• Sept. 17, 2011, media noche

Todo comenzó con la sonrisa de un gato cuyo cuerpo desaparecía.

O mejor dicho todo comenzó en el año 1968, cuando los franceses, indignados, pedían la renuncia de Charles de Gaulle, mientras El Ché pernoctaba eternamente en un cuchitril Boliviano y Fidel Castro se pronunciaba en contra de la invasión Soviética en Checoslovaquia.

Porque no era la sonrisa del gato Victoriano o de la nymphet Alicia lo que veía , sino el documental del inigualable Chris Marker. El título original del documental es Le fond de l'air est rouge o El fondo del aire es rojo y consiste de un montaje impresionante de videos olvidados que juntos decantan el enfrentamiento entre la utopía febril y el escarnio estatal de este año tan central en la historia de la luchas sociales.



Absorto veía a un piloto norteamericano narrar el funcionamiento del napalm desde las alturas de Vietnam mientras a lo lejos se escuchaban los gritos de inversionistas en Wall Street cantando en unísono: Bomb Hanoi! Bomb Hanoi! Bomb Hanoi! La sombra de una niña envuelta en llamas se desfiguraba a lo lejos cuando me sonó el celular. Mi amigo me invitaba a su casa a tomar unas cervezas y a escuchar un poco de música. Le dije que llevaría mi computadora para que me pasara un poco de su extensa colección. Colgué, en la tele Fidel se desparramaba en una campiña Cubana y hablaba de la importancia de unificar la insurrección guerrillera con los partidos de izquierda.

Mi error fue pasar por el Supermercado a comprar unas cervezas. Regresé a mi carro con un 12-pack de Victorias y mi computadora ya no estaba. El llavín había sido forzado y la puerta de atrás estaba abierta. "Para que no sonara la alarma," pensé. Me acordé de todos mis archivos, de mi novela casi terminada, de las fotos... en fin, de todo lo que preocupa a los burgueses high-tech y de todo lo que había perdido por mi descuido. Hablar con los guardias del Supermercado fue inútil. Llamé a la policía, el operador se limitó a decir algo similar a "entonces es un chapeo..." y luego colgó.

Regresé a mi casa cundido de sombras. Consulté el diccionario a la antigua (abriendo el tomo incunable, levantando las hendiduras de cada letra, hasta llegar a la "C", luego la "H") y me di cuenta que un "chapeo" es un sombrero y que la etimología viene del francés chapeau. Hasta mis propias desgracias investigo, me dije y sombrereado aventé el tomo ya raudo.

Me duché, me tomé seis bichas y me rolié.   

 Luego se fue aclarando la imagen de "El Peca," y "El Pirrurris, ladrones de computadora que se las llevan a "El Sabio," alias de Carlos Dominguez, dueño del tramo C-45-78-99 cerca del Campo Bruce, el cual atrae a los chapeadores con un rotulo decidor: "Soluciones CompuMundo S.A.: Compra y Venta de Celulares y Computadoras." Dominguez les dice que la computadora es un gran hallazgo y les da $150 en billetes de 500 Córdobas, billetes rosados que "El Peca" y "El Pirrurris" dividen en la comideria "Doña Nerys," propiedad de doña Nerys Sarmiento Colindres, madre de "El Peca." "El Pirrurris" se despide con un abrazo de su secuaz y llega hasta su cuarto alquilado en el barrio Hugo Chávez, sonriente con su botín de billetes nuevecitos, rosaditos, colorados, que ahora despliega para Elizabeth Rojas, "La Cintillo," su compañera de vida que acaricia su barriga de 7 meses y se ríe con las locuras de su amado, quien ahora reúne su fortuna y la deposita en un tarro de Avena Quaker, bailando al son de la radio que "La Cintillo" mantiene encendida todo el día, regalo de "El Pirrurris" en los días calenturientos de su corto noviazgo.

Pero todo esto es digresión. Porque para este Changarro Digital entre el bloguismo y el solipsismo solo existen digresiones. Al fin y al cabo es el solipsismo lo que atrapa: se convierte en el hilo conductor del blog, especialmente en un país en el cual la tecnología se encuentra en las manos de unos cuantos pudientes o en las manos de los cheles que vienen a tomar cacao en el Barceló.

Gran labor la de construir un Directorio de Blogs y la de celebrar la incipiente blogosgera nicaragüense. En fin, son menores los pecados de los Pecas y los Pirrurris en un país repleto de sátrapas y rechonchos voladores.

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