• Ago. 16, 2011, media noche

Marco Rubio y otro senador, “se mostraron poco convencidos de que Farrar tuviera la firmeza necesaria para responder al presidente Daniel Ortega”. Farrar "llegó a la conclusión de que tenía que ser menos agresivo para caerle mejor al gobierno de Cuba, por eso vimos ocasiones en que estaba invitando a oficiales del régimen castrista a la Sección de Intereses a reunirse con él, pero no invitaba a disidentes, que se han quejado repetidamente de su función", dijo Rubio en junio. (Agencias, Washington).

I

Las elecciones del 2001 y 2006 ya no son ninguna pintura fresca que nos manchen de las pasiones de esos años. Recordemos: la campaña y sus resultados finales, nunca fueron una solemne “fiesta cívica”, como se les trató de disfrazar a estas perturbaciones nacionales. A lo sumo fueron un millonario bailes de máscaras.

Durante las cuatro jornadas electorales desde los 90, hubo poca o nula convicción por los valores propios de la democracia, tan así que nuestros “demócratas”, por ejemplo, saludan golpes de Estado como si fueran hermosas hazañas patrióticas, declaran héroes a sus insensatos ejecutores y hasta hacen romerías a Tegucigalpa para abrazarse con el “héroe”. Son los mismos que buscan como manager al embajador de turno, sólo que una Casa Blanca en manos del Partido Demócrata es más responsable como para clonar otro Oliver Garza, por ejemplo.

II
En las elecciones referidas, tanto era la “fiesta cívica”, que un empresario televisivo les dijo a sus periodistas y camarógrafos, que si ganaba el Frente, él se iba con sus tiliches a El Salvador. Forzar el voto de un subordinado laboral, creyendo que la conciencia del trabajador es parte del inventario junto con los mueble y las máquinas, ¿es ser demócrata? Los pequeños dictadores abundan en ciertas empresas y son los peores enemigos de esa misma democracia que proclaman del diente al set de TV.

Para ceñirnos a la verdad, en esas elecciones nunca privó un interés nacional químicamente puro, donde los contendientes echaran manos de sus propios recursos y propuestas y la gente escogiera el plan de gobierno más idóneo.

El FSLN debió, en estas oportunidades, no sólo enfrentarse al Partido Liberal Constitucionalista, como corresponde en una democracia de verdad, sino, en primer lugar, a una embajada.

Como si fuera poco, el candidato contó con todo el respaldo de la Iglesia Católica, el alto clero; es decir, la contienda política no fue de tarima contra tarima, sino de tarima Vs. púlpito, partido contra parroquia.

Además, en la justa electoral también el FSLN debía enfrentar al empresariado organizado, como el caso de Don TV, y hasta el “refuerzo” de políticos extranjeros como el ex presidente Armando Calderón Sol, promoviendo a “su” candidato.

III
Recientemente, escuché a un periodista “demócrata”  decir campantemente, que para su gusto, Robert Callahan había desempeñado un débil papel, esto a propósito de que el anunciado relevo, Jonathan Farrar, no había cumplido en La Habana las expectativas no de los Estados Unidos, sino de los cubanos radicales de Miami.     

A menos de un mes de las elecciones del 2001 y 11 años después de la salida del FSLN del poder, el embajador Oliver Garza, según despacho de la France Presse, de repente “se acordó” de pedir al candidato Daniel Ortega, devolver las propiedades "robadas'' durante la revolución (1979-1990).  Dice el cable de octubre 18: “Las declaraciones fueron hechas durante la entrega de ayuda a campesinos pobres en el norte del país, donde coincidió con el candidato del oficialista Partido Liberal Constitucionalista (PLC, derecha), Enrique Bolaños”.  

Hay que ver que un fraude no sólo significa alterar actas electorales en el día de las votaciones, sino la inducción sistemática desde plataformas agresivas a lo largo de una campaña. Forzar un voto desde una Embajada, desde la Cúpula empresarial, desde el Altar, al final tiene el mismo efecto de un timo. En las democracias no se dicta el voto.

Si vamos a hablar de democracia, hablémoslo en serio. A estas alturas, no caben las rasgadas de vestiduras del tuerto. ¿Cuántas voces “demócratas” hicieron mutis, cuando Garza repartía sus ´techos solidarios´ de entonces con el candidato oficial y cuántas hoy hacen alharaca, cuando ven al Cardenal --- es nicaragüense--- distribuyendo láminas de zinc? Tuerta democracia.  

IV
Deberíamos revisar el término democracia, porque muchas palabras se han desgastado de uno y otro lado, en boca de los políticos, perdiendo hasta su alma. La democracia que se ha vendido en nuestro país se tronchó por la visión de los grupos dominantes que se sucedieron desde el fin de la Colonia. Toda una cultura de autoritarismo que nos contamina hasta hoy y de la cual, en verdad, todos los conglomerados políticos y los ciudadanos comunes y corrientes, incluidos los que retan caravanas policiales, deberíamos exorcizarnos.

Construir la democracia en Nicaragua no será obra de un solo partido, sino de todos, incluido el Frente Sandinista. Que te gusta, que no me gusta, el odio nunca fue un correctivo para sacar a flote una sociedad. La democracia es inclusiva, y hay que romper el mito de que sólo desde la más rancia derecha o siguiendo el guión del republicano Marco Rubio, Senador Junior de La Florida, se puede ser demócrata.  

No es ninguna falsedad decir que a veces quienes más vociferan reclamando el  Estado de Derecho, las libertades civiles y la igualdad ante la Ley, son los más grandes dictadores en sus propios espacios de poder. No debemos hacernos de la vista gorda: las demagogias a pequeña escala existen, como el caso del empresario que amenazaba a sus empleados con salir del aire y dejarlos flotando, mientras se iba a otro país a gozar en tierra firme de la fortuna sacada de los lomos de ellos.

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