• Abr. 9, 2008, 3:09 p.m.
Gracias al caso de la Chureca, Nicaragua ha sido noticia por un mes aproximadamente, debido al conflicto iniciado entre los pepenadores del barrio y los recolectores de la alcaldía por material reciclable, que al final se exporta a otros países centroamericanos. Los tranques, protestas y la participación especial del Movimiento Comunal hicieron de esta situación más delicada de lo que esperábamos, porque fueron los únicos que rechazaron los acuerdos con el alcalde Dionisio Marenco, sin tener parte en la trifulca. Este aspecto nos demostró, como en otras ocasiones, el eterno dilema entre la Alcaldía y el Gobierno. Nuestra basura fue trasladada a municipios cercanos a Managua; Ciudad Sandino y Nindirí, específicamente. Por todo esto, la situación nos invita a pensar, ¿qué tanto sabemos de este lugar, además del nombre y lo que contiene?

Pues bien, hace cuatro años visité la Chureca como parte del programa pastoral de mi escuela. La verdad, era la primera vez que mis pies estaban en un sitio como este y mis expectativas eran inmensas. Recuerdo que atravesamos casi toda Managua para llegar, y que llevábamos muchos  juguetes, piñatas, comida y muchas ganas de ir al preescolar comunitario donde nos esperaban por lo menos 80 niños. Al entrar, observé que había champas de todo tipo, principalmente de plástico negro y latas oxidadas, que rodeaban a un cerro enorme de basura en el cual estaban personas recogiendo lo  relativamente “valioso”  o “servible”,  junto a sus vecinos, los zopilotes. Recuerdo perfectamente también  cómo entraban camiones recolectores, repletos de todos nuestros desperdicios, de cómo los mataderos botan las tripas de animales y los pobladores del sector los recogen para freírlos y comerlos.

Al  llegar a la escuelita, la historia era diferente, porque los juegos y la alegría fueron a manos llenas. Talvez no me impactó mucho el cuadro ya descrito, pero sí la mirada de  unos niños no mayores de seis años, que fueron citados a nuestro encuentro por la organización parroquial del sector. Miradas inocentes, que para mí, desconocían mi mundo, mi ambiente. Una interrogante que yo había logrado responder, pero al revés, ¿que había después de mi espacio?, cosa que me hizo sentir la persona más feliz del universo, y a la vez, muy mal, por poseer lo poco que tengo. Una experiencia de vida, la cual seguramente no olvidaré nunca, y mis ojos menos.

De verdad, es lamentable la situación, pero creo que es el  momento indicado de hacer algo. He escuchado a muchas personas opinar  “los churequeros son un poco de pedigüeños que les gusta vivir de regalado, que no hacen nada ni nunca lo han hecho, por eso es que viven así”.  ¿Ustedes creen que es “bueno” vivir así? Un lugar que rara vez un presidente ha visitado, ni en campaña electoral. O que alguien lo deseara, expuesto a todo tipo de gérmenes, infecciones, bacterias, peligros, porque la delincuencia abunda. No es ignorable que hay familias y asentamientos, sin lugar a duda, que desearían estar en otro lado, ¿no?

Por otra parte, muchos opinan que lo mejor sería sacar a todos los pobladores del basurero, y es un arreglo razonable, pero no fácil, porque  se necesita unión, estrategias y voluntad de los segmentos involucrados, de nuestros gobernantes. Y aquí nadie hace nada. Es cuestión de oportunidades, de creer que en este país, claro que podemos hacer las cosas bien, empezando por nosotros.

Por eso digo que es bueno ayudar, pero mejor es visitar. Yo sé que hay muchos proyectos de beneficencia a este especial sector, sin embargo, recomiendo que las miradas de los niños se encuentren con las suyas, que su satisfacción sea total, porque hicieron la obra completa y para darse cuenta que la vida si vale la pena. También, para que sepamos que detrás de las imágenes y las notas informativas, por muy fastidiosas que parezca y nos agobien,  hay gente que nos necesitan, y talvez nosotros a ellos, para crecer más…y darnos cuenta de nuestra realidad como Managuas, y sobre todo como nicaragüenses.

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