• Abr. 24, 2011, media noche

El reciente premio internacional Ortega y Gasset, obtenido por Octavio Enríquez (La Prensa) producto de la investigación La revolución del ex ministro del Interior, ratifica la necesidad de que los medios escritos mantengan y amplíen sus unidades de investigación; confirma que el periodismo con acceso privilegiado a funcionarios poco o nada contribuye a fiscalizar el poder; y denota los motivos por los cuales el gobierno promueve una cultura de secretismo en relación a la información pública.    

Cuando se revisa en Nicaragua la lista de los 15 principales medios,  únicamente El Nuevo Diario, La Prensa, Esta Semana, Confidencial y La Brújula Semanal han logrado premios internacionales. Irónicamente estos méritos han sido una de las razones para que el gobierno en su política de comunicación los clasifique como medios “adversarios”. Y precisamente para socavar el prestigio que estos gozan ante la opinión pública, el oficialismo en reiteradas ocasiones ha montado campañas de desprestigio para desmoralizar, restar credibilidad y tratar de confundir a audiencias y lectores que se identifican con estos medios.  

De todas las funciones del periodismo en la sociedad, el de investigación es el que más incomoda al poder, puesto que construye ciudadanía crítica y quita las caretas a los poderosos. El cero acceso a la información pública ha sido un mecanismo para acabar con este tipo de periodismo. Prueba de ello es que contra ley expresa instituciones y entes descentralizados mantienen desfasadas páginas web; las Oficinas de Acceso a la Información Pública (OAIP) no funcionan como mandata la ley; y además niegan información (Roberto Fonseca: Confidencial). Uno de los meritos de la investigación de Enríquez fue haber roto los candados del Registro de la Propiedad y acceder a documentos públicos, una de las fuentes claves en esta investigación.    

En diversos monitoreos realizados he constatado que el periodismo de investigación representa menos que el 0.5% de la oferta informativa en los medios escritos; y en el caso de los audiovisuales con excepción de Onda Local y Esta Semana, este formato poco se utiliza. La pobre oferta de este tipo de periodismo suele atribuírsele a la falta de recursos económicos; y a ello habría que añadirle la falta de información pública. Este último elemento a veces es la razón para que medios y periodistas no fomenten el periodismo de investigación. Una actitud que de cierto modo legítima la cultura de secretismo.

La escasez del periodismo investigativo sugiere que la mayoría de las propuestas informativas se caracterizan por ser principalmente de declaraciones. Un fenómeno que ocurre con más frecuencia en los medios audiovisuales. Lo más grave es que hay periodistas que salen a reportear pensando más en la cantidad de noticias que les piden los jefes de prensa, sin percatarse de su escasa incidencia en la opinión pública. Más preocupante aún, es que los pocos periodistas que tienen acceso privilegiado a funcionarios muchas veces actúan más como lobbistas que como periodistas.   

Aunque el periodista Pulitzer, David Broder, recomendó que el “muckaker” (periodismo de investigación) debiera de abandonar el trabajo de coyuntura para centrarse en develar los secretos del poder, en Nicaragua los periodistas investigadores deben combinar ambas funciones. Por ello el trabajo de las unidades de investigación de El Nuevo Diario (Luis Galeano y José Adán Silva); La Prensa (Octavio Enríquez y Moisés Martínez); Confidencial (Carlos Salinas y Roberto Fonseca); Esta Semana (Alfonso Flores, Ismael López y Álvaro Navarro), tienen un merito especial. Aparte de cubrir temas de coyuntura también deben hacer horas extras para hacer periodismo de investigación. Un esfuerzo que a veces requiere de meses y hasta años para armar la pieza investigativa.  

La brecha entre periodismo de calidad y de cobertura, ha sido un flanco utilizado por operadores del gobierno para promover la polarización dentro del gremio. El premio de Enríquez lejos de ser asumido como un logro para el periodismo nacional ha sido visto con indiferencia por periodistas que laboran en medios oficiales y oficiosos. Un dato que pude corroborar a través de un sondeo off the records en una reciente rueda de prensa, y de las redes sociales luego de consultar el significado de este premio. La mayoría de los periodistas que laboran en medios oficiales y oficiosos prefirieron no hacer comentario, otros mostraron indiferencia. También es lamentable que el Colegio de Periodista de Nicaragua lejos de sumarse a esta celebración hasta ahora haya preferido callar.

Pareciera que el periodismo de investigación más allá del argumento de los costos de operación, es una apuesta poco rentable en términos de costo beneficio político para los dueños de medios. Los empresarios mediáticos para no asumir este riesgo, no piensan como instituciones de servicios públicos (como establece la Constitución Política de Nicaragua); asumen la envestidura de empresa y de actores políticos; generalmente prefieren no invertir en este tipo de periodismo para evitar enfrentamientos con el poder. Otros empresarios actúan más pensando en el rating que en la calidad, por eso apuestan al show mediático y la nota roja en vez de asumir su verdadero rol de fiscalizadores.

El premio de Octavio Enríquez, debería servir de estimulo para que los telediarios, radioperiódicos y medios escritos que apuestan al periodismo de investigación, como el mecanismo más efectivo de hacer rendir cuentas al poder, continúen haciendo esta labor cívica, porque este tipo de periodismo otorga a medios y periodistas prestigio, ética profesional, independencia, credibilidad y reconocimiento ante la opinión pública, valores de los que carecen los survey y encuestas de consumo de medios.

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