• Abr. 14, 2008, 8:29 a.m.
Hospitales y centros de salud sucios y malolientes, donde los pacientes siguen saliendo sólo con recetas. Y qué decir de la infraestructura hospitalaria: en Managua y resto del país ya dio su vida útil.

Una receta despachada por cada siete pacientes atendidos. El ochenta por ciento del presupuesto para Salud se queda en salarios para los trabajadores y menos del cinco por ciento es destinado para medicinas.

El panorama es más sombrío aun cuando los trabajadores de la Salud atienden sin condiciones y bajo la presión que ejerce la oficialista Federación de Trabajadores de la Salud, Fetsalud. Ésa es parte de la triste realidad del actual Sistema de Salud Público de Nicaragua.

Ésa es la realidad que el ministro de salud, don Guillermo González, no quiere que aparezca reflejada en los medios de comunicación.

Aunque en su discurso el gobierno pregone como una de sus grandes reivindicaciones sociales la gratuidad de la salud, lo cierto es que en casi año y medio de administración, no es mucho, por no decir nada, lo que ha mejorado el acceso a los servicios que ofrece el Minsa.

Para muestra un botón: la compra de medicinas en los últimos tres años se ha reducido a la mínima expresión. En 2006 se gastaron 25 millones de dólares en medicinas y material de reposición periódica, eso se traduce a una inversión en salud de 4.85 dólares al año por persona.

En 2007, aumentó a 26 millones de dólares. Pero según el Presupuesto General de la República, este año se disminuyó a 24 millones, que son 4.6 dólares por persona para salud, es decir, menos de 90 córdobas por persona para todo un año.

“Eso no te da ni para las aspirinas del mes”, decía en una reciente comparecencia Ana Quiroz, coordinadora del Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud, Cisas.

El aumento de los costos de las medicinas está siendo resentido aun en los países no tercermundistas, como el nuestro. Precisamente, hace algunos meses en la reunión del Consejo de Ministros de Salud de Centroamérica, Comisca, se planteó como una alternativa la compra conjunta de medicamentos para que los costos disminuyeran.

Inclusive, se planteó que dadas las facilidades del canal de Panamá, quedara este país como sede de este programa de compras, sin embargo, la propuesta no pasó a más.

Por otro lado, el control que ejerce el Ministerio de Fomento Industria y Comercio, Mific, no es tan eficiente, precisamente por la aplastante presión que ejercen los distribuidores. La displicencia y burocracia de las instituciones del Estado, al final, vienen a repercutir en la población.

Es fácil decir en un slogan publicitario que hay salud y medicinas para todos. Pero la realidad nos dice que el gasto privado en medicinas en Nicaragua es 10 veces más alto que el gasto público. Y cada año esta cifra ha disminuido considerablemente. No podemos dejar de decir esto, señor ministro.

Pero además, las medicinas en las farmacias aumentan de precio cada mes, los sindicatos presionan más por salarios y mejores condiciones de trabajo, y la población se vive quejando de la pésima calidad de atención que reciben.

En los hospitales no se trata con dignidad a las personas. A más de un año de gestión de las actuales autoridades, sigue siendo un drama llegar a una unidad de Salud.

Por más que pregone el ministro la cacareada, pero nada efectiva “jornada de trato digno al paciente”, esta campaña ha quedado sólo en el discurso.

A inicios de este año el Minsa presentó como su gran logro el incremento de las cirugías programadas y las consultas externas en 2007 con relación a 2006, sin embargo, se olvidan que ese año el sistema atravesó por una huelga de seis meses, en los que se dejó de atender a la población.

No es justo comparar un año de huelga en cuanto a cirugías y consultas, cuando, además, han contado con el apoyo de un Movimiento Médico Sandinista, que vale reconocer, hace una labor encomiable en las comunidades en las que no llegan los servicios de salud, aunque esto sea sacrificando a la misma población, pues las medicinas que dejan de dar en los hospitales de referencia nacional de Managua terminan “regalándolas” los médicos sandinistas.

A “Memo”, como le conocen sus amigos, no le ha caído nada bien que EL NUEVO DIARIO publique en sus páginas que hay represión hacia los sindicatos independientes, que ha ordenado el despido de al menos 180 trabajadores desde que asumió la titularidad del Minsa.

Que sus colegas del gremio médico Pro Salario le hayan enviado 10 cartas solicitando una reunión y no haya sido capaz de responder a una; que cuando este servidor le hace una pregunta, simplemente da la espalda, como si no fuera un funcionario que recibe su jugoso salario a través de nuestros impuestos.

Esta semana el mismo González admitió que el Minsa es incapaz de dar cobertura a la población pobre de Nicaragua. Prácticamente dijo que quienes padecían de enfermedades que el Minsa “no estaba priorizando” estaban condenados a morir.

Y qué decir de la infraestructura. Deja mucho que desear. No hay hospital que haya sido renovado en los últimos 35 años. El próximo hospital a construirse se hará en 2009, y con fondos del gobierno de Japón. Y en honor a la verdad tengo que decir que el proyecto lo dejó “servido en bandeja” el gobierno Bolaños.

Don Guillermo se ha molestado porque en este rotativo publicamos las justas demandas de sus colegas médicos. Los facultativos lograron a pulso que se aprobara en la Asamblea Nacional una ley que obliga al gobierno a equiparar en los próximos cinco años sus salarios con el resto de países de Centroamérica.

Aunque no es única la responsabilidad del Minsa, lo cierto es que las otras estructuras de gobierno que les corresponde intervenir brillan por su ausencia, por inoperancia, cobardía, o qué sé yo.

Dado que las amenazas a mi integridad física y la abierta violación a mis derechos humanos se ha dado a conocer a la población, hago un abierto llamado para que se termine la demagogia y no sigamos engañando a la población, hay que atender a la gente con lo que se tiene y con la verdad.

En 2007, el Minsa manejó un presupuesto de un poco más de 160 millones de dólares, para 5.5 millones de habitantes. Ese mismo año Panamá dispuso un presupuesto de 800 millones de dólares para tres millones de personas. De eso hablamos cuando un país invierte en salud.

Y si esgrime como argumento que los canaleros son muy grandes para nosotros, puedo mencionar entonces que nuestros vecinos hondureños el año pasado invirtieron 70 dólares para la salud de cada uno de sus habitantes. Nicaragua apenas llegó a 23.

No se enferme señor ministro. Los cargos públicos son tan transitorios que hoy estará en el Minsa y mañana quién sabe dónde, sino recuerde a su antecesora, la doctora Maritza Cuan, quien de un día para otro cayó en desgracia con la pareja presidencial.

Hacer periodismo no es hacer propaganda. Tampoco puede acusarme de no ser objetivo cuando en EL NUEVO DIARIO le hemos dado cobertura y hemos publicado las jornadas de los médicos sandinistas, el anuncio de la jornada nacional de vacunación, entre otros temas que podríamos seguir mencionando.
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