• Sept. 13, 2011, media noche

Un puntito oculto en el espacio corona el centro de América
Color esperanza que sube hasta las montañas y baja hasta los llanos
Rey humilde de Amerrisque, hijo prolijo de la tierra de Yarrince y de Darío
Topografía peculiar que hace de Boaco una ciudad muy singular

Orgullo escondido entre madroños, robles, nancites y jocotes
Y subibajas agrestes de maizales, avispas y zacatales
Frescura de mañanas de sol que trae vientos vespertinos
Que invitan a sentarse en la acera para quitarse la pereza
Después de una siesta, saboreando un café negro con rosquillas

Pueblo dueño de sueños y de la luna gigantesca
Que detrás de la iglesia se alza deslumbrando a los paseantes
Que se sientan en el parque a compartir cuentos y risas
Mientras el faro solitario alumbra y fantasea con tocar el cielo

Calles tapizadas de cuadritos que huelen a tierra mojada
Cuando la torrencial lluvia se entremete en sus fisuras
Provocando ganas de quedarse acurrucado en la casa
Cuanto daría yo hoy por sentir ese olor y ese frío
Que antaño embrujaba la ciudad y hacía con vapor su vestidura

Casas coloridas que se rebelan a la acción de la gravedad
Aparentan estructura horizontal y sin embargo al entrar
Descubres pasillos,  sótanos y azoteas con toda naturalidad
Balanceándose en piedras canteras ingeniosamente cinceladas

Aceras abismales al final de las casas que te dejan de repente
Con el corazón en la boca y obligan a la gente a caminar
Por el medio de la calle y a los conductores a hacer malabares
Aceras desde donde los niños hacen clavados hacia la calle
Y resultan ilesos gracias a  las alas de sus ángeles particulares

Cuando escucho a alguien preguntar: ¿Vos crees que soy de Boaco?
Orgullosa y nostálgica yo respondo, si fueras de Boaco como yo
Ni siquiera lo preguntarías, lo afirmarías sin preguntar
Porque solo quien es de Boaco, sabe el orgullo que se siente
Decir, soy de Boaco, lugar mágico donde todos queremos regresar

Donde el que va siempre vuelve en busca de otra oportunidad
De subir y de bajar por el cielo adoquinado y conversar con la gente
Que franca se ríe y goza de las anécdotas provocadas
Por un personaje especial que todo el mundo conoce

Y donde todo el que llega encuentra calor amigo
Que te ofrece un platillo y algún trago que no ha de faltar
Y donde el que se va se lleva el recuerdo amable
De su gente cálida que te abre las puertas de su casa y su corazón

Boaco, pueblo de encantadores, tu tiempo nunca pasa en tu espacio
Tu virtud de encantar persevera y me mantiene amarrada
Por el cordón umbilical como hija atada a la madre tierra
No importando la distancia, ni los años que esté fuera
Adonde quiera que vaya llevo conmigo tu nombre
Y tu corazón como bandera, Boaco, mi pueblo natal!

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