• Mayo 3, 2011, media noche

 

 

La juventud alrededor del mundo, desde Medio Oriente y España hasta Nicaragua, se está moviendo y diciendo, como aquel célebre poema de Carlos Martínez Rivas: “la juventud no tiene donde reposar la cabeza/su pecho es como el mar/como el mar que no duerme, ni de día, ni de noche”. Los jóvenes de este siglo quieren algo que aún no existe. Saben lo que no quieren, pero aún no encuentran la fórmula de lo que está por venir. Y eso no está nada mal. El cambio es un engendro que toma forma a través de un proceso de prueba y error. No es posible esperar a que todas las fórmulas den la respuesta perfecta. La sociedad no opera como las matemáticas. Hay demasiadas variables. Sin embargo, lo que está quedando claro en este mundo en que vivimos, es que, tanto las formaciones tradicionalmente consideradas “democráticas” como esos intermediarios entre el poder y la población que son los partidos políticos, han dejado de responder a sus propósitos fundacionales y requieren de una re-ingeniería profunda.

No se trata, como han creído algunos, de sustituir la democracia por el cacareado “socialismo del siglo XXI” donde uno o varios próceres-caudillos, regresan al pasado de las dictaduras benévolas del populismo- llamándolas esta vez “revoluciones”. Se trata de las posibilidades que nuestro siglo ofrece para radicalizar la democracia y que una población más involucrada a nivel territorial y municipal, con su cotidiano vivir, pudiese ejercer una labor fiscalizadora tenaz sobre sus recursos, sus impuestos, la ayuda exterior que no es más que el sudor de otros trabajadores que sus gobiernos administran.  La democracia burguesa ha logrado, sin duda, logros. Ateniéndonos al principio de no negar el pasado, sino mejorarlo, hay que admitir que las instituciones del estado: los parlamentos, las cortes, la justicia, los organismos de control de los poderes, la prensa, juegan un papel importante en el necesario balance que debe existir entre gobernantes y gobernados. Es por eso que en Nicaragua, llaman derechistas a quienes defendemos valores semejantes, porque lo que quisiera nuestro actual gobierno es acabar de una vez por todas con esa incómoda intermediación y control de instituciones independientes sobre el estado. Pero una cosa está clara: ejercer el poder absoluto en nombre del pueblo NO es democrático, ni es poder ciudadano: es una usurpación. Y si este gobierno nos ha usurpado el poder y los otros antes de éste nos usurparon también de otra forma, la solución no está en lo menos peor o en el que dispone de sustanciales cantidades de dinero para “regalar” beneficios a costa de los venezolanos pobres, la solución es poder tener gobiernos ABIERTOS, SIN SECRETOS, gobiernos que sean EMPLEADOS del pueblo, y no gobernantes ególatras, que rehúsan contestar preguntas y dar cuentas claras de sus actos, altos tiliches sentados en tarimas, tomando agua embotellada importada, y con aire acondicionados portátiles.

Marx, de quien se dicen herederos y cuyo único ejercicio democrático fue la Comuna de París, donde los funcionarios eran rotativos y sujetos de inmediata defenestración popular,  se hubiese mofado de sus re-elecciones y pretensiones. Igual hubiese hecho de ver tanto partido negociando cargos bajo la mesa a cambio de casillas electorales, de prebendas; tanto ser deleznable enriqueciéndose en un país miserable donde la mayoría gana menos de 40 córdobas al día.

Los jóvenes, que tienen el corazón aún limpio y la mirada clara, y además tienen, sea en ciber cafés, sea en sus casas, acceso a las noticias y acontecimientos del ancho mundo, recogen los sentimientos de asco y rebelión que, en los 70, dieron al traste con Nixon, la guerra de Viet Nam, el Sha de Persia y Anastasio Somoza.  

Por el momento, quizás no sepan más que salir a la calle, acampar, hasta pasarla bien y reírse escribiendo mantas, haciendo consignas anti-todo, pero su rebeldía es una señal del futuro, es una luz en esta oscuridad. Son ellos los que tienen por delante la formulación de nuevas maneras de ser ciudadano, nuevas maneras de participar, nuevas maneras de mejorar la democracia imperfecta que hemos heredado. Probarán y se equivocarán aquí y allá, pero estoy convencida que vienen cargados de dinamita y que demolerán este edificio tambaleante y feo en que se han convertido los sueños de los que, después de todo, hicieron posible que ellos emergieran con las ganas de construir otro futuro.
Así es la evolución. Así ha avanzado desde siempre la humanidad.

31 de Marzo, 2011

 

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