• Abr. 21, 2008, 8 a.m.
Hace unos años en Las Américas 1, ubicada detrás del portón trasero de la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), se vivía tranquilamente, pero unos días atrás ha sido invadida por unos delincuentes adolescentes, en potencia, quienes se colocan en los puentes para asaltar a los transeúntes.

Sus cuerpos lánguidos, pero armados con cuchillos, adquieren valor y no la piensan dos veces para despojar de sus pertenencias a los pobladores que regresan cansados de sus trabajos o de sus centros de estudios.

Corren de un lado a otro, en medio de la carretera, lanzando piedras a  sus oponentes, sin importarles causar daños a las ventanas de los buses de la ruta 119, que van repletos de estudiantes de secundaria y universitarios; de taxis o de vehículos particulares que se encuentran aparcados a orillas de la vía.

Estos adolescentes no tienen escrúpulos, pues a la lista de víctima se suma, un niño de seis años, a quien le colocaron un cuchillo para despojarlo de un litro de gaseosas y del vuelto. ¿Y los derechos de este niño? ¿Qué problema psicológico quedó en esta criatura? ¿Quién responde?

No dudo que los afectados hayan llamado al *118, de la Policía Nacional, pero como son menores de edad, pienso que por eso ellos no acuden al llamado de los afectados, porque es “violatorio” detener a un menor.

Pero bien la Policía puede “atraparlos” y llevárselos a la puerta de su casa a sus familiares y advertirles del riesgo que corren si sigue en las mimas andanzas.

Y lo peor es que éstos jóvenes transgresores no viven en otros sectores de  Las Américas 1, sino que en el barrio Villa Austria, donde tras de una persecución infructuosa, por un ilícito cometido, se refugian en sus madrigueras.

 ¿Pero dónde están los organismos defensores de la Niñez? ¿Dónde están sus mamás que no ponen rienda a sus vástagos? Claro, hasta que un perjudicado de las víctimas toma la justicia con sus propias manos aparecen esos organismos y los familiares aduciendo que su hijo era un estudiante ejemplar.

Y recuerdo el caso de Juan Alejandro Flores Centeno, de 14 años, y miembro de la pandilla “La Cancha”, fue víctima mortal de la violencia vivida la noche del lunes en Villa Austria.

Aunque sus familiares admitieron que el menor nunca hizo caso a los concejos de los mayores, de no andar con malas compañías, él terminó pagando con su vida el error cometido.  

El joven tenía una vida por delante, pues cursaba primer año de secundaria en el Instituto Villa Austria, pero una bala le alcanzó su oreja derecha, luego de haber participado en un asalto a un taxista con otros amigos.

¿Será que este final es el que desean éstos jóvenes que se ponen en los puentes a asaltar? ¿Querrán que sus familiares sufran y los vean inertes en un ataúd?

Jóvenes transgresores están a tiempo de dejar las armas y retomar sus aspiraciones en la vida. La sociedad y sus familiares se los agradecerá.

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