• Sept. 9, 2011, media noche

Cuando en su sinceridad, equivocada o certera, el sacerdote Neguib Eslaquit aparecía en las tarimas bendiciendo al movimiento de Eduardo Montealegre, escribiéndole incluso acrósticos como el "Alegría, Libertad, Nicaraguanidad" (ALN); u oficiando misas al entonces presidente Enrique Bolaños,  ninguna voz de esas que hoy tanto reclaman su “obediencia a la pureza del Evangelio”, cuestionó su arriesgada manera de vivir la fe.

Eslaquit era una estrella en ascenso. Un joven cuyas ardientes intervenciones eran una bocanada de aire fresco que desde la Iglesia Católica oxigenaba al siempre atrofiado liderazgo político.

Se le permitía incluso imprimir su pensamiento en un diario conservador, y todos, teólogos laicos y ligths, la misma Conferencia Episcopal, exclamaban eufóricos como el recordado Sucre: “¡Neguib, muchacho loco, me vas a matar!”. Y sí, los “mataba”, pero del gusto: era el mejor campeón, libra por libra, en el ranking eclesiástico. Y “de los nuestros”. El destacado pensador, Andrés Pérez Baltodano, no se ocupaba aún del chico.  

Entonces, cuando saltaba del púlpito al estrado partidario, se le tomaba como un profeta; si decía que la Casilla 9 de ALN representaba los 9 frutos del Espíritu Santo, se trataba de un hombre preocupado por nuestro país. Se le amaba, y no sólo eso: se le promovía. Nadie pensaba mal del apasionado religioso.  

Un día, el líder espiritual de la comunidad Betania, de Dolores, seguramente después de un largo proceso de reflexión, porque también los campeones maduran, se vuelven más estilistas y con mayor cúmulo de experiencia, son más efectivos, pues ideay, el hombre empezó a cambiar el tono de su mensaje, a ver otros matices de la realidad y, desde la ortopraxis que ha mantenido, realizó ajustes a sus análisis y finalmente nos dio a conocer una nueva mirada hacia el FSLN.

¿Qué sucedió luego? ¡Ah, cura descarriado!, anda en campaña política, no representa a la Iglesia, “algo” debió haberle pasado. De un día para otro, la iglesia oficial le quitó su halo de santo varón, y Pérez Baltodano, casi un llanero solitario de la conciencia crítica en Nicaragua, no debió, por su alto calibre de pensador,  formar parte de este coro de tragicomedia griega, al comparar la barbarie nazi con nuestra realidad chapiolla a la que se refería Eslaquit.

El experto en derecho canónico por reconocer los programas sociales de la Administración Ortega, es descalificado con patéticas preguntas del tipo: “¿Cómo hubiese reaccionado Eslaquit frente a un Hitler que redujo el desempleo, de 5 millones de personas en 1933, a 2.15 millones en 1935… y qué del interés del Führer de patrocinar el auto (Wagen) del pueblo (Volsk), VolskWagen?”.

Lo que ha sucedido con el carismático predicador, es la misma vieja película que se echa a rodar en estos tiempos. No hay ningún estreno en la cartelera provinciana. Desde la otra esquina: ok, si estás conmigo, estás hablando del Reino de los Cielos, eres hombre de Dios, pío varón, profeta, etc. Si estás con el gobierno sandinista, eres agente del mal, que con tu “lógica”, si avalás a Ortega es lo mismo que justificar el holocausto judío. Incluso, en boca de uno de los obispos se afirma que hay “compra de conciencia”.

Si esto no es un verdadero acoso, ¿cómo se le podría llamar?

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