• Mar. 30, 2008, 2:32 p.m.
Esta si es una de las noticias más fúnebres: La luna, el satélite que más poesía y canto le ha arrancado a los poetas, ahora está a punto de ser convertida por el mercado --- hoy sí más salvajísimo que nunca— en un cementerio.

La información que cambiará la manera de volver a ver al cielo, da cuenta de que una empresa estadounidense especializada en "funerales espaciales", lanzará el año próximo un servicio para aquellos que quieran hacer de la luna su última morada.

La decisión de los negociantes trata de reformar la calidad de nuestro acompañante sideral, especificado en Génesis: “He hizo Dios las dos grandes lumbreras… la lumbrera menor para que señorease en la noche”. El Creador le dio estas funciones, junto con otros cuerpos celestes: “sirvan de señales para las estaciones, para días y años”.

Otto de La Rocha nos ofrece una versión muy nacional de lo que ha sido para nosotros el astro más cómplice del amor: “Cuando salga la luna, en la cañada, cuando salga la luna, en la quebrada…te voy a cantar, te voy a besar…”.

No siempre el dinero lo compone todo. La privatización que cambia el destino de nuestra bolita nocturna en una Necrópolis de “5 Lunas”, debe ser porque si a algunos poderosos les queda chiquito su país, a otros les queda pequeña la Tierra. El narcisismo póstumo de algunos amenaza con descomponer los poemas de Mario Benedetti, de Lorca y Alberti. Y una raza de poetas del alunecer podría extinguirse.

En vez de su “ Hombre que mira la luna” --- “Es decir la miraba porque ella/  se ocultó tras el biombo de nubes /  y todo porque muchos amantes de este mundo / le dieron sutilmente el olivo”--- el uruguayo deberá actualizarlo por “Hombre que mira un panteón de lunáticos”.

Celestis Inc. no se apiada de aquella sentida canción: “Ese toro enamorado de la luna”, ni de la melodía infantil “Luna lunera, cascabelera…”. Sólo se limitó a cerrar los acuerdos con Odyssey Moon Limited y Astrobotic Technology Inc. para enviar “restos humanos a la luna a través de vuelos privados en cohete”.

Seguro que Federico García Lorca, de vivir en estos tiempos, ya no podría escribir en su Romance: La luna vino a la fragua/ con su polisón de nardos. / El niño la mira mira. / El niño la está mirando.

Pues bien, ya no podremos mirar con esos ojos a la eterna luz de nuestras noches plenas, porque pronto la romántica farola cambiará de dueños: de los portaliras del mundo pasará a manos de las operaciones bursátiles del siglo XXI.    

La empresa también atenta contra las religiones que – algunas no tan gratuitamente--- ofrecen el cielo eterno. En un comunicado, aseguran: “estas misiones lunares serán un honor especial alcanzable para todos los que comparten el sueño de extender el alcance de la humanidad hasta las estrellas".

                                Luna que se quiebra
 
                                          II

¿La Luna dejará, entonces, su célebre papel de inspiración de todos los aedos? ¿Ya no se identificará más un lírico tal como lo llegó a  hacer el mismo Rafael Alberti: “Tú. Yo. (Luna) Al estanque”.

¿Acaso deberá cambiar Xelajú su bellísima luna, gardenias de plata, por las cenizas de un tunante con plata?

Jorge Guillén, poeta de la Generación del 27, confiesa la emoción de contemplar una Luna tal como hasta estos días la había dejado el Creador, antes que se cotizara el gramo de cenizas en la lumbrera menor en 10 mil dólares: “¡Oh luna! ¡Cuánto abril! / ¡Qué vasto y dulce aire!”.

Guillén, oh si estuviera en nuestra época, seguramente invitaría a todos los inspirados del globo a elevar su protesta a través de sus respectivos gobiernos para que el máximo foro de las naciones detengan la degradación del cuerpo selenita. Si no se hace nada, estamos condenados a ver dentro de poco una Luna Llena… de muertos.
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