• Ago. 19, 2011, media noche

 

Cuando era alumna del colegio de La Asunción y estaba en primer año, recuerdo como si fuera hoy, el día en que una compañera de clase, delgadita, chelita y de ojos rasgados pues tenía familia china, se levantó como una flechade su pupitre recién después que salió la monja del aula, tomó un trozo de tiza y escribió en la pizarra: JUVENTUD QUE NO ES REBELDE ES JUVENTUD VENCIDA.

Esto debe haber sido, si mal no recuerdo, allá a principios de los años sesenta. Las pocas que quedábamos en el aula, nos quedamos viendo fascinadas lo que hacía. “Vamos, muchachas –nos dijo- vamos a escribirlo en más pizarrones”.  Con la adrenalina corriéndonos por las venas, pero sin dudar ni de lo que había escrito, ni de que aquello era un acto de desafío, la seguimos al tercer piso y fuimos poniéndolo en varios pizarrones. Sabíamos que nos causaría problemas, pero estábamos todas contagiadas por la idea de hacer algo que nos permitía llevar un poco del sentimiento que respirábamos en el país, al interior de los muros de ese colegio donde nada de lo que sucedía fuera de su sacrosanto espacio, se colaba hacia dentro.

Aquel fue el primer acto rebelde de mi vida y me dejó un sabor dulce para siempre en la memoria. No recuerdo exactamente qué pasó con las monjas. Creo que nos llamaron a la oficina de la Madre Superiora para averiguar quienes eran las responsables o la responsable del asunto y que ninguna denunció a las demás, pero, como digo, apenas recuerdo si se tomaron o no medidas disciplinarias. Lo que sí sé es que los letreros siguieron apareciendo y que para mí fue una experiencia que me reveló un rasgo propio que desconocía: la capacidad de rebelión y el gozo de usar mi libertad para afirmar una posición política de manera pública, a pesar del riesgo que ello significara.

Las recientes actividades de organizaciones juveniles en Nicaragua que disienten con el régimen actual, son una luz de esperanza en el panorama político estancado y a menudo deprimente de nuestro país. Los muchachos de Nicaragua 2.0, de Rejudín y otros grupos que, haciendo gala de gran creatividad y atrevimiento valiente, se han manifestado públicamente para dejar sentado su desacuerdo con las aberraciones que el gobierno quiere forzarnos a aceptar a punta de decretos amañados o disposiciones de facto, están salvándonos a todos la dignidad y demostrando que la impotencia y el silencio no son el único camino que, como ciudadanos tenemos frente a cuanto sucede.  

Con el mismo ímpetu con que, en tiempos de Somoza, líderes estudiantiles se lanzaron en medio del estadio, arriesgándose a los golpes de la guardia, para desplegar una enorme manta con el letrero: ¡Basta Ya!, estos jóvenes de hoy despliegan mantas, se toman puentes, se arriesgan a los golpes de grupos protegidos por la inmunidad de su afiliación partidaria, y siguen creativamente apareciendo para denunciar la impunidad y la corrupción gubernamental.

Ya muchos de ellos han sufrido palizas despiadadas y llevan cicatrices producto de quienes. empoderados por la impunidad y la indiferencia policial, los han atacado brutalmente. Pero continúan porque saben que el miedo no conduce más que a la pérdida de la conciencia, y que no se puede perder el alma sólo para salvar el cuerpo. Y tienen razón. Mientras a los muchachos de la Juventud Danielista, su partido los hace montar guardia día y noche en los puentes para evitar que estos otros los utilicen para poner mantas y hacer denuncias, los jóvenes de estas organizaciones, se las ingenian para abrir espacios y seguir en sus protestas.

Es reconfortante verlos y saber que existen. ¡Sigan muchachos que ustedes sí son los herederos de Leonel Rugama, y de todos aquellos que creyeron en el valor inconmensurable de una juventud rebelde que no acepta darse por vencida!
¡Y eso del Cepillo de Oro, estuvo genial!

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus