• Mar. 3, 2011, media noche

Iba yo por una calle de Managua manejando mi vieja camioneta Mitsubishi, cuando de pronto me toca de frente un bus destartalado que lleva sobre la puerta trasera el siguiente cartel: Daniel Presidente 2011-2016.  Me quedé con las manos sobre el timón un poco mareada por el solazo del medio día de verano: 2016? ¿No se cambió el período a cinco años? 2017 sería lo correcto, pensé. Y luego, pensé también: 2017…. ¿qué hará este señor hasta 2017?  Si sigue sobre la carretera del pasado que ha vuelto a pavimentar reeditando la idea de una revolución de Navidad perenne, obispos, rezos e invocación de un “poder popular” que ahora se usa como brigadas de choque contra quienes opinan, por ejemplo, que la Constitución ha sido violentada; el poder de facto de los próximos años de régimen del infatigable Señor de los Tristes, el de la sonrisa melancólica de los rótulos gigantes, a falta de mejores idea, seguirá retornándonos a sus años más aguerridos, los años de dificultades donde los errores y exageraciones fueron tan “sinceros” que la dirigencia, absorta en su propio poder, ni siquiera se percató de que iba a perder las elecciones.

Y es que el sandinismo tendría su belleza libertaria, pero esa misma actitud triunfal y voluntarista de no aceptar el derecho de los demás a pensar diferente, condujo a una ceguera que separó al partido del pueblo y lo llevó a abusar de éste y a instrumentalizarlo. De ese mismo mal padece este gobierno, paranoico in extremis, que ve en la crítica sólo derechas y conspiraciones y que mezcla su extremo pragmatismo capitalista, con esa retórica de izquierda que embriaga a los jóvenes y los marea con espectáculos y mucho dinero gastado en banderas y parlantes y diezmos repartidos, limosnas que aplacan las verdaderas interrogantes del futuro.

El poeta José Coronel Urtecho, escribió recién triunfada la revolución, un poema que llamó: “No volverá el pasado”. Tenía razón. Nunca es bueno que vuelva el pasado, porque el presente siempre es dinámico y requiere que surjan nuevas ideas y pensamientos. Pero para quienes quieren que el pasado –que muchos ni conocieron- vuelva, les dejo este poema de un leal, pero ilustrado danielista, un señor apellidado Colindres. Como leerán, el avizora un futuro de disgregación y confrontación, al ritmo de la misma cantinela, consciente de que fuera de ésta, no hay salvación. Nada peor que ser fiel por miedo. Yo que creía que los miedosos ya eran el pasado de Nicaragua.

Volverá el pasado
feroz y justiciero
los ricos huirán
como ratas con miedo
sobre nuestras fronteras
no habrá pie extranjero
alzaremos de nuevo
las armas guerrilleras
para desenraizar
la traición y el despojo
implacables seremos
sobre quienes pretenden
esgrimir sus verdades;
sin más los echaremos
cerraremos sus bocas
y solo escucharemos
la misma cantinela
que tenemos sabida
que nos ha enseñado
en nuestra corta vida
que es uno el candidato,
que se llama Daniel
y que Dios nos guarde
de no pensar como él.


Managua, Marzo, 2011

 

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