• Mar. 1, 2011, media noche

La personalidad de las sociedades es la representación conjunta de las individualidades. Así como a nivel de individuo se desarrollan patrones de funcionamiento partiendo de las estrategias de sobrevivencia utilizadas en experiencias traumáticas, así mismo las sociedades desarrollan patrones de conducta que se originan en un pasado crítico que las obliga a experimentar quiebres y estancamientos.

En la época de la dictadura somocista, los estallidos de represión, violencia y violación a los derechos humanos en Nicaragua marcaron la vida de muchas personas y familias en diversos departamentos del país. La educación misma fue víctima de la ideología y práctica autoritaria de un gobierno dinástico que convertía cualquier espacio en una oportunidad de dominación; Inclusive interviniendo y manipulando en los espacios ocupados por comunidades indígenas y sindicatos.

En comparación con las dictaduras de Guatemala y El Salvador, la dictadura somocista se caracterizó por presentarse con estrategias mas sutiles de dominación y autoritarismo, comprando a líderes indígenas, promoviendo y creando sindicatos, teniendo bajo su poder empresas nacionales, intimidando a la población a través de desapariciones, violaciones, torturas y asesinatos; que si bien traumatizaron a diversos grupos del país, no fueron manifestaciones colectivas o masivas, para poder hablar de genocidios, como en el caso de Guatemala con la población indígena.
 
El régimen somocista provocó malestares sociales y conflictos a tal punto de gestar la conocida revolución del 79, creada a partir de alianzas de diversas organizaciones políticas, sociales y económicas que no pretendían seguir aguantando a los Somoza por más tiempo.


Fue así que estas alianzas en conjunto con la estrategia de lucha pensada desde el FSLN empezaron movilizaciones e insurrecciones en diversas partes del país, con el objetivo del cambio, de una “revolución del sistema”, de la victoria del pueblo, de no más dictadura. En busca de la libertad y de la voluntad popular.

Muchas vidas se entregaron en el proceso de lucha por los ideales de la revolución, antes de llegar al 79, año en el que la victoria sobre la dictadura, se pudo saborear, ya sin temor, ya sin represión. Un gran momento de creer en la posibilidad de los cambios, de vivir en una sociedad más digna, mas libre, mas humana.

En el presente 2011, luego de 22 años de ese momento histórico, en Nicaragua se gesta un giro que marca la realidad de un país que ha sido engañado por un sinnúmero de personajes, que con el discurso de cambio, de construir una mejor Nicaragua y de luchar por el pueblo, han ido desmantelando las conciencias, ultrajando las voluntades, burlándose de la necesidad de la población y esclavizando a un país a beneficio y servicio de los intereses de unos cuantos (hombres y mujeres) que ocupando los escaños de una asamblea/circo, pretenden seguir actuando bajo el formato de salvadores.

Se dice que para que exista un salvador, se necesitan las víctimas, estos dos roles son necesarios para que la dinámica funcione. Al parecer en la obra de teatro que vive Nicaragua, las víctimas han personificado tantas veces el mismo papel que ya no saben como dejar de serlo, lo tienen tan asimilado, que dejar de representarlo sería dejar de vivir, perder la identidad o desaparecer.

Los salvadores por su parte (la clase politiquera) ha dicho tantas veces el mismo discurso y ha jugado tantas veces las mismas movidas, que ya ser de otra manera les parece inconcebible. Es así como salvador y víctima se construyen mutuamente. Pero queda una interrogante en el aire, ¿De quien protegen los salvadores? ¿De quien escapan las víctimas?


En el teatro se juega con el elemento del mensaje oculto, esta el mensaje evidente (que en este caso es el papel del salvador y su discurso) y está el mensaje oculto, que es el verdadero, que es el otro papel que representa el salvador, que es el del enemigo.

Todo enemigo tiene sus estrategias, en este caso, siendo salvador y enemigo la misma persona, tienen a su disposición tanto lo corrupto como lo más o menos decente del sistema. Por ende manejan las palabras, frases y discursos exactos con los cuales manipular, convencer y persuadir a la población que ha aprendido con el tiempo a representar el papel de víctima con pasión y dedicación.

Es por eso que la historia no cambia, ni siquiera una revolución lo asegura, hay patrones de funcionamiento tan aprehendidos en las sociedades, que aun los intentos más profundos de cambios al sistema, en lo único que se diferencian del pasado que combatieron, es en que las personas en el rol autoritario y represivo, son otras y otros.

Es así como quienes lucharon contra una dictadura, hoy se mueven en base a intolerancia, autoritarismo, nepotismo, discursos huecos de verdad y llenos de manipulación; elementos parte de los gobiernos con los que supuestamente no  coincidían; pero, al parecer eran diferencias y conflictos de poder mas que de ideología, de principios o de humanidad.

La construcción del hombre nuevo de la que hablaba el marxismo, y de la mujer nueva que aporta Simone de Beauvior, es una tarea compleja si partimos de la importancia del medio y el contexto en el cual se encuentra este reto. Una sociedad silenciada, con tendencia a olvidar rápido, generalmente lo negativo, que es lo que genera aprendizajes y experiencia; es una sociedad en la que la posibilidad del hombre y de la mujer nueva, se enfrenta a modelos y patrones de funcionamiento, que portan en sus entrañas dobles discursos, múltiples máscaras y abuso de poder.

Esta es la razón por la que una de las primeras vendas que se debe quitar la sociedad, es la creencia inútil en los salvadores, los hombres que solucionarán todo, los personajes todopoderosos, que con sus discursos pretenden construir realidades que en la práctica son promesas raquíticas y sin base. Ya es momento de dejar de creer con esa fe ciega de quien visualiza e idealiza a los políticos como santos de su devoción, a los funcionarios como apóstoles de un ministerio cristiano, que en el fondo es la mentira mas elaborada de todos los tiempos.

Las máscaras de nuestra política y de nuestra realidad  no tienen ningún elemento positivo para los que juegan al papel de víctima, el salvador/enemigo es quien lanza su movida y se lleva su piñata, su hacienda y su radio al final del juego.

http://gabrielakame.blogspot.com/

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