• Abr. 11, 2008, 2:43 p.m.
 “Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”, dijo una vez Pablo Neruda, uno de mis escritores de poesía favoritos. Desgraciadamente sigo esperando ver reflejada esta ciudad de justicia y dignidad en mi país.

En esta sociedad, existe tanta corrupción, intolerancia e irresponsabilidad, que es difícil mantener viva la esperanza de un futuro mejor, de un mañana lleno de oportunidades que tantas veces nos han prometido los políticos y dirigentes religiosos del país.

¿Qué pasa con la sociedad nicaragüense?; pregunto esto porque me es increíble ver como un pueblo de historia revolucionaria se queda de brazos cruzados viendo tantas injusticias y violaciones a los derechos humanos. Con esto no quiero decir que sea hora de tomar armas y derramar más sangre de la que ya nuestro pueblo ha derramado, sino empezar a ejercer presión, tomar conciencia que la responsabilidad sobre el rumbo de un país es bilateral, del pueblo y su gobierno.

Sé lo fácil que resulta llenarse la boca con estas palabras pues como decía el famoso pensador político francés Charles Montesquieu “es más fácil someter a un pueblo libre que liberar a un pueblo esclavo”, pero tengo fe que algún día las personas entenderán que cada uno es un agente de cambio y todos juntos transformaremos completamente nuestra podrida sociedad.

Fue por esto que decidí estudiar comunicación social, para contribuir a mejorar este mundo, porque deseo mantener viva esa esperanza, siendo un agente de cambio para esta sociedad que carga con la maldición de un infeliz pasado lleno de corrupción y violaciones a las libertades de sus ciudadanos, pero cada día me encuentro con que seguir este ideal, es más y más difícil.

Tanta poliquetería absurda, conflictos sin sentido, ignorancia y despreocupación, me llevan a creer que la loca no soy yo, sino el mundo.

Sé que no tengo la autoridad moral para referirme a esto, soy una joven de esas que los adultos tanto critican, una presa más del consumismo desmedido que nos invade y bombardea con anuncios vistosos todos los días, que nos orilla a practicar el  llamado malinchismo como algo natural, sin embargo quiero demostrar que las cosas pueden cambiar, probarles a las generaciones anteriores que aún queda viva la llama revolucionaria que ellos en su juventud defendieron sin descanso.

Probablemente al expresar estas ideas, pensarán que soy una idealista soñadora, un intento de poeta y periodista, dos mundos que se consideran totalmente distintos. Pero aunque sé que debo mantenerme a raya, limitarme a transmitir la información, manejarme siempre con imparcialidad y ética, como hace todo buen periodista; no puedo evitar desear escribir unas cuantas líneas de reflexión, de aliento, unas cuantas líneas de consuelo para compartir la esperanza que aún hoy, a pesar de todo, sigue viva dentro de mí.
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