• Oct. 17, 2011, media noche

En fechas recientes circularon por El Nuevo Diario tres columnas de opinión que reflexionan sobre las opciones políticas de las próximas elecciones. En los tres casos, la pregunta motivadora es por quién votar. Quiero retomar algunos aspectos que me parecen relevantes y hacer de ellos el motivo de esta columna. Los textos de opinión son los siguientes: “Entre la espada y…” de Gioconda Belli; “La amnesia histórica de Gioconda Belli”, de Amaru Barahona; y “No hay por quién votar”, de Mónica López Baltodano.

El artículo de G. Belli alude al ‘peligro’ de votar por Daniel Ortega. La razón principal es que este voto significaría el apoyoal proceso de concentración de poder que el gobierno ha construido en este período. Votar por Ortega sería estimular el nacimiento de un nuevo proyecto dictatorial en el país. A pesar de afirmar que no coincide con el marco de valores morales, políticos y económicos de Fabio Gadea, la autora lo señala como la única opción viable, por encarnar valores como la ‘decencia’, ‘honestidad’ y ‘consecuencia’. Yo veo en la reflexión de Belli la continuidad de un voto negativo -voto por Pedro para que no llegue Juan- que ha estado presente en los procesos electorales de la democracia posconflicto. La paradoja de esto es que en 20 años nuestro sistema democrático no ha sido capaz de democratizarse. Los partidos políticos y las instituciones electorales siguen estando razonadas para evitar el surgimiento de opciones democráticas que operen en base a la calidad de sus argumentaciones y propicien una participación ciudadana orientada a los argumentos y temáticas de diferentes propuestas. La dinámica del voto antisandinista como motivación de elección política continúa presente. No voto por lo que quiero, sino por evitar aquello a lo que tengo miedo. Si antes era el servicio militar, ahora es la dictadura. El miedo aquí es el gran motivador de participación ciudadana. ¿Cómo le llamamos a una ciudadanía motivada por el miedo?

Amaru Barahona responde a Belli calificando sus juicios como una ‘amnesia histórica’ y su opción electoral como un ‘prejuicio de clase’. Critica un posible gobierno de Gadea a partir de una similitud con el gobierno de Violeta Barrios. Y señala tres puntos en los que el país retrocedería lo que ha avanzado con el gobierno actual. De estos tres yo quiero detenerme en el tercero. Barahona afirma que con Gadea el país retrocedería lo que ha caminado en términos de la consolidación de un Estado laico. Considero que similar ‘amnesia’ –término con el que alude a la actitud de Belli- tiene Barahona en esta afirmación. Olvida que una de las principales estrategias del Frente Sandinistaha sido pactar con un sector de la iglesia católica la penalización del aborto terapéutico. El FSLN ha preferido sacrificar la vida de sus ciudadanas, en aras de mantener el poder a través de la capitalización política del pensamiento religioso. El FSLN, en lugar de propiciar una ruptura con la preeminencia del pensamiento religioso en la política nicaragüense, la ha reforzado de una manera muy perversa. En un libro que invitó a varios investigadores a reflexionar sobre la pregunta ¿Qué queda de la revolución?(Puig, Close, 2009), Andrés PérezBaltodano argumenta cómo el FSLN pasó de la ‘utopía’ al ‘pragmatismo’ como su estrategia de capitalización política. No se trata de que el FLSN no tuvo otra alternativa para llegar a gobernar nuevamente en Nicaragua. Se trata de opciones racionales y estrategias de poder calculadas que hoy permiten ver a Miguel Obando en las tarimas sonriendo al escuchar las serviles letras de las canciones oficiales hacia su persona. Esta columna de Barahona representa el pensamiento de que ‘es mejor que gobierne el frente a que regrese la derecha’, gobierne como gobierne. Me pregunto nuevamente: ¿Qué calidad de ciudadanía propicia este pensamiento?

Aquí entra en escena la columna de Mónica López Baltodano. La leo como una respuesta crítica a las dos columnas anteriores. Su propuesta es: “No hay por quien votar”. La autora interpela o problematiza el comportamiento político del FSLN y la oposición política, y devela la manera en que la democracia electoral de Nicaragua es, cada cuatro años, más cínica. Justamente señala la ausencia de democracia en los procesos electorales en el país. Esto la motiva a llamar al ‘voto protesta’, esto es, un voto que manifieste su indignación frente a este tipo de democracia.

Desde hace unas semanas escribo todas las mañanas en google la frase, ‘si votar sirviera de algo, no nos dejarían votar’. Debo compartir que cada día encuentro más resultados, muchos más. Esta mañana, por ejemplo, encontré, 65,900 resultados. Me pregunto si es por que la ciudadanía que necesitamos construir no se encuentra en la que nos regala cada cuatro años la fantasía electoral.

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