• Mayo 3, 2011, media noche

El hecho político nicaragüense es objeto actualmente del más profuso estudio en su historia. Pero parece basado más en la expectación --por cierto nada inquietante-- de los resultados de los próximos comicios, que en su naturaleza como modo vital de expresión de un pueblo conmocionado social y espiritualmente, que en búsqueda de su desarrollo personal y nacional, alimenta y lanza figuras capaces de mentir en la idea, pero no en la ejecución de sus acciones perversas.

Además, la política configura el registro más fiel del pulso de la realidad profunda de esta sociedad extremadamente débil y exultante en su enorme desorden anímico. Lo que es aprovechado por esta serie de figuras manipuladoras, que hacen de esta antigua y respetada profesión helénica, no una carrera que incluye golpes de sacrificio, sino golpes de suerte y las mejores trampas posibles. La cultura política del país se ha reducido a unas cuantas actividades serviles para ganar el favor de los más hábiles mitómanos que medran con el poder o en otras que terminan en el suicidio social.   

Por ende, la actualidad continuamente supera nuestras dotes de discernimiento. Sólo de esa manera podemos ser testigos de las acciones más descabelladas que realizan personajes que desean ganar aceptación: un anciano y empresario radial en busca de la poderosa silla; un ex reo y ex presidente corrupto con ansias de más lucro personal; un caudillo militar devenido en supremo trasnochado soñando con la perpetuidad de su mandato; y una plétora de gandules con complejo camaleónico que  transforman su presencia en un hecho impreciso. Ahí tenemos a nuestros Tom Sawyer modernos versión nacional.

Excelentes elementos para la materia ficcional en una era cuando el mundo en que vivimos es un azoro para la escasa imaginación, pues estos actos inexplicables, lo son aún más cuando se trata de describirlos como verosímiles y necesarios para quienes creen en ellos. Y ante la interrogación que desea más que explicaciones, los protagonistas políticos tratan de pintar su locura mostrando el aspecto que tiene, no explicando cómo se les produjo. No hay lugar para la comprensión, sólo para la aceptación tergiversada.

Es aquí donde entran politólogos, escritores, profesionales y antiguos guerrilleros, que han dedicado miles de páginas en diarios y libros, donde tratan de acercarse no al hecho político como tal, pues para ellos éste ha dejado de tener importancia en su sentido estricto, sino a la personalidad de los protagonistas. Se trata ahora de ridiculizar, y destruir imágenes a través de una guerra discursiva que desea encontrar el consentimiento y la coparticipación de los lectores pasivos.

Es decir, en lugar de aprovechar espacios valiosos para contribuir a que esta época sea menos confusa y caótica, para refinar la razón de las personas, utilizan la devoción ideológica propia para crear más polarización política. Echémosle un vistazo a los artículos publicados en los periódicos durante este año: se verá que no hay uno solo en que se perciba a un observador y partícipe de la cultura nacional, donde la política es una forma más de esta cultura, pero no la más importante.

El circo político, estoy seguro, no interesa al hombre que vive en un lugar particular, en una época dada y con problemas específicos. Suficiente tiene con sobrevivir un día en este mundo junto a su familia. Mejor sería convertir a estos hombres ordinarios y anodinos, que en nuestro país conforman la clase política, en personajes de novelas. Pues ésta desempeña un papel valioso y singular en la vida de nuestro tiempo como factor de evolución del pensamiento. De esa manera serían más digeribles las posturas y los ataques que envilecen a unos y otros a través de otra forma de presentación de la escritura.

“Ya no hay nada singular bajo la luna”, exclamaba la Cleopatra del drama shakespereano. Pero nosotros sí tenemos una raza sui generis de políticos capaz de hacernos abandonar los discursos áridos y titubeantes de la arenga ideológica por la prosa imaginativa. Tenemos los personajes, tenemos las acciones, sólo falta dibujar el marco. Nuestra política es más una materia de ficción que un terreno para el método ensayístico. Hay que avanzar hacia nuevas formas que interesen a los lectores, a quienes nos debemos.

leslinicaragua@hotmail.com

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