• Mayo 28, 2011, media noche

De las consideraciones del pastor Moreira

 

Con cierta regularidad escucho un espacio en Radio Bautista, dirigido por el pastor  Rodolfo Miguel Moreira, por la profundidad con que aborda los temas cuando el sol está en su Cenit.

Por lo general, termino estando de acuerdo con sus planteamientos, como cuando pone al descubierto a los capos del evangelio con su antibíblica teología de la prosperidad, aunque luego pueda disentir de otras posiciones controversiales. Debo reconocer que es un pedagogo muy fino, y siempre lleva un hilo conductor para que el oyente no se pierda en los temas teológicos expuestos, algo que es muy, pero muy raro escuchar de los pastores “modernos”, dados más al ruido, al espectáculo y a la promoción de milagros, sin interesarse en la formación escritural de su grey.    

Uno de esos planteamientos que antes de la Semana Santa expuso es el relativo a la mujer, porque desde laicos hasta evangelistas, desde religiosos hasta teólogos, se basan en algunos puntos sacados de contextos para poner como ser superior al hombre en detrimento de los derechos de la mujer, cuando a lo largo de la Biblia, el resumen es que uno y otro se complementan, y que al final, toda pared intermedia ha caído y todos somos uno en Cristo.   

La verdad, no lo había visto así: Su planteamiento es que si Eva pecó, y Adán no consuma el pecado, ella hubiera sido la única que violentó el mandato de Dios, y a quien le correspondía el castigo: “pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”.

Es muy aleccionador este planteamiento del pastor Moreira, porque Adán al no seguir a la esposa, se mantiene libre de pecado, y por tanto, libre de la muerte, y no hubiese entrado la mortalidad a la raza humana.

El punto es: Eva no obligó a Adán a pecar. Y Eva tampoco tenía el poder de contaminar con la muerte a la raza humana, porque de ella no proviene ni la semilla de la vida ni la semilla de la muerte. La última decisión, porque contaba con el libre albedrío y su capacidad de raciocinio, era de Adán. Quien podía trasmitir la caída del hombre a la humanidad era el propio Adán, nadie más, aunque al ceder Adán, lo primero que hace es echarle la culpa a “la mujer que usted me dio”.

Formidable el planteamiento de este estudioso teólogo. El asunto que ahora yo diría es: Si Adán no sigue “la corriente”, “la carreta” de su mujer, el hombre, en el cual yacen todas las razas de la humanidad, mantendría su vitalidad per saecula saeculorum, saludable, juvenil, mientras por primera vez en el Edén, Eva, que no se llamaría así, porque no sería la madre de todos los vivientes, empezaría a enfermarse, a tener achaques, y con su propia existencia inaugurar el tiempo, porque en la eternidad entendemos no existe.

La pregunta es, no sé si en otro programa el reverendo Moreira lo planteó: ¿Al ver la fidelidad de Adán, que no la felicidad, por la mala decisión de su compañera, El Señor le volvería a dormir para quitarle una segunda costilla y crear a una Eva II?

Algo así pudo haber ocurrido, pero no hubo una Eva II, sino que la Biblia nos habla, y Pablo nos ilustra: la venida de Adán II: Jesús. Es claro que si hay un gran culpable por el colapso de la humanidad no es Eva, es decir, no es la mujer. En todo caso, la culpa es compartida por el barro parlante (tierra que habla, dice el pastor), por la pareja inicial. De ahí que el machismo no nos puede dar licencia para “arreglar” la Biblia a nuestra propia conveniencia y dominar y abusar de la mujer.

Que Dios bendiga al pastor Moreira, aunque se moleste públicamente con quien escribe y quienes creemos que aún hoy, Israel sigue siendo la niña de los ojos de nuestro Señor YHVH.

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