencio y olvido, manifiesten enfermedades como insomnios, migrañas, cáncer, problemas de respiración, desmayos, pesadillas constantes, temores nocturnos, trastornos alimenticios y problemas con las habilidades sociales. Esto sucede porque aún cuando se pretenda olvidar a nivel de la conciencia, el trauma no muere sino que simplemente se transforma, se muda de lugar y se manifiesta en distintos niveles a través del cuerpo y los sueños.

Estas tres estrategias: Disociación, Silencio y Olvido funcionan ante una experiencia traumática en la cual la víctima no encuentra como defenderse y elige todas o alguna de estas estrategias para sobrevivir. Ante un secuestro, el obedecer al agresor es mejor que el rebelarse si no se quiere morir; puesto que siempre es una decisión de sobrevivir o no.

En los testimonios recogidos sobre los torturas en El Salvador, hace unas décadas atrás, sobrevivientes cuentan como compañeros que decidieron morir con dignidad se rebelaron hasta el último momento de la tortura, otros, como los mismos sobrevivientes decidieron actuar estratégicamente y cooperar para poder sobrevivir.

Lo delicado con las estrategias de sobrevivencia de las que hablamos, es que cuando ya la víctima sobrevive a la experiencia traumática, cuando ya no está en peligro, cuando tiene personas a su lado que la apoyen, cuando ya no tiene al agresor cerca; se puede entrever que las estrategias de sobrevivencia aun viven con ella/con él.

Es así como vemos que las víctimas de abuso sexual, aún teniendo sus propios recursos, trabajo, espacio propio; mantienen el miedo, tienen dificultad para decir No, para defenderse de cualquier atropello por parte de jefes, pareja, amistades, gente desconocida; pues las estrategias de sobrevivencia con el tiempo se convierten en patrones de conducta, pasan a formar parte de la vida, de la personalidad y de la psique de la persona sobreviviente a algún trauma.

A nivel colectivo ocurre lo mismo y por supuesto, presenta niveles más altos de complejidad. Puede tratarse de una guerra civil, las víctimas del holocausto, la dictadura Somocista y su posterior revolución en Nicaragua, las guerras intestinas de El Salvador y de Guatemala, los derrocados regímenes de Túnez y Egipto, el terremoto de Haití, las epidemias como el cólera, el Sida en África. Cada una de estas situaciones mencionadas exigen a la población desarrollar estrategias de sobrevivencia puesto que inyectan a la vida de los pueblos afectados altos grados de estrés, vulnerabilidad, tensión y sufrimiento vinculado con el temor, que son un cóctel peligroso para la vida humana.

Al terminar una guerra, por ejemplo una por la revolución, en la cual mueren miles de personas, que con poca experiencia (como en el caso de Nicaragua) enfrentan la muerte, quedan muchas familias destruidas, todo un tejido social herido, el temor constante, y la incertidumbre sobre lo que viene después del trauma.

El asunto es que no se trata este trauma a nivel colectivo, a nivel social, a nivel familiar, pues al parecer no es trauma, al parecer la victoria del 79 cura todas las heridas y resuelve todos los problemas. FALSO.

Al menos en Nicaragua la tensión social continuó, se mantuvo la necesidad de alerta, de  comprar armas y de vigilar el territorio nacional, luego vino un cambio de gobierno, otras ideologías de cómo gobernar en las que lo menos que importaba era  tratar los traumas colectivos de Nicaragua.

Nicaragua es un país traumatizado, donde sus habitantes como buenos sobrevivientes que son hacen, lo posible por seguir en el día a día, como una lucha, llevando a cuestas un pasado silenciado y aparentemente olvidado, del cual no vale la pena hablar. El asunto es que el reconstruir esa memoria histórica podría aportar a que el presente sea un mejor presente y a que las realidades del país se puedan transformar.  

El desenterrar a los muertos, sus memorias, las propias memorias, podría ayudar a identificar ¿Qué de lo combatido en el pasado, maneja el pensar y el actuar de los revolucionarios de ayer? Nos ayudaría a poder entrever en la realidad, como los yugos del pasado ahora son los protagonistas del presente.

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