• Abr. 5, 2011, media noche

La corrupción en el país ha rebaso cualquier límite. Si salimos a la calle personas inescrupulosas y corruptas nos arrebatan nuestras pertenencias y hasta nos privan de la vida con tal de quitarnos lo nuestro.  Las empresas proveedoras de servicios nos cobran por agua y luz que no consumimos, y  del Estado mejor ni hablo, mucho menos de los llamados partidos políticos, que viven una eterna pascua tras bambalinas.

Ante tanta podredumbre, lo lógico es que busquemos un punto de fuga que muchos encontramos en los deportes. Llámese béisbol, fútbol, básquetbol o motocross, la actividad deportiva siempre nos alienta y si no podemos ser protagonistas, nos reconfortamos al menos con ser espectadores.

No obstante, la corrupción ya logró penetrar esa esfera. Hablo en el caso concreto del fútbol. No es la primera vez que lo digo, pero la verdad es que cansa tanto cinismo.

La Federación Nicaragüense de Fútbol  (Fenifut) está en manos del señor Julio Rocha desde hace casi tres décadas, y bajo su régimen no hemos avanzado nada. Seguimos siendo la Cenicienta de la Confederación Centroamericana y del Caribe de Fútbol (Concacaf).  

Para colmo, este señor pasa poco tiempo en nuestro país por lo que ha dejada las riendas de Fenifut a don Florencio Leiva, quien no ha hecho y deshecho, sino simple y sencillamente ha deshecho el ensayo de fútbol que tenemos.

Por si fuera poco, el señor Leiva es el “dueño” de una franquicia llamada América F.C., que hoy en día no es ni el despojo del equipo que fue hace un par de décadas, que hasta logró erigirse campeón.

El América, sin hacer méritos para ascender a Primera División, logró la categoría simple y sencillamente por la voluntad del señor Leiva, quien sin ningún argumento legal  despojó de su legítimo cupo al VCP de Chinandega.

A pesar de los reclamos por semejante bajeza, Leiva siguió su curso avanzando en el mar de críticas con el báculo de la sinvergüenzada. Este “papá  diablo” (Diablos rojos del América) no tolera crítica alguna, vocifera y amenaza a quien sea.

Hace algunos meses escribí un artículo relacionado con los malos manejos del balompié y recibí muchas amenazas, incluso, algunos comentarios a la nota que estuvo en el blog de la edición on line de El Nuevo Diario eran firmados por un Florencio Leiva que no sé si sea un apócrifo, pero haya sido quien haya sido me amenazaba con demandarme y con demandar al diario.

Cabe resaltar que este equipo dio vergüenza en el torneo de Apertura del presente campeonato, no obstante, tuvo un leve repunte en el Clausura, sin embargo, no logró los puntos necesarios para no verse en el filo de la navaja, por lo que llegó a la última fecha dependiendo del marcador contra el Real Madriz, un equipo que se plantó duro y le dio grandes dolores de cabeza a los que lograron pasar a la cuadrangular.

Sin embargo, en un juego digno de entrar a los Guiness Record el América no fue el Ave Fénix que resurge de las cenizas, sino un huracán que hizo siete goles contra ese onceno que se ganó el respeto durante el torneo por sacar buenos resultados aún en medio de la crisis económica y de la escasez de figuras, y que no fue goleado ni siquiera por los hoy protagonistas de la liguilla.

En medio de la especulación han salido a relucir muchas versiones, y si el río suena verdades trae. Se dice que el Real Madriz ni siquiera se presentaría a jugar porque no tenía dinero para el viaje, asimismo que no tenían para cubrir la planilla de los jugadores, y que en medio de la crisis saltó un hermoso venado de 30 mil córdobas fácil de cazar, bastaba con guardar la escopeta de los delanteros y con ensarrar los reflejos del portero somoteño.

Eso dicen, nada me consta, pero no puedo negar que resulta sospechoso que haya habido tantas faltas que forzaron tres penaltis y un expulsado. Si las infracciones fueron legítimas entonces por decoro Real Madriz debería bajar de división y recibir capacitación porque con eso demostró que no tiene suficientes conocimientos de las reglas del fútbol como para mantenerse en la alta esfera de nuestro humilde nivel de competencia.

Por otro lado, los árbitros siguen haciendo mérito a la percepción de que son ciegos, porque lejos de mejorar las decisiones que toman en cada juego han provocado inconformidad en los aficionados, así, muchos se quejaron del arbitraje que hubo en el encuentro entre Real Estelí y Walter Ferreti, que obviamente se inclinó hacia el rojinegro, no obstante, los norteños se supieron imponer en el marcador.

Parece que los colegiados perdieron la línea del fuera de juego, porque amparados en su chueca frontera de lo permitido han anulado goles legítimos. Y eso no es todo, sino que para colmo de males, en el baño de un estadio dicen que uno de los jugadores del Real Estelí  escuchó cuando un árbitro asistente le decía al central que a Rudel Calero y a Samuel Wilson sólo les faltaba una amarilla para perderse el siguiente juego contra Ferreti, por acumulación de tarjetas. Podrán desmentirlo pero la evidencia es que Wilson vio el cartoncito y no alineó contra los mimados de Fenifut.

Después de lo acontecido en la final del Apertura, con un título ilegítimo concedido al Ferreti por el señor René Guerrero, se esperaba que se enderezara este gremio, pero qué va, perro que come huevo ni que le quemen el pico.

Así que con árbitros viciados, federados dueños de equipos, parcialidad descarada y actitudes antideportivas, nunca llegaremos a nada. Es hora de que empiecen a respetar a los fanáticos y que sepan que no somos ciegos. ¡Basta de corrupción!

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