Una de las dudas que tuve desde que surgió el movimiento del 15M, hace más de dos meses, era si esos miles de jóvenes “indignados” iban a ser capaces de provocar cambios en el sistema político y económico español desde afuera de los estamentos de la política tradicional. Y sobre todo si la clase política podría gestionar ese profundo descontento sin que hubiese un atisbo de oportunismo electoral de por medio. En ese momento entendía que la única manera de lograr esa transformación del sistema que demandaban los jóvenes era desde los partidos políticos representados en el parlamento nacional.
Creía que la única solución a la inconformidad social era trasladar esas demandas al parlamento, a través de la participación de algunos de los miembros del movimiento en una sesión del Congreso. La otra alternativa era una ruptura total del sistema, lo cual no veía claro.
Sin embargo, consideraba ilógico que esa gente a quienes los jóvenes rechazaban como sus representantes, y a quienes acusaban de haber traicionado los intereses del pueblo y de entregarse a los mercados, fueran a gestionar ese sentimiento de indignación contra ellos mismo, pues era como pedirle a una madre que en un juicio declarara en contra de sus hijos. Cuan equivocado estaba de la realidad!
Han pasado más de dos meses desde aquella manifestación del 15 de mayo que reunió a miles de “indignados” en todas las plazas españolas y desencadenó en una serie de movilizaciones y protestas que continúan hasta la fecha. Hoy puedo decir con certeza de que otra forma de hacer política es posible y que los indignados de España lo han demostrado.
Un modelo de civismo y de demanda social que ha trascendido fronteras, y que podría servir de inspiración a otras sociedades donde la democracia y la participación ciudadana son todavía incipientes.
Una publicación reciente del semanario británico “The Economist”, destaca que los jóvenes del 15M están empezando a conseguir algunas victorias al colar algunas de sus propuestas en el Gobierno, el Congreso de los Diputados y en las promesas de campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba, candidato socialista a las elecciones generales.
Según el semanario conservador, la propuesta de reforma electoral- una de las principales demandas de los indignados por el tema de la representatividad parlamentaria- que hizo Rubalcaba es una clara concesión del candidato al movimiento; Así como la de pedir que una parte de los beneficios económicos de los bancos vayan destinados a ayudar a crear empleos - el principal problema de los españoles- .Las últimas cifras indican que más de cinco millones de personas se encuentran sin un puesto de trabajo, crisis que parece por ahora no tener fin y que afecta principalmente a los jóvenes.
En esa misma línea el Consejo de Ministro ha impuesto límites al dinero que las entidades financieras puedan reclamar a los hipotecados morosos y el Congreso ha aprobado una ley de trasparencia en la información pública, reclamos que el movimiento venía demandando desde su nacimiento.
Las acciones más acertadas del movimiento 15M y que ha generado probablemente más aceptación en la ciudadanía ha sido la paralización de desahucios en varias ciudades españolas.
Y es que esa simpatía y respeto de los ciudadanos con los indignados del 15M lo refleja una encuesta publicada hace algunas semanas por Metroscopia, un instituto español que mide el pulso de algunos asuntos sociales y políticos, donde se confirma que la mayoría de la población española (81%) está de acuerdo con el movimiento, ya que estos tratan problemas que afectan a la población.
Hay que recordar también el apoyo explícito que dio a los indignados Rosalía Mera, la mujer más rica de España. Ella dijo entender la inconformidad de los jóvenes que acamparon durante varios días en distintas plazas céntricas de España, ante los altos niveles de corrupción que existe en el sector público-privado del país.
Otras de las personas que han apoyado al movimiento ha sido el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, quien recientemente compartió por más de diez minutos con los jóvenes que participaban en el primer congreso social del 15M celebrado en el parque del Retiro, en Madrid.
Los logros que han conseguido estos jóvenes en tan corto tiempo son solamente una pequeña parte de unas demandas muchos más ambiciosas, que requieren necesariamente un cambio de modelo social. Sin embargo, está por verse si éstos lo conseguirán o sus propuestas se morirán con el tiempo. De momento creo que están vivas y fuertes.
*El autor es periodista
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