• Jul. 27, 2011, media noche

Quisiera empezar con una advertencia. Tengo algunas semanas de no escribir, y es probable que ande muchas ideas desordenadas en mi cabeza. Me hace falta la pana que usaba Dumbledore para guardar sus pensamientos, pero intentaré que esta entrada no sea un arroz con mango, que por cierto, con curry de vegetales sabe rico.

A lo concreto. Hace unas semanas leí en el periódico sobre un canadiense a quien dispararon por robarle una laptop aquí en Managua. Al parecer él estaba afuera de su casa usando la computadora, alguien se bajó de una moto pistola en mano para robársela, y aunque el canadiense accedió a dársela, igual le dispararon. Más tarde murió en el hospital.

No es la primera vez que escribo sobre la inseguridad que vivimos a diario en “el país más seguro de Centroamérica”, pero hoy, más que apuntar el dedo hacia la Policía y otras instituciones del Estado, quisiera plantearles una autocrítica.

Resulta que el otro día una conocida me decía que necesitaba comprar una laptop, y un amigo de ella le había aconsejado que dejara de pensársela tanto, que él conocía a una persona que conseguía de todo a “buen precio”, bastaba una llamada y seguro “algo” tenía que le podía interesar.

Todo managüense (y nicaragüense) sabe que si pregunta a la persona indicada, se pueden conseguir laptops, iPhones, iPads, y demás “i” de segunda mano a precios “botados”. Y si bien estoy seguro que algunos de esos aparatos terminan en Nicaragua porque alguien los “importó” de Estados Unidos, porque ahí la gente cambia esas vainas cada año, no dejo de pensar que muchos de ellos tienen “dudosa” procedencia. Y cuando digo “dudosa” me refiero a aquellos aparatos que te venden con todo y fotografías de una familia celebrando unos quinceaños en el folder “My Pictures”.

Lo que ocurre es que cuando deseamos algo hacemos lo que sea para obtenerlo (y no me refiero a paz mundial, ni ninguna de esas cosas que sólo las aspirantes a misses parecen querer). Lo que sea, decía, incluyendo hacerse el sueco y no pensar en cosas incomodas como: ¿de dónde habrá salido esta laptop?, ¿de quién serán estas fotos de estas niñas con vestidos que parecen hechos de espumilla?, ¿cómo es posible que den tan barato esta compu?... y bueno, seguro ya entendieron el punto.

Pero esto de sufrir lapsus selectivos no sólo ocurre con aparatos tecnológicos. Sucede también con el hijo de un funcionario del gobierno pasado (cualquiera en la historia de Nicaragua), que gozaba de un excelente estilo de vida gracias al trabajo bien remunerado y los negocitos por debajo que hacía su papá, y ahora resulta indignado, y con una gran úlcera de la arrechura, por lo que llama “abusos” en el gobierno del momento (ídem).

Y es que cuando las cosas aparecen mágicamente como por generación espontánea, no parece haber necesidad de preguntarse ¿de dónde vienen?. Ya se sabe, la ignorancia es bendita.

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