• Sept. 9, 2011, media noche

 

 

Como un buen sector de nicaragüenses. a medida que se acercan las elecciones, la pregunta de por quién votaré el 6 de Noviembre, va creciendo en mi mente con urgencia. El voto es algo personal y tendría que ser el producto de una reflexión seria. Después de todo estamos decidiendo no quién tiene la mejor canción o llena más las plazas si no quién se encargará del futuro del país en los próximos cinco años.

 

¿Cinco años, digo? Y de allí, mi primera reflexión: Si votara por Daniel Ortega, tengo que estar clara que no voto por alguien por cinco años. Ortega y su partido creen con su muy pública “fe cristiana y revolucionaria” que sólo ellos pueden manejar el país. Por eso Daniel pasó por encima de la Constitución para reelegirse. Por eso el Cmte. Tomás Borge, dijo: el FSLN se quedará en el poder a cualquier precio. Hay quienes piensan que su obcecación deriva del afán de poder, pero yo pienso que ese afán emana de una convicción aún más peligrosa: se creen indispensables, piensan que son los únicos que pueden salvarnos y que hacerlo es su divina misión. Basta oír los discursos del Presidente y la Primera Dama para darse cuenta de que en ellos no existe duda de que la familia Ortega está destinada a regir los destinos del país por el tiempo que sea necesario. Es una convicción mística, astral.  Y si Somoza tenía dos hijos, Daniel tiene ocho, más la Primera Dama.  Y toda la familia se está entrenando en el ejercicio y manejo del poder. Tal vez con las mejores intenciones, pero como dice el dicho: de buenas intenciones está pavimentado el camino del infierno.

Está visto en la historia que los dirigentes que se sienten ungidos para cumplir una misión y que consideran, como sucede con Ortega, que la misión es más importante y más grande que la necesidad de cumplir las leyes, respetar las instituciones y gobernar el tiempo que fue determinado por los estatutos del país, son peligrosos. No hay un solo caso que se salve. Un poder, sin nadie que lo controle, sin nadie que lo contenga, se vuelve absolutamente todopoderoso y quién lo detenta hace lo que quiere. Algunas cosas hará que sean buenas, ¿pero qué pasa cuando lo que hace es arbitrario? Al no haber balance de poderes, no hay quien defienda al ciudadano. Esa es la dictadura. Eso fueron los Somoza, para quienes no los conocieron.

Yo respeto y celebro las buenas cosas que ha hecho el gobierno de Ortega, y lucharé, como ciudadana,  porque los próximos gobiernos mantengan la educación gratis, la salud gratis para todos, las viviendas, los caminos, los buenos programas de apoyo a la mayoría pobre de este país, pero no votaré por Ortega.  Estoy convencida de que darle mi voto es concederle cinco años más para que enraíce su poder de tal manera que no quede institución neutra en el país: todas absolutamente responderán a sus órdenes; todas incluyendo el Ejército, la Policía. Si en cinco años casi lo ha logrado, en diez los ciudadanos estaremos con las manos totalmente atadas. En Nicaragua no se moverá nada que él no controle.  Yo sé que muchos jóvenes no nos creen cuando hablamos del Somocismo, pero yo que lo viví, no me engaño. Somoza también tenía programas sociales importantes y se consideraba progresista. Pero acabó siendo un sanguinario porque llegó a tener que defender su poder con uñas y dientes. El no se pensaba sanguinario, pensaba que defendía a su país de los sandino-comunistas.  La gente en el poder se justifica satanizando a quienes se le oponen: derechistas, culitos rosados, pro-imperialistas se llama a los contrincantes. En esencia se trata de lo mismo: quién se opone a mí, está equivocado, es malo y hay que silenciarlo. Y como el fin justifica los medios, lo neutralizo, lo destruyo. Eso es “Introducción a la Dictadura 1”, si se impartiera en la Universidad.  De manera que no votaré por Ortega porque si lo hago estaré votando por Ortega hoy, Ortega ayer, Ortega siempre, sea él de nuevo, ella o sus hijos. Y no se derramó tanta sangre para, a tan corto plazo, retornar a un pasado dinástico. Creo que nuestro pueblo merecería mejores elecciones que éstas y no que lo fuercen a escoger confites en el infierno

