• Ago. 12, 2011, media noche

A aquellos que esperan leer a continuación alguna cátedra de economía, les digo lo que les digo a todos cuando me hacen preguntas que incluyen números: “por algo estudié comunicación social, donde la única clase que llevamos de matemática fue estadística”, y debo confesar que tampoco aprendí mucho en ella.

De un tiempo para acá, más específicamente desde que trabajo por mi cuenta, me he venido percatando que el valor de mi trabajo se ha venido devaluando. Siempre que uno envía una cotización, le sigue una petición de rebaja, la cual a veces incluso viene acompañada de una amenaza: “bueno, sino podés ofrecerlo más barato, hay varias personas sin trabajo que seguro lo harán por menos”. A lo que usualmente uno accede, aún sabiendo que el trabajo no vale eso, ni siquiera seguro si ese precio cubrirá todos los gastos que implica “x” proyecto.

Y a partir de ahí, una cadena de cosas. Como a mí me piden que cotice bajo, entonces a quienes subcontrate también tendré que pedirles que bajen sus honorarios, haciéndole también la misma amenaza si es necesario, aún sabiendo que esto puede ocasionar que la calidad del producto no sea la mejor.

A continuación pasan dos cosas: 1. lo que decía, la calidad no es la misma, quien crea que con menos recursos uno puede hacer algo de mejor calidad, pues debe haber estudiado economía o administración en alguna escuela de magos, algunos debo decir parece que sí, ya ves cómo de repente desaparecen millones de dólares como los quiebra bancos de Nicaragua u otros países, pero ese es otro asunto.

2. Llega un momento en que la mala paga se convierte en excusa para hacer mal un trabajo o brindar un servicio de mala calidad. Ya he escuchado (incluso yo también lo he dicho), decir cosas como: “sí, atienden de mala gana, pero entendelos hom, es que vos sabes, con lo poco que le pagan debe ser difícil poner buena cara”.

Y la cosa evoluciona hasta llegar a la devaluación de valores, que es cuando, por ejemplo, un policía de tránsito te detiene por hacer una mala maniobra y en algún punto de la conversación te dice “ayudémonos mutuamente” o “tal vez me da para la gaseosita”, y como se presupone que ganan poco uno aprovecha la oportunidad.

El asunto es que todos estamos cómodos con esta devaluación, siempre y cuando no nos afecte mucho. Y así, el que acepta hacer un trabajo por menos piensa que quizás la próxima vez “va a desquitar” lo que perdió; el cliente de la próxima vez sigue pensando exactamente lo mismo que el cliente anterior; y el policía va a seguir ganando lo mismo que gana ahora. Y de alguna manera todo parece funcionar, cosas de la economía.

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