• Jun. 1, 2011, media noche

Cuando el Dictador Anastasio Somaza Debayle y dos compinches más decidieron hacer negocios con la topografía de Managua tras el terremoto de 1972, clausuraron su debastado centro y proyectaron el resurgir de la ciudad hacia el este y el oeste (para las clases media-bajas); y hacia el sur (para la clase alta).

El resultado de esa decisión fue una ciudad esparcida, que con el tiempo se dibujó caótica y básicamente sin posibilidades de ser recorrida a pie o en bicicletas. Habría que incurrir en gastos para desplazarse: tomar un bus, un raid, un taxi, o poseer un auto para moverse de arriba a abajo, del sur al lago y apropiarse de sus mémicas ecuaciones. Ello le dio a Managua una geometría vaginal que si bien la impregnó de erotismo, creó desorientación entre una virginidad sin posmemoria.

Managua se configuró dactilmente con las formas de una vagina en eclosión. Un Monte de Venus que es Tipitapa, orillado de zonas francas que circunscriben su parte de arriba. Luego, el prepucio del clitoris, ese aeropuerto, frontera aérea que destila aromas de deseos para ir, llegar o reencontrarse. Lágrimas y risas migratorias, desconsuelos vacasionales o frenesís con negocios de moral caprichosa.

Sus labios menores son una hecatombre de asentamientos dispersos poblados de lamidos desconsuelos que aún esperan algún Programa de Calles para el Pueblo con sistema de aguas negras que los saque del anonimato.

Sus labios mayores son siempre protocolo, placas amarillas, credenciales de inmunidad o apellidos S.A. que habitan colinas sureñas donde en sus pantres descansan vinos de cosecha 2007, jamones serranos, quesos gorgonzola, dressing italiano, tailandés o frescos sembrillos de albahaca en el jardín lateral de la cocina. En los labios mayores habita la decencia, una zona al margen de ese sudado concepto llamado Pueblo por el que reciben mensualmente un cheque superior de 2 mil 500 dólares para civilizarlo.

El orificio vaginal es una zona verde. Lo podríamos visualizar esficíficamente entre el viejo centro de una Managua inexistente y Bolonia, ambos constituyen el nido de la clase política que se asienta y justifica en medio de las cosas pasadas y futuras, en medio de la confiscasión y las disculpas, en medio de la hechicería y la ingeniería; en medio de la manipulación, la estafa feminista, la desfachatez populista y la mediocridad opositora.

Su himen es Metrocentro, zona discreta y cuidadosamente delineada entre el ser y no ser; donde el catolicismo dialoga con la atrasada moda, donde la intención se ofrece en promociones de identidad dariana, sandinista, juvenil y heraldos de una publicidad que envenena con los promontorios senos de una Miss Nicaragua a la que se le ridiculiza con aerosol sus dientes para desengañarla.

Managua es como una vagina, de la cual me disgusta su caos, pero admito, me atrae su erotismo.

Del blog Jugados de Cegua http://emilapersola.blogspot.com/

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