• Mar. 31, 2008, 3 p.m.
El más sensato que conocí en esta categoría de héroe gratuito fue uno, ya se sabe, inventado en las historietas: Batman. El famoso encapuchado es Bruce Wayne, un millonario excéntrico y aburrido de la Ciudad Gótica, la tristemente celebre urbe con aires medievales cuya sociedad enferma es el caldo de cultivo perfecto para los peores villanos urbanos de la historia.

Ahí vive a gusto el hombre murciélago, rompiendo rostros y pateando traseros. Compensa así, con las palizas a los malos, la millonada que debe costarle al ayuntamiento la reparación de los desastres incurridos en pos de la justicia, cuando desbarata edificios y explota la ciudad en una lucha contra el mal.

Al menos no cobra un centavo por sus trajes de calzoncillos metálicos, ni exige un seguro de vida multimillonario (por los riesgos que debe significar luchar contra el Pingüino o contra el Guasón).

Con sus millones de dólares heredados de sus padres muertos, Batman se ha bastado él solo junto a su mayordomo fiel, Alfred, para luchar por la justicia sin recursos de nadie. En su profundo desequilibrio mesiánico, y para granjearse él mismo el mérito para ser honrado por la triste ciudad en que le tocó vivir, el superhéroe ha gastado millones en su surtido abanico de armas contra el crimen.

Los cielos opacos de la ciudad atestiguan esto con el emblema de murciélago luminoso que se refleja en la noche, cuando los indefensos ciudadanos tienen un problema y les falta el héroe que les resuelva la crisis.

Creado como figura de comics por Bob Kane en 1939, no se sabe a la fecha, si alguna vez Batman ha exigido a la alcaldía de Ciudad Gótica el combustible para movilizar el bati-móvil o si ha recibido por debajera alguna coima para no triturar a villano alguno que goce de la simpatía de algún poderoso amigo suyo, porque al final Bruce Wayne es un hombre rico y debe vivir entre intereses afines para mantener la lucha de Batman por la justicia.

Si no fuera así ¿Quién le financiaría los artilugios de maravilla que emplea en su lucha por la paz y contra el crimen? ¿Sería Batman en condición de pobreza un héroe ejemplar o estaría trabajando para el criminal millonario que le pague alto por sus habilidades?

El caso es que el tipo hace lo suyo y, a cómo quiero decir, aunque sea un absurdo invento de DC Comics., parece no cobrar un céntimo para combatir a los enemigos de Ciudad Gótica que, a como se nos ha vendido, están bien identificados con trajes vistosos y toda la parafernalia que se acostumbra entre los viles de esas latitudes.

Dejemos ese sitio lúgubre que es ciudad Gótica y trasladémonos a otro lugar menos oscuro pero igual de enfermo donde se necesitan héroes cada día: Nicaragua, tierra Caótica.

Aquí también hay villanos como aquellos que combate el hombre murciélago. Si bien no hay Pingüinos ni Acertijos, si hay políticos y funcionarios públicos, mucho más malignos, más voraces y más dañinos que aquellos, pero aunque sin la originalidad, la inteligencia y la dignidad de villanos de los malos de Ciudad Gótica.

Porque hasta para ser villano se nota cierta dignidad, aunque enfermiza a ojos de los analistas de todo-cosa-social. Así vemos el caso de un villano digno y honesto que le dice a sus conciudadanos: señores, yo soy el malo y mi misión es acabarlos y hacerles la vida imposible. ¡Pum! Lección de cinismo y honestidad.

No se esconde el infame enemigo social en el ropaje del superhéroe, ni oculta su insana misión de destruir la sociedad. Es la mancha blanca en la bandera negra y como tal, hará de todo por ganarse el desprecio social, el miedo popular y darse la oportunidad de conquistar la atención de Batman y trompearse con él, en la búsqueda del prestigio que debe significar sopapear a un miembro de la élite de la liga de superhéroes míticos de la cultura estadounidense.

Dicho de otro modo, “allá” están bien definidos los enemigos y los héroes: Batman con sus ridículos calzoncillos metálicos por fuera y los villanos con sus huestes de trajes multicolores y tretas diabólicas. Nadie se confunde en Ciudad Gótica entre quién es quién.

Aquí, en Ciudad Caótica, si hay confusión. Después de verlos mucho tiempo por la tevé, destacando sus altruistas luchas por la sociedad, exaltando sus méritos de salvadores públicos de la pobreza de Nicaragua, uno espera que los héroes locales con todo y sus faltas de la glamour hagan lo mismo que Batman: patear traseros (en sentido figurado) y salvar al desvalido ciudadano víctima de la corrupción y el crimen.

Al final, aunque ya se sabe que el cerebro está alienado por tanta basura de tevé y uno termina añorando que haya realidades distintas a las fantasías del cine, cabe en toda persona sana una imperiosa necesidad de ver un ídolo, de encontrar un superhéroe con poderes extraordinarios capaces de salvar a la población del mundo cruel de los villanos.

Y justo cuando ya algunos ingenuos como yo empezamos a creer que ese encapuchado puede existir aquí (claro, sin los superpoderes y sin capa y sin cuerpo atlético), surge el villano que sí existe y nos revela con toda brutalidad la realidad: este Batman que ustedes exaltan es un corrupto.

