• Ago. 3, 2011, media noche

Los dibujos elaborados con cartulinas, acuarelas y chimbombas de diversos tonos adornaban la pizarra como pretendiendo recordar que Nicaragua es un país multicultural, donde debe existir igualdad de derechos humanos para todos, sin discriminación alguna. Pero lo que más llamaba la atención era ver aquellas miradas inocentes que denotaban esperanzas, sueños, deseos por ver una sociedad sin violencia. Cada niña, niño, adolescentes y mujeres mantenían activamente el diálogo con la alta delegación de Amnistía Internacional (AI), en el Centro Dos Generaciones. Cualquiera que hubiera estado presente jamás pensaría que detrás de cada uno de esos rostros sonrientes hay una historia de violencia.

La mutación del llanto por la alegría; del grito por el diálogo; del golpe por el abrazo; de la inseguridad por el empoderamiento no ha sido un proceso gratuito como comentó en voz baja una de las mujeres presentes, sino que ha sido el resultado del proceso de acompañamiento y protección infantil que realizan las más de 50 organizaciones de la sociedad civil que trabajan a favor de la niñez y adolescencia. Un proceso que implica programas de reinserción social, políticas de protección especial integral, atención psicológica, defensoría social, con la salvedad que nada de esto sería posible sin la existencia del Código de la Niñez y la Adolescencia (CNA). Un instrumento jurídico cuya suerte se encuentra en el seno de la Asamblea Nacional.

En realidad las voces que estaban compartiendo su situación frente a frente ante la delegación de Amnistía Internacional, eran sujetos privilegiados, puesto que cada uno de estos testimonios representaba la voz de miles de niñas, niños, adolescentes y mujeres de cada rincón de Nicaragua, en zonas donde el acceso a la justicia prácticamente les ha sido negado.

En cada una de estas historias se vía retratada la situación de los derechos humanos de la niñez y adolescencia; y además confirmaba los hallazgos del más reciente informe Estado Mundial de la Infancia 2011 de Unicef, La Adolescencia Una época de oportunidades el cual destaca que el trabajo infantil, el matrimonio precoz, la inscripción del nacimiento y la violencia doméstica son los principales desafíos que debe asumir el Estado nicaragüense para restituir parte de los derechos humanos para este segmento poblacional.

¿Tendrá repercusiones positivas la visita de Amnistía Internacional en materia de derechos humanos? Aunque se desconocen los alcances y compromisos que asumirá el Estado ante este organismo, lo cierto que igual que este grupo de niñas, niños, adolescentes y mujeres, muchos nicaragüenses que han sido víctimas de violencia cifran sus esperanzas en organismos con este kilataje a nivel internacional para que el Estado reaccione antes sus demandas.

La presencia de esta delegación en el país ocurre en un contexto de elecciones presidenciales y dónde la gestión del presidente Ortega está por concluir. A su vez esta visita constituye un espaldarazo para las expresiones de la sociedad civil y medios de comunicación autónomos quienes han venido sistemáticamente denunciando la falta de inversión en políticas sociales efectivas para erradicar el trabajo infantil en sus peores condiciones, abuso sexual, violencia domestica, femenicidio.

AI se encuentra frente a un Estado que hasta ahora no ha atendido las recomendaciones más sensibles en materia de Derechos Humanos ni de parte de los organismos nacionales ni de Naciones Unidas. La penalización del aborto terapéutico, la política de ‘persecución’ y ‘hostigamiento’ que han denunciado a organismos de la sociedad civil y la violación de la libertad de expresión contra medios de comunicación y periodistas, son materias en las que el Estado representado por el presidente Ortega está aplazado.

La visita de Amnistía Internacional constituye vientos de esperanzas en materia de derechos humanos, sobre todo cuando los funcionarios de este prestigioso organismo internacional, han dicho que las personas víctimas de abuso sexual ‘no están solos’ y que pedirán ‘cosas puntuales a los políticos’. Aunque la moneda todavía está al aire, cada uno de estos funcionarios deben valorar entre el discurso y la realidad del Estado. Irónicamente mientras en el parlamento se promueva una ley a favor de las mujeres, la penalización del aborto es un tema que no cabe en esta iniciativa. Tampoco es un asunto que interesa a los actuales aspirantes a la silla presidencial.

Luego que los funcionarios de AI han conocido el testimonio de violencia representado por este grupo de niños, niñas, adolescente y mujeres, ojala hagan eco de esta situación ante los diversos actores políticos y tomadores de decisión. Amnistía Internacional no debe pasar por alto que cada uno de éstos rostros -víctimas de violencia- han puesto sus esperanzas en ellos, para ver si en esta ocasión obtienen resultados claros y precisos del Estado. Esperamos que la presencia de Amnistía internacional tenga un rol activo; y el Estado haga eco de estos planteamientos en una materia tan sensible como son los derechos humanos.

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