No votar por Ortega, por todas estas razones, significa que votaré por otra persona. ¿Por quién? He allí la pregunta. Admito que está difícil la elección para mí, porque el único candidato que como persona, o sea, simplemente como individuo, como ciudadano, considero que ha sido honesto y decente y  consecuente con su manera de pensar (que, admito, no es la mía) es Fabio Gadea Mantilla. Pero son varios mis problemas con esta escogencia; el primero es que yo he estado casi toda mi vida en la acera opuesta a la suya. No comulgo con muchas de sus ideas conservadoras, ni comulgo posiblemente con sus ideas de política exterior o sus concepciones económicas. Me preocupa francamente, viendo el récord de las administraciones liberales anteriores, que la suya vuelva a aplicar políticas de reducción del estado –que para mí es anatema en un país pobre- y que, de nuevo, cobren la educación o la salud o peor, las privaticen. Me preocupa el equipo que acompañará a Don Fabio. Mundo Jarquín es sin duda muy capaz, pero ¿quién será el equipo económico? ¿Cuál será su mentalidad?  En el aspecto positivo, pienso que Fabio Gadea no fue Pancho Madrigal por casualidad. Si pudo encarnar al campesino nicaragüense de la manera en que lo hizo, hasta convertirse en el programa más oído por ellos, es porque es capaz de pensar y de meterse en los zapatos de éstos. Que sea un hombre con la cualidad de la EMPATÍA, es algo que, en mi caso, cuenta mucho. Ser capaz de imaginar lo que sienten y piensan los demás es una gran cualidad para un Presidente. Pero él tiene su historia, entonces, me pregunto ¿será tolerante con su oposición? ¿Será capaz de lidiar con el Danielismo y darles la libertad para que existan como obliga la democracia? ¿Podrá evitar que lo cerquen y paralicen? No sé, pero sospecho que aún es posible que la Policía recupere su independencia y actúe de nuevo con profesionalismo; que es posible que la Asamblea recupere su función. Me gustaría saber cómo piensa Fabio organizar el estado, elegir los magistrados, ¿cómo nos garantizará que habrá diversidad democrática y honestidad, que no se llenarán sus filas de los mismos funcionarios corruptos de la era de Alemán? Sobre todo, como dije, me preocupa su propuesta para la mayoría pobre porque pienso que lo que se ha ganado, no puede perderse. Estoy llena de preguntas que aún nadie me responde o que no he oído, quizás.

Lo que me gusta de Fabio Gadea, sin embargo, es que sé que su llegada al poder pondría freno al proceso que se ha ido extendiendo por todo el cuerpo social del país y que pretende hacer creer a la población que hay una sola manera de gobernar que es justa y buena y que quién se le oponga es sapo, traidor y vende-patria. Creo que su gobierno se parecería al de Doña Violeta en el sentido de bajarle el gas a la intolerancia y de intentar reconstruir la institucionalidad perdida y el respeto a las leyes y a la Constitución.Es posible que abra la puerta para que quienes ejerzan los cargos públicos sean escogidos por sus capacidades, no por cuotas partidarias o amistad. En cuanto a la ayuda externa, creo que si le falta el dinero de Chávez, tendrá otra vez la cooperación de muchos gobiernos que se han marchado porque los han echado o les han hecho sentir que su ayuda es superflua y mal acogida. Lo mejor de él para mí  es que sé que no se reelegirá, ni nos dejará de Presidente a un hijo, hija o esposa. Después que maneje el país por cinco años Don Fabio nos lo dejará de nuevo abierto para que los nicaragüenses sigamos buscando mejores gobernantes. Y eso, debo confesar, es quizás lo único que puedo pedirle a la Patria y a mi conciencia en este momento: elegir a alguien que se vaya cuando termine su período, alguien honrado, decente, tolerante que ejemplarmente cumpla con las leyes y siga los dictados de nuestra Constitución, alguien que no me haga temer que la triste historia contra la cual me rebelé y luché, se vuelva a repetir.

Yo no estoy por el voto nulo. Pienso que todavía hay un resquicio por donde puede colarse en el país la conciencia ciudadana y la democracia. Creo que la fuerza de nuestros votos, la masividad de nuestro voto, puede ampliar ese resquicio y rasgar la iniquidad del fraude que, claramente, es la postrera alternativa maquiavélica del gobierno que tenemos.


Septiembre 23, 2001

 

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