Su bati-móvil es financiado por el partido de gobierno. El combustible que usa se lo exige por debajera a los diputados de la Asamblea Nacional; las armas y artilugios del cinturón le cuestan caro al erario y para colmo, el héroe es selectivo a la hora de aplicar justicia y no patea con la misma rabia pública a este banquero mafioso a como si lo hace con el pobre Guasón, quien sólo quería un trabajo decente como cómico (eso fue antes de caer en la tina de ácido que le transfiguró el rostro y lo volvió loco).

¿Cómo están las cosas en Ciudad Caótica? La semana pasada el diputado Mario Valle denunció que en marzo, la administración de la Asamblea Nacional entregó 320 litros adicionales de combustible a los diputados en general. Esto es una cuota extra de más de 86 galones de combustible adicional a los 200 que reciben mes a mes los diputados.

Nada de sorprendente tendría el anuncio si uno no supiera que en la Asamblea se congrega la mayor cantidad de villanos criollos que, en números, superarían 20 a 1 a los malos de Ciudad Gótica.

Lo sorprendente del caso, y es lo que más indigna a los tontos como yo, es que quienes venían haciendo de héroes, anunciando la lucha por el fin de la maldad en esta sociedad, aparecen con hechos que dejarían estupefacto y confundido a Batman: “¿Este es amigo o enemigo?”, se preguntaría el encapuchado ante el honorable diputado.

Según la denuncia de Valle, quien fue un inicial héroe del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) que no resistió el llamado de Lord Darth Vader para pasarse al Lado Oscuro de la Fuerza, un reconocido líder de la oposición liberal del ALN y sus antiguos camaradas del MRS exigieron más combustible y más dinero para continuar su lucha contra el Mal.

Ubicando las cosas: el líder de la ALN es conocido en el mundo de lo comics como Súper Ratón y se había postulado con buen suceso como el abanderado de la lucha contra la corrupción, institucionalizada y legalizada gracias a la Alianza Maligna de los villanos Tamalón y Disparate.

Y los camaradas del MRS en la Asamblea, por su propia voluntad y con sutiles simpatías de los enemigos de la Alianza Maligna, lanzaban con bonito respaldo sus pataditas y trompones contra los enemigos del Pueblo, ganándose uno que otro aplauso y vivas de una sociedad ya hondamente marcada por la desconfianza hacia la clase política.

Según la denuncia del diputado, sus antiguos colegas del MRS firmaron un acta en donde se comprometieron a que la mitad de sus salarios y los beneficios que reciben como diputados los destinarían a ayudar a la población. No lo hicieron.

Igual ocurre con el Súper Ratón y su legión de seguidores en la Asamblea, cuyos nombres aparecen en un listado, con firmas y cédulas de identidad, pidiendo y recibiendo los cupones de combustible extra, sin detenerse a pensar que cada gota del volátil líquido le cuesta mucho dinero a la golpeadísima economía nicaragüense, y mucho menos, sin atreverse a regresar la innoble regalía.

Si acaso les sirve de consuelo a estos nuevos-viejos anti-héroes de la Asamblea Nacional --me refiero a los MRS y ALN que se decían luchadores de un nuevo orden social en Nicaragua, porque del PLC y FSLN ya nada puedo esperar--, no están solitarios en su bien ejecutado papel del mundo de las caricaturas: todos los diputados, villanos y héroes, se quitaron las máscaras y se recetaron el aumento de combustible adicional a su cuota ya establecida de 760 litros mensuales.

Y como para que no quepa duda de que no sólo Batman tiene sus propias y sofisticadas armas de supervivencia en su cinturón, los diputados de Ciudad Caótica muestran que de la bolsa pública también pueden salir muchas armas “para su lucha”, como el pago de un carísimo seguro de vida internacional desembolsado por el Estado, que incluye una indemnización de un millón de dólares con la garantía por escrito de que si el legislador se enferma o se lesiona en su violenta lucha contra el Mal, un avión-hospital del mismísimo Estados Unidos vendría a traerlo.

Además, héroes y villanos se recetan 400 mil córdobas anuales de los que no rinden cuentas; dos pases para introducir vehículos de lujo libres de impuestos y asignaciones para fundaciones y organismos no gubernamentales de allegados suyos.

¿Qué dijeron los buenos y malos de la película ante semejante infamia en la que fueron descubiertos? Que la lucha contra el mal tiene un alto costo económico. Que sin combustible cómo diablos correría por las calles llena de basura de la Ciudad Caótica el bati-móvil y que de dónde saldrían las armas para combatir al Guasón.

Algún mal golpe habrán recibido los honorables héroes en su lucha contra el mal, que les causó amnesia al responder a las críticas por sus excesos y olvidarse de contar bien el cuento, incluyendo aquella parte de que mientras Batman trabaja hasta de noche para salvar a Ciudad Gótica de los malos y se paga su propia lucha, ellos solo sesiona tres días a la semana, cinco horas al día, ganan miles de dólares y por si fuera poco, se pelean de mentiras con el enemigo y hasta aceptan, por unos dólares más, convertirse en el enemigo mismo.

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