• Jul. 10, 2011, media noche

“Esto le pudo haber pasado a cualquier ciudadano común, y posiblemente hubiese resultado un muerto porque hubo balas, me imagino que cuando él se baja lo reconocieron, pero pudo haber pasado cualquier cosa". Luciano García, concejal conservador, ALMA.

Así dijo Chanito García al Canal 2, respecto del incidente del periodista Eduardo Enríquez. Se habla del periodista, como ubicado por encima del bien y del mal, en un nicho privilegiado, lejos del “ciudadano común y corriente”. Bien, Enríquez es un periodista y también un “ciudadano común” y tan “corriente”, como cualquiera.

A nadie se le ocurre “competir” con una caravana de escoltas, a menos que se crea lo que piensa de sí mismo y asuma como verdad lo dicho por García, que por el solo hecho de trabajar en “x” parte, ello signifique alguna prerrogativa.  
 
El ser editor del diario “La Prensa” no significa ser Editor de “La Gaceta”, Diario Oficial de Nicaragua, ni mucho menos de la Constitución Política de Nicaragua. Y, aunque existiese tal cargo, “todos somos iguales ante la Ley”.

A veces, resultan desmesuradas y apresuradas las apreciaciones sobre un hecho, y al final, se llega hasta la hipérbole de ir subiendo la escala sin que nadie, ninguno de los consultados sobre el episodio, volviera a amarrar el   globo a los hechos, para no caer en la ligereza de estar especulando sobre un segundo Jean Paul Genie que logró “sobrevivir a la terrible dictadura”.  

Primero de Agosto

Todo esto no ocurrió en cualquier fecha. Comencemos por algo tan sencillo: el día era uno de los más desaforados del calendario en Managua, y ya no digamos la noche. Era la de un Primero de Agosto.

El propio Enríquez, en sus declaraciones, a poco de ser dejado en libertad, y tras aceptar la ingesta de licor, parecía apenado con el rumbo que iban tomando las cosas, casi declarándole en vida un frustrado mártir.

Al escuchar tantas declaraciones de candidatos presidenciales, analistas, partidos, organismos de derechos humanos, leer el titular de su periódico, etc., Enríquez parecía comprometido a asumir el personaje que se había creado entre la noche del Primero y la mañana del 2 de agosto, y la verdad, no pudo interpretar bien su papel, porque sabía que él mismo, paradoja del destino, era una víctima del absurdo mediático.  

En Nicaragua debemos bajar estas calenturas políticas en todas las bandas. Aquí se habló desde persecución, acción intimidante, libertad de expresión amenazada, que la Aminta haga una investigación exhaustiva, y poco faltó para integrar una comisión para ir al Congreso de los Estados Unidos a exigir justicia.

Dos elementos a tomar en cuenta: 1) el periodista es un ser común y corriente, aunque edite la Carta Magna, las Máximas de Confucio o medite en las memorias de Ronald Reagan. Es tan común como un ingeniero agrícola, un médico,  un abogado o un comerciante del Mercado Oriental.

2) Hay que apartar los hechos realmente “comunes” y sobre todo “corrientes” como echarse unos cuantos tragos un Primero de Agosto y lo que puede derivarse de ello, y no confundir a la opinión pública, agregándole la ficción política de una trama contra un “periodista crítico”.     
La caravana

En cuanto a la caravana vehicular, debe haber un procedimiento sobre su desplazamiento, pero una escolta de ese tipo puede resultar en un momento tan peligrosa como una buena parte de conductores de buses que irrespetan cotidianamente las señales de tránsito y las más elementales normas de cortesía, exponiendo la vida de muchos “ciudadanos comunes y corrientes”. Estos son hechos “comunes”, no políticos.

En el caso aludido, el disparo nunca debió ocurrir. Las autoridades están para persuadir, no para agredir, y la acción de un efectivo o grupo especializado, tampoco representa a toda una institución.

Textulia: A propósito de la edición de las máximas de Confusio, el filósofo chino recomienda: “Pensad antes de obrar, y no comencéis nada sin haber consultado las circunstancias bien a fondo.”

 

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