• Mayo 19, 2011, media noche

Meses atrás tuve que visitar varias farmacias en búsqueda de mis condones “preferidos”, sin éxito. Tampoco quiero hacer publicidad gratuita, así que dejémoslo en “esa marca con un soldado que viste armadura”. Me detengo en el detalle de la marca para que no crean que tengo gustos estrafalarios, también para hacer honor a mi fama de redundante.

Algo no funciona cuando en 5 farmacias de la capital sólo hay una marca de condones, aunque tengan presentación de sabor chocolate, fresa y tutifruti. “¿Y por qué no hay de los otros condones?” -pregunté en la 3era farmacia-. “Parece que se venció el permiso de importación” –me respondió la vendedora-.

No era la primera vez que me pasaba algo así. Un año antes había desaparecido del mercado el antialérgico que uso con cierta regularidad, así que tuve que gastar en una cita médica para que me indicaran un sustituto. Luego me tocó sobreponerme al correspondiente sentimiento de pérdida y traición a esa marca cuyo nombre “suena al aire mismo”.

Decía, que si esto pasa hay un problema. Una de dos, o los que están encargados de hacer estos trámites de permisos de importación son los profesionales menos eficientes que se te puedan venir a la mente, o, simplemente a la gente le vale un pepino, tanto al que da el permiso, como al que distribuye el producto. Como dije en mi blog recientemente, a los nicas nos gusta crear teorías de conspiración, así que al ver una sola marca de condones en todas las farmacias pensé en una: debe ser el monopolio de la planificación familiar en Nicaragua.

Llevo algún tiempo pensando también que las personas que se encargan de comprar inventario en las tiendas de ropa deberían de cursar algún tipo de taller o diplomado. Alguno pensará que esto no tiene “ciencia”, y me imagino que quien piensa eso tiene el mismo peinado desde la secundaria, cuestión de gustos.

El asunto es que, llegar a comprar a una tienda de esas que celebran la santificación de Juan Pablo II es en realidad un acto de Fe. “Una Fe ciega”, para ponerle más amarillismo a la frase. El inventario de las tiendas es una constante repetición de colores, estilos y tallas. Yo no soy de los que siguen las últimas colecciones de algún diseñador con apellido que pronunciado en francés se oye sexy y enredado, pero me parece increíble que aquí los estilos y colores sean los mismos todos los años.

Lo bueno de que haya poca variedad es que si ya te decidiste por tu estilo, y por ejemplo, se te luyó el pantalón, pues no hay falla, vas y te compras el mismo, seguro todavía “lo traen”. Ya se sabe, en la variedad está el gusto… pero aquí parecen pensar que hay cierta tranquilidad en la rutina.

Para leer más sobre el autor puede visitar www.periodistaenpijama.com